ALEJANDRA STAMATEAS‏

Mensaje de Éxito del día 23/7/2012
¿Estás más gorda o es idea mía?
por Alejandra Stamateas

¿Estás más gorda o me parece a mí? Porque cuando te lo dicen, te lo dicen como que les da gusto, porque qué bueno que la otra esté gorda. Porque cuando la otra está gorda, no me hago problema por mi gordura. Y si la otra está gorda, me siento flaca. Entonces, cuando te dice, me parece que estás más gorda, ¿es cosa mía o estás más gordita?
Y te están como preguntando algo íntimo. ¿Qué pasó? ¿Te descontrolaste con la comida? ¿Anduviste comiendo, picoteando por ahí? ¿Algún problemita interno que estás más gordita? ¿No tenés control de tu vida que estás excedida de peso? Ese estás más gorda quiere decir mucho. No es solamente estás más gorda o me parece a mí.
Y vamos a ver cómo nos afecta la mirada de los demás. Vamos a Génesis 2:25. En ese tiempo, el hombre y la mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza.
Génesis 3:6-11,21, La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: –¿Dónde estás? El hombre contestó: –Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. –¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? –le preguntó Dios–. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió.
En la hoja que les entregamos van a ver la figura. El hombre tiene la figura de un hombre y la mujer la figura de una mujer, parte de adelante y parte de atrás. Lo que van a hacer es marcar en esa figura que supuestamente representa la tuya, todas las partes de tu cuerpo que no te gustan. Háganlo con sinceridad, eso les va a quedar para ustedes. No lo van a entregar.
Todo lo que no marcaste es lo que te gusta de tu cuerpo. Eso es lo bueno que tenés, lo que te gusta. Y eso es muy importante, porque  a veces hacemos el foco en lo que no nos gusta, pero no hacemos el foco en que hay aspectos en nuestro cuerpo que sí nos gustan.

Hay parte de nuestro cuerpo que sí nos gustan y tenemos que tener la habilidad, cada vez que nos miramos frente al espejo, de poner el foco en lo que sí nos gusta y no en lo que no nos gusta. Porque donde ponga el foco es cómo voy a vivir mi día. Si me levanta a la mañana y siempre miro eso que no me gusta, me amargo el día. Pero digo, voy a mirar hoy lo que sí me gusta, eso te alegra la vida.

Vamos a hablar de lo que no nos gusta. La imagen que tenemos de nuestro cuerpo siempre es falsa. La imagen que tenemos de nuestro cuerpo siempre es una imagen falsa. Porque miro mi cuerpo a través de las experiencias que tuve con mi cuerpo. Miro a mi cuerpo a través del amor o del odio que le tengo y vivo mi cuerpo o veo mi cuerpo de acuerdo a la voz de los demás, a lo que los demás me dijeron y me dicen acerca de mi cuerpo.

Les voy a mostrar algunos objetos, a ver si los recuerdan: un sifón, un chupetín Topolín que venía con sorpresa, un Toddy, una red para sujetar los ruleros, una tabla de lavar, un jabón Federal, un chocolate Jack con sorpresa.

Acá tenemos todos estos recuerdos. Cuando te voy mostrando cada uno de estos objetos, te trae un recuerdo. Muchas de ustedes pensaron en una abuela, en una tía, en una mamá, en una casa donde estaban estos objetos, en una experiencia. Y para vos cada uno de estos objetos te va a traer una emoción, puede ser buena o mala, positiva o negativa, te puede gustar o no te puede gusta recordar esto.

Tal vez te acordás del sifón y el día que tu papá se lo tiró a tu mamá, entonces para vos el sifón tiene un mal recuerdo. Tal vez te acordás de la tabla de lavar y pensás en tu mamá, cómo se sacrificaba por ustedes y todo lo que logró y lo que les pudo dar a ustedes, lavando acá la ropa, esforzándose con las várices y demás, y te trae un lindo recuerdo, porque ves el sacrificio que hizo tu madre, o tu abuela.

Tal vez el chocolate, o el chupetín te trae el recuerdo de algún momento cuando tus padres te regalaban algo, que te lo traían una vez por semana, o que era el dinero o las monedas que había juntado para ir al kiosco a comprarte esa golosina. O sea, todo nos trae emociones o positivas o negativas.

