Las 3 bendiciones

por Bernardo Stamateas

 

2º Samuel 9:9

«Pero David llamó a Siba, el administrador de Saúl, y le dijo:–Todo lo que pertenecía a tu amo Saúl y a su familia se lo entrego a sunieto Mefiboset. Te ordeno que cultives para él la tierra y guardes la cosechapara el sustento de su casa. Que te ayuden tus quince hijos y tus veinte criados.En cuanto al nieto de tu amo, siempre comerá en mi mesa. –Yo estoy para servir a Su Majestad. Haré todo lo que Su Majestadme mande –respondió Siba.A partir de ese día Mefiboset se sentó a la mesa de David como uno másde los hijos del rey. Toda la familia de Siba estaba al servicio de Mefiboset,quien tenía un hijo pequeño llamado Micaías.Tullido de ambos pies,Mefiboset vivía en Jerusalén, pues siempre se sentaba a la mesa del rey.»

Muchas veces no viene la bendición porque nuestra vasija está llena de basura, llena de tonterías, llena de ideas tontas que no nos funcionan. Hay seis frenos de mano que tenemos que sacarnos de encima para que pueda fluir la bendición a nosotros. A mí me hubiese gustado saber esto treinta años atrás…

Son seis cosas tontas que tenemos que limpiar dentro nuestra mente:

1) La ‘espera de salvataje’

Es la idea tonta de esperar que alguien te venga a salvar. Todos inconcientemente estamos esperando que venga el príncipe azul, que venga mamá a felicitarme, que venga papá a abrazarme, que venga mi amigo a visitarme. Tenés que dejar de esperar; nadie va a venir a buscarte. Pero Dios va a estar a tu lado todos los días hasta el fin del mundo. Nadie puede transitar nuestro camino.

2) La idea de esperar que todo sea fácil…

“Con Cristo todo será más fácil”, ¡no, con Cristo va a ser más difícil! No va a ser fácil, tu sueño va a costar más dinero del que pensabas, vas a tener más enemigos. ¿Cuánto tiempo pensabas que ibas a tardar en alcanzar tu sueño? Bueno, es más todavía. No esperes que sea fácil y cómodo; te va a costar. Tenés que prepararte para lo peor y esperar lo mejor. ¿Querés casarte? No te va a ser fácil. ¿Querés llevarte bien? Te va a costar. Podes decir: “ahora que vengo a Presencia de Dios me va a ir más fácil”. No; te va a costar más de lo que pensabas; vas a tardar más tiempo del que pensabas; te va a costar más plata de la que pensabas; te va a costar más esfuerzo del que pensabas.

Esto lo aprendí con el doctor Kusnetzoff, cuando él atendía en el hospital: antes de darle un ejercicio a un paciente, le decía: “mire, le voy a dar una tarea pero sabe que es muy difícil, le va a costar un montón; es más yo creo que usted no la va a poder cumplir”; el paciente abría los ojos grande. Y entonces le daba la tarea. Cuando venía a la semana siguiente, el paciente lo había hecho bien, y el doctor le decía: “¿le costó? ¿¡no!? Qué raro…” Y él después me enseñó: “Bernardo, ¿sabés por qué le tenés que decir que es muy difícil? Para que se prepare para lo difícil, y entonces le va a resultar fácil, porque se preparó para lo difícil”.

Te va a costar mucho, pero lo vas a lograr en el nombre del Señor.