Pero el sifón, la tabla de lavar, es una tabla de lavar, no es buena ni es mala, el sifón no es ni lindo ni feo, es un sifón. El chocolate es un chocolate, el chupetín es un chupetín, los que les ponemos las emociones somos nosotros. Y así pasa con nuestro cuerpo. Cuando miramos nuestro cuerpo le ponemos tantas emociones, le ponemos tanta información que nos dan los demás con respecto a nuestro cuerpo que entonces la imagen que tenemos del cuerpo es emocional y siempre es falsa. La imagen nunca es la real.

Vamos a analizar un poco esto de la imagen afectiva. Siempre voy a ver mi cuerpo con los lentes deformantes. ¿Cómo me veo? De acuerdo a todo lo que proviene de mi cuerpo, me miro al espejo y cuando me miro, no miro solamente mi cuerpo físico, sino que también miro mi cara y cuando veo reflejada mi cara, veo un montón de cosas.

Cuando veo reflejada mi cara también estoy haciendo una observación de mi cuerpo, si es lindo o si es feo, si me pone contenta o no me pone contenta, los olores de mi cuerpo, los dolores que tiene mi cuerpo, mi voz, todo eso es mío y van formando mi imagen del cuerpo.

También todo lo que hablo acerca del cuerpo, todo lo que hablo acerca de mi vida, el lenguaje, lo que me digo, eso tiene que ver con mi historia. Mi cuerpo tiene una historia. He pasado por situaciones.

Tal vez de chica fuiste abusada, violada, te pegaban y tenés el recuerdo de que alguien quería trabajar tu interior para que fueras obediente, o para que fueras una persona disciplinada y lo que hacían era maltratar tu cuerpo y tu cuerpo sufrió todo ese dolor.

Esa es la historia de tu cuerpo, abortos, embarazos, operaciones, todo tu cuerpo tiene la historia de tu vida. Y también está compuesta esa imagen por todo lo que proviene del otro. Se dice que cuando nacemos, nuestros padres nos ponen un disfraz, el que les parece a ellos que tiene que ir con nosotros.

Por ejemplo, hay una mamá que el bebé recién nacido llora a cada rato y ella dice que eso es porque es muy activo. Por eso es llorón, porque tiene mucha energía. Y para otra mamá el bebé llora de la misma manera, la misma cantidad de veces, pero dice, no, es tranquilito, no me hace problemas. En realidad los dos están llorando la misma cantidad de veces, pero una mamá le pone un disfraz de tranquilo y otra mamá le pone el disfraz de que tiene energía y tiene fuerza.

Por eso nuestros padres nos pusieron el disfraz que les parecía a ellos. Esta es tranquila, esta es inteligente, la otra es vaga, o el otro va a ser bandido. Cada padre pone a sus hijos un disfraz que lamentablemente a lo largo de la vida después lo vamos llevando a todos lados. Y también dentro de lo que el otro habla sobre nuestro cuerpo están las conversaciones familiares, cuando nos sentamos a la mesa a comer.

¿Qué escuchabas sobre el cuerpo tuyo y de los demás? ¿Qué se habla en las mesas familiares? Hoy estoy comiendo de más, mañana tengo que hacer ejercicio, uy, estoy muy gorda, mirá la panza que tengo, uy, viste la gorda aquella. ¿Qué cosas se hablan en la mesa sobre el cuerpo? Porque siempre salen temas que tienen que ver con el cuerpo. Y no nos damos cuenta muchas veces que hay otros que están recibiendo su imagen del cuerpo por las palabras que decimos.

Por eso tenemos que evaluar las palabras que hablamos, especialmente cuando estamos con nuestros hijos e hijas. Porque lo que van a escuchar de vos, si todo el día te denigrás físicamente, si todo el día te estás denigrando, si todo el día estás pensando qué vas a comer y qué no vas a comer, que lo que comiste hoy, mañana tenés que hacer ejercicio, o tenés que hacer una dieta o voy a engordar en el verano y entonces hablás todo el tiempo de comida y de cuerpo, eso es lo que reciben nuestros hijos y lo que recibimos nosotros también como imagen de nuestro cuerpo.

Entonces, muy importantes las conversaciones familiares en la mesa. Y el condimento principal siempre es el otro. El otro es el que va a ir formando también parte de mi imagen. Porque todos somos sensibles a los elogios y a las críticas, todos. Por más que digas, no, porque yo tengo una estima alta, todos somos sensibles a los elogios, a las cosas lindas que nos digan, y a las críticas que nos hagan.

Ahora, si me siento feliz con la persona que soy, la opinión de los otros no me va a desestabilizar. Si me siento feliz con mi cuerpo, con mi vida, el otro me puede decir algo, va a afectar en parte mi vida, porque todos somos susceptibles a la crítica o al elogio, pero no me va a desestabilizar. Pero si no estoy contenta con mi cuerpo, o no estoy conforme con mi vida, no me acepto como soy, no me quiero, la opinión del otro se va a volver fundamental, se va a volver esencial, tanto para levantar mi estima como para bajar mi estima.

Por eso hay mujeres que todo el tiempo están preguntándome, ¿me queda bien? ¿Te gusta? ¿Estoy bien? ¿Qué uso? ¿Qué me pongo? No me siento cómoda. O cuando alguien les dice algo explotan inmediatamente porque se sienten juzgadas. Entonces dicen, no, pero me parece y reaccionás a la mirada del otro de acuerdo a la seguridad que haya en tu vida. Si sos una persona más o menos conforme con tu cuerpo, la escuchás pero no te desestabiliza. Pero si estás inconforme, eso va a marcar tu día.

Un día alguien te dice algo lindo, vas a estar feliz. Un día alguien te dice algo que no es muy lindo, o te critica, y te va a amargar el día. Cuanto más decepcionado estoy de mí, más necesito la mirada del otro, que el otro me diga quién soy, que el otro me diga cómo soy, si soy linda, si soy fea, si soy alegre o si soy triste, si soy alta o si soy flaca, etc., etc. ¿De qué depende? De que estés tranquilo con vos.

¿Cómo puede ser que a una mujer no le repercuta tanto la opinión del otro y a otra sí? ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué le podés decir a una mujer, eh, qué gordita estás y no le pasa nada, y a otra mujer le decís, qué gordita estás y le destruyó la vida? ¿Cuál es la diferencia? ¿De qué depende? De la manera en cómo fui amado, de la manera en cómo fui amado en mi niñez, en mi infancia. De las personas que me cuidaron, los padres, o la persona que estaba encargada de cuidarte, cómo te educó, cómo te crió, cómo te amó, cómo te quiso, de la manera en que fuiste amada.

Por eso la mayoría de las mujeres tenemos problemas con nuestro cuerpo, porque lamentablemente no recibimos el amor que queríamos o que necesitábamos recibir, especialmente de los padres. Muchos padres muy críticos con el cuerpo de una mujer, muchos padres que nunca supieron respetar a una hija mujer, muchas mamás que dijeron, y bueno, yo también tuve que sufrir, así que sufrí también y te mostraron que el cuerpo era para sufrirlo.

O sea, el que cuidó de vos, esa persona te rebajó, o te hizo ver que eras una persona capaz. Esa persona te mostró perfeccionismo, por eso ahora vas detrás de lo perfecto, porque en el fondo sabías que no le podías fallar. ¿Cómo le ibas a fallar a tu mamá, que era la mujer perfecta? ¿Cómo le ibas a fallar a tu papá, que era el hombre perfecto? Entonces, hay una regla de perfección dentro de vos. Y por lo tanto, tu cuerpo tiene que ser perfecto, porque si no vas a fallarle a ellos. Y nadie quiere en la infancia fallarles a los padres.

¿Qué pasaba cuando en tu infancia te equivocabas? ¿Te retaban mucho porque te equivocabas? Eso también afecta el cuerpo, porque vas a ir buscando la perfección. Vas a sentir que todo el mundo todo el tiempo te está juzgando y no sólo que te está juzgando sino que te ponés en juzgador, en juez de otros. Porque el modelo es la perfección. Porque no tuvieron paciencia con tus errores, porque tus padres son los que te tenían que criar y no tuvieron paciencia con tus equivocaciones. Querían el hijo perfecto o la hija perfecta. Y no te tuvieron paciencia. Y te juzgaron en lugar de alentarte, en lugar de decirte, no importa lo que pasó, vamos a salir juntos adelante de esta. Y eso es lo que Dios hace con nuestra vida.

¿Dónde comenzó esto? En la historia que leímos recién. Todo comienza en el Génesis, en el principio. Comenzó con Adán y Eva en el Edén. Dice que cuando estaban en el paraíso, Adán y Eva estaban desnudos, pero sin embargo no se avergonzaban. Estar desnudos era lo común, no era ni bueno ni malo. Era así, estar desnudos. O sea, ellos se miraban y no se avergonzaban de sus cuerpos, por eso la Biblia lo aclara. Dios les dice, miren, del árbol del bien y del mal no quiero que coman. Y ellos desobedecen a Dios. A partir de ese momento aparece la vergüenza.

Y te voy a definir qué quiere decir vergüenza. Es la sensación de ser juzgado por otro. Cuando yo siento vergüenza, siento que estoy siendo juzgado por otro. ¿Cuántos se sintieron juzgados por alguien? Ellos descubrieron esto cuando comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. A partir de ese momento tuvieron conciencia de qué era bueno y qué era malo.

Y tener esa conciencia te hace pensar internamente, ¿esto que estoy haciendo es bueno o es malo? Así como estamos desnudos, ¿está bien o está mal? Y empezaron a tener esa conciencia, que era lo que Dios les quería evitar. Dios quería evitar que coman de ese árbol, porque si no a partir de ese momento aparecía la vida moral. Y ellos en el paraíso estaban viviendo fenomenales. Pero a partir de ese momento se iban a volver locos, qué era bueno, qué era malo, qué estaba bien, qué no estaba bien, lo hacemos, no lo hacemos, todo el tiempo y Dios les quería evitar eso.

Pero para ellos fue más fuerte esto, ellos querían, desobedecieron y entonces aparece el mirar al otro. Y ya miro al otro y lo juzgo, me miro a mi mismo y empiezo a juzgarme. Hay cosas que no están tan bien. ¿Qué es la vergüenza? Es la sensación de estar expuestos y ser evaluados. Ya ellos estaban expuestos en su cuerpo y ahora se evaluaban entre sí. Es la brecha entre lo que somos y lo que se espera de nosotros.

Esa es la vergüenza, esa distancia que hay entre lo que soy y lo que el otro espera de mí. Vergüenza es la sensación de sentirnos mal por ser como somos en comparación con alguien perfecto. La sensación de sentirnos mal por ser como somos porque hay un modelo que no sé dónde está, pero que es perfecto y no puedo llegar a ser como ese modelo. La vergüenza siempre es visual. Veo al otro que el otro siento que me juzga y ahora juzgo al otro.

Les voy a hablar de tres cosas que trajo la vergüenza cuando Adán y Eva desobedecieron.

Primero, abrieron los ojos. Se empezaron a criticar ellos mismos. Empezaron a criticarse ellos mismos porque cada uno tenía un criterio personal acerca de lo que estaba bien o lo que estaba mal en el cuerpo del otro. Es lo que hace la sociedad hoy. Aparece esto de juzgar. Eso trae la vergüenza.

Segundo, la vergüenza nos hace escondernos de los otros y de Dios. Sentir la mirada del otro que te evalúa, te aleja. Por eso dejás de ver amistades, no vas a ciertos lugares, no querés que te inviten a una fiesta, no querés ir al cine con alguien, porque sentís que el otro te va a evaluar, que el otro te va a mirar. Entonces, empezás a taparte el cuerpo para que nadie te lo vea, porque sentís la mirada del otro y escapás. Te empezás a aislar. Si sos una persona obesa, estás en la casa metida todo el tiempo. Entonces, estás chateando todo el día, en la computadora, porque así nadie te puede ver, porque te empezás a aislar.

Y lo que a ellos les pasó, Adán y Eva, es que se escondieron hasta de Dios. Yo me imagino cuando Dios paseaba por el huerto con ellos, porque no había nada más lindo que esa relación, Dios paseando con ellos por el paraíso. Dice que cuando ellos se vieron desnudos, se escondieron y en lugar de correr hacia Dios, corrieron para el otro lado.

Y eso es lo que nos pasa cuando nos sentimos mal con nosotros, corremos de Dios. Empezamos a decir, Dios, ¿por qué no me ayudás con este problema que tengo en el cuerpo? Parece que te olvidaste de mí, parece que esto lo tengo que arreglar sola. No te estás dando cuenta que estoy sufriendo. Porque uno corre, se aleja de Dios, no quiere saber nada con Dios. Y dice, me tengo que arreglar sola en esta situación. Y entonces el gran problema, empezamos a odiar lo que somos y cuando uno odia lo que es, está odiando la creación de Dios. Y cuando odiás lo que Dios creó, te alejás de Dios, corrés de Dios.

Y por último, la vergüenza nos hace cubrir mal nuestra desnudez. ¿Qué hicieron ellos? Empezaron a coser hojas de higuera para taparse. ¿Y qué son esas hojas de higuera? Cosas con las que tratamos de tapar lo que no nos gusta. Dietas locas que nos terminan matando, cirugías compulsivas que no buscan la belleza, buscan la perfección, que es distinto, es inalcanzable. Porque no está mal buscar la belleza, no está mal resaltar tus atributos, no está mal decir, esto lo tengo que arreglar, porque me gusta la belleza. Lo que está mal es buscar la perfección, porque la perfección no existe. Entonces comenzamos a cubrirnos con cosas que no nos sirven para nada. Y buscamos denigrarnos a través de esa cobertura. Pero Dios nunca se da por vencido con nosotros, eso es lo bueno.

Cuando uno lee esta historia y a través de los comentarios, estuve buscando un montón de comentarios para preparar este tema. Uno puede ver el juicio que cae sobre Eva, la culpable de todo. Habla de que Dios los cubre y les pone vestidos y el vestido era desde el cuello. Y la mujer que usa malla está en pecado. Cuánta tontería alrededor de algo tan hermoso como lo que te voy a enseñar, que tal vez no lo escuchaste nunca, pero necesito que tomes esto para tu vida y para enseñárselo a tus hijos.

Dios entra en escena en el paraíso, porque cuando te escondés, Dios siempre te va a ir a buscar. Cuando te escondés de Dios, Dios va a hacer lo que tenga que hacer, pero va a ir a buscarte al lugar de tu vergüenza. Eso que te trae vergüenza, no te preocupes, Dios te va a ir a buscar para hacer algo nuevo sobre tu vida, porque Dios nunca se rinde con nosotros.

Dios les dice, muchachos, vamos a la segunda parte del plan. Dios no viene diciéndoles, qué desastre que son, arruinaron todo. Vamos a la segunda parte del plan. Muchachos, vamos, hay que hacer algo. Entonces, lo primero que hace Dios es transformarse en el mejor diseñador de modas y en el primer productor de modas. Ahí está el origen de Oscar de la Renta, de Valentino, de Dolce y Gabana, de Vera Wang, de Carolina Herrera, de todos. ¿Quién fue el primero? Dios. ¿Y por qué digo que fue el primer diseñador de ropa y productor de moda? Porque dijo, vengan muchachos. Los trajo a Adán y Eva que estaban tapándose, y les dijo, ¿quién les hizo esa ropa? Vengan.

Y dice que les fabricó una ropa de pieles, pero no se las dio y les dijo, vístanse. Dijo, vengan, yo los voy a vestir. Por eso fue el primer productor de modas. Esto a vos, Eva, te va bien. Esto a vos, Adán, te va bien. ¿Por qué? Porque Adán y Eva se habían hecho ropa para vivir dentro del paraíso, pero ahora como no iban a estar en el paraíso, esa ropa no les servía. Necesitaban y ahí vemos el amor de Dios.

Dios dijo, ustedes se equivocaron en algo, ahora sienten vergüenza por haber sufrido las consecuencias de haberse equivocado. Pero yo no los abandono. Les voy a hacer ropas, porque ustedes van a estar en un lugar y les voy a vestir para que cuando salgan a ese lugar, sepan cómo defenderse, porque ahora voy a vestir toda su vergüenza. Porque cuando Dios viene a nuestra vida no viene para ser un juez malo, sino para decirnos, ¿qué te pasó? Vamos adelante con la segunda parte del plan. Yo te voy a vestir, no te voy a cubrir, te voy a vestir tu desnudez, toda tu vergüenza, todo el dolor que tenés, te lo voy a vestir porque tenemos un proyecto juntos y vamos a seguir adelante.

El amor de Dios siempre viste nuestra desnudez, no la cubre. No es que la tapa. Dios no tapa tus errores, no. Dios no tapa, que nadie se entere, que nadie lo sepa. Dios te viste, te pone algo hermoso para que sepas que sos digna, que sos digno, que él no viene a juzgarte, que él no viene a traerte vergüenza. Dios nunca viene a traerte vergüenza. Dios viene a decirte, vamos por la segunda parte del plan, yo los voy a acompañar, voy a seguir caminando con ustedes, pero ahora necesitan otros recursos, ya no están más en el paraíso. Están fuera del paraíso, ¿por un error? Sí, pero ahora vienen otras cosas nuevas.

Yo leí un autor que me gustó y que decía, es como pasar de la niñez a la adolescencia. La niñez es todo lindo, pero cuando venís a la adolescencia, ya ves qué es bueno, qué es malo, y eso es lo que les pasó. Ellos tuvieron conciencia. Cuando sos adolescente y empezás a verte y empezás a mirar y empezás a sentir que otro te juzga. Eso les pasó a Adán y Eva. Pero ahí estaba Dios.

Porque Dios nunca se da por vencido con nosotros. ¿Te fue mal? ¿Te equivocaste? ¿Te golpearon y castigaron tu cuerpo? ¿No te dieron el amor que necesitabas? Dios no se da por vencido, y él va a vestir toda tu vergüenza. Él va a cubrir todas tus desnudeces. Todo lo que sentís que es débil, todo lo que sentís que es pobre, todo lo que sentís que no vale de tu vida, todo aquel amor que te faltó, él te va a vestir y te va a vestir con una ropa justa para vos.

Porque él no te va a dar la ropa y ¡hacelo vos! Matate vos por hacer esto, tené vos conducta, tené más control de tu cuerpo, hacé algo. Él te va a decir, vení, yo te voy a vestir. Yo te voy a decir qué te queda bien, te voy a decir qué te podés poner, te voy a decir qué te va a proteger, te voy a decir qué te queda lindo, porque la ropa que él te pone tiene que ver con el sueño que él te dio. Hay un sueño, hay un diseño único para cada uno de nosotros, porque tiene que ver con el sueño que Dios nos dio.

Dios siempre te va a dar un mensaje de aceptación. Y eso es lo que quiero que te quede, porque si tenés hijos, los tenés que educar de esta manera. Porque si  estás en medio de una sociedad, tenés que aceptar a los demás, porque después de esto, de la vergüenza, aparece la discriminación. Por eso tenemos tantas peleas y tantas luchas, porque me creo que puedo juzgar al otro. Y porque el otro cree que me puede juzgar a mí, porque hay bien o hay mal.

Y esa fue la gran desesperación en ese momento, me imagino, de Dios, ¿para qué comieron si en el paraíso estaban bien? Pero si lo hicieron, sigamos adelante con el plan, sigamos adelante con el proyecto. Ahora son adolescentes, ahora son adultos, ahora van a sufrir dolor por un montón de cosas que yo quería evitárselas porque estaban bien. Les había preparado algo distinto para ustedes, pero no importa, ahora los voy a vestir de tal manera que se sientan seguros.

Dios quiere que te sientas segura con tu cuerpo. Yo sé que no es fácil, porque remamos contra la corriente, porque hay dolores en nuestro cuerpo, porque nuestro cuerpo tiene una historia. Porque el otro muchas veces nos dice cosas y no se da cuenta como nos puede afectar, porque nuestros padres nos dijeron cosas y no se dieron cuenta cómo nos afectaron y luchamos contra la corriente. Pero Dios siempre te va a dar aceptación.

Y dice que una persona se sana en su cuerpo, acepta su cuerpo, cuando primero es aceptado, cuando recibe la aceptación del otro. Dejá de huir de la gente, dejá de huir de Dios, dejá de huir de todo el mundo, porque Dios ya te aceptó. Sos acepto en él, estás aceptada, estás aceptado, el amor de Dios es tan inmenso. Él no se rinde con tu vida. Aunque quieras huir, aunque quieras abandonarlo, él va a decir, yo tengo un proyecto con tu vida, te voy a vestir y vamos a salir juntos.

Cuando caminás con Dios y Dios te ve, ve la ropa que te puso, ve con qué te cubrió y dice, a esta mujer la cubrí de justicia, a esta mujer la cubrí de gloria, a este hombre lo cubrí de fuerza, a este otro hombre lo cubrí de gozo, a esta otra mujer, de alegría. Y él ve ese vestido que te puso y quiere que camines por la vida. La vida es tu pasarela. Porque el gran diseñador ya te vistió y quiere que camines luciendo ese vestido, porque ese vestido es el que cubre toda tu vergüenza, el que cubre que te sientas mal con vos. Y él te dice, yo te vestí, te adorné, caminá con eso y sé feliz. Así que cuando camines, acordate que estás vestida por Dios. Varón, cuando camines, acordate que estás vestido por Dios y cuando te ves, ves la ropa que él te dio.

Yo leí la historia de muchos diseñadores de moda, pero cuando descubrí esto, me gustaron más los diseñadores de moda. Porque los diseñadores de moda saben qué tenés que ponerte para cubrir aquella parte del cuerpo que no te gusta. Te dice, mirá, no te conviene este color, te conviene tal otro, o te voy a hacer un vestido que te haga más delgada acá, que no se te noten tanto las piernas, hacen eso. Cubren lo que no nos gusta.

Y Dios, que es el gran diseñador, hizo eso con toda nuestra vida. Nos vistió para cubrir nuestra vergüenza. Así que no tenés que avergonzarte de nada. Disfrutá de tu cuerpo, porque está vestido por Dios. Estás vestida por el más grande diseñador.

Christian Dior dijo, las mujeres no llevan lo que les gusta, les gusta lo que llevan. Y Dios te dice, que te guste el cuerpo que llevás, estás vestida por mí, el diseño te lo hice yo, dice Dios.

Hoy vas a venir para que oremos, sabiendo que la imagen de tu cuerpo es falsa. Está llena de un montón de cosas, de lo que el otro te dijo, de las experiencias de toda tu vida, del amor o del odio que le tenés, pero vas a venir acá, para que Dios te muestra las ropas que él te diseñó, que son únicas y exclusivas para vos.

No quieras la ropa de otro, son únicas y exclusivas, porque tienen que ver con tu sueño. ¿Que busquemos lo hermoso? Claro que sí y tenés que hacer todo lo que sea para cuidar tu cuerpo físico. Y tenés que verlo lindo y fuerte y ágil, pero no busques la perfección, porque ya no estás en el paraíso.

Ahora tenés que remar contra la corriente, así que buscá vestirte con lo que Dios quiere que te vistas, porque la ropa que Dios te pone es la que te ayuda a lograr el sueño. Es la que te ayuda a salir adelante en medio de las crisis y de las dificultades. Buscá la ropa que Dios te puso.

Vamos a decretar que nuestro cuerpo está vestido por Dios. Somos aceptados y vamos a dejar atrás todos esos mandatos, mandamientos u opiniones, juicios, que los demás nos hicieron, equivocados ellos también, justamente porque se les abrieron los ojos y la vergüenza apareció en su vida y en la vida de los demás. El que te critica es que tiene mucha vergüenza de su propio cuerpo, por eso necesita criticarte a vos. Es como todo en la vida, si critico a alguien es porque lo estoy teniendo y no sé cómo resolverlo. Lo tengo que ver en el otro. Y eso es lo que le pasa al que te critica.

Pero lo importante es cómo estés parado vos, parada vos, si estás mirándote en el espejo de Dios, y diciendo, uh, mirá, esto no me gusta mucho, uy, esto que hice en la vida, mmm, me da vergüenza, los recuerdo y me da una vergüenza bárbara. Dios, sé que eso lo vestiste, sé que lo vestiste con gloria, con gracia, con justicia, con poder, con gozo. Una ropa le pusiste y cuando la gente me vea pasar por el desfile de mi vida, no va a ver mi vergüenza, va a verme vestida.Si este Mensaje te ha ayudado, envianos tus comentarios haciendo click aqui y compartilo en las Redes Sociales haciendo click debajo

 

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