Nosotros cuando levantamos pastores les decimos: “es difícil, van a sufrir, van a transpirar, van a llorar”; porque si vos le decís: “este trabajo es fácil; ah, no te va a costar nada, y el sueño lo vas a lograr fácil”, viene un mosquito y los tira abajo. Pero como les decimos: “van a sufrir, van a transpirar, van a gastar plata, se les van a oponer” entonces todo les resulta fácil. Preparate para lo peor, esperando lo mejor; y dejá de esperar que sea fácil. Congregarte acá te va a costar, es muy difícil. “Yo quiero ser pastor”, “no sabés lo que te va a doler”. Pero tengo una buena palabra; dice el profeta Joel de la Biblia, que cuando venga el Espíritu Santo los viejos tendrán sueños. Tendremos sueños; los sueños son una foto de tu mañana; quiere decir: no importa qué ha pasado en la primera etapa de tu vida; la que viene será extraordinaria. Vas a poner una foto del mañana porque tu mañana será extraordinario. Los que pasamos los cuarenta: se viene la mejor etapa de nuestra vida; Dios nos va a poner adelante una foto que muestre hacia dónde vamos. Sacale una foto a tu milagro y caminá hacia adelante. Y si estás pasando por el infierno, seguí caminando hasta llegar a tu bendición. Y a los de menos de cuarenta, Dios les dará visiones. Sueño es una foto de tu mañana; visión es el plan para llegar a tu sueño. Dios te va a dar estrategia y fuerzas para lograrlo; Dios va a conectar a los jóvenes con los viejos y seremos una iglesia explosiva; habrá gente que tendrá la foto de su mañana y habrá gente que compartirá los planes para lograrlo.

3) Las consolaciones tontas

Sacate el espíritu de victima. Y hay gente que viene a ponértelo. Te dicen: “¿No estás en pareja?, ¿cuántos años tenes? ¿treinta…? Pobrecita; y encima con sobrepeso”. “¿Qué? ¿no tenés hijos? Ay, es tan lindo ser mamá…” ¡Sacate esa tontería! “Hijo, qué difícil fue tu infancia, cuando naciste casi te morís, eras debilucho…” y caminás con ese espíritu de victima. Gente que te dice: “¿cuántos hijos tenés? ¿cinco? …ay, qué difícil es ser mamá de cinco hijos”; “yo trabajé cincuenta años”, “Ay qué luchadora, tantos años” y te meten el espíritu de víctima. Por ejemplo, te dicen: “pastor, yo vengo de una iglesia que me maltrataron, y yo serví a la iglesia y no me pusieron en el coro….” Sacate el espíritu de víctima; vos sos valiente, sos hecho de material indestructible; Dios está contigo, el Cristo que resucitó a la muerte venció al pecado y al diablo, habita en vos. No sos débil, todo lo podés en Cristo que te fortalece. A la iglesia no venís a que te mimen; venís a que te empujen rumbo al destino hacia el cual Dios te ha llamado.

Por eso cuando llegaste a esta iglesia, y te estaban por echar del trabajo, te dijimos: “bueno listo, renunciá y ya está”, porque en realidad hay que consolar al que se le murió un ser querido, hay que consolar al que está en terapia intensiva; a esa gente sí hay que consolarla, porque eso sí es dolor de verdad; todo lo demás son tonterías. Por eso tenemos que sacarnos la palabra horrible… “¿Cómo fue tu día de hoy?” “¡Ho-rrible, te-rrible lo que me pasó…”, “¿se te murió alguien? ¡Ah, entonces no es terrible!”

4) Me saco de encima las preguntas tontas

Los religiosos se hacen las preguntas más tontas…

– «Jonás, ¿comía sushi después que el gigante lo vomitó?

– Después que Adán y Eva desobedecieron, cuando Eva iba a almorzar y pedía ensalada de frutas, ¿le daban arcadas?

– Después del diluvio, Noé ¿dormía bien durante las tormentas o tenia pesadillas?

– Los ángeles sabemos que cantan, pero ¿ellos hacen la música o la melodía? Los ángeles cantan, pero ¿saben tararear?»

Como los foros cristianos: “¿qué opina usted? El pastor ¿puede contar chistes o no? La mujer ¿puede usar pantalones? ¿Usted qué opina?” No estamos para opinar, estamos para vivir de las promesas de Dios. Sobre asuntos de fe no hay que opinar, hay que saber las promesas de Dios y decir: “yo no opino; yo declaro ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece’; a mí no me importa lo que vos opinás; a mí me importa lo que Dios me prometió, y si Dios me dijo todo me saldrá bien, ¡todo me saldrá bien!; y si Dios dice: llenaré tu boca de gozo, yo me voy a reír, te guste o no”.

5) La idea tonta de que me insistan…

“Tomá, te quiero regalar este perfume; dale, dale”, “No, no…”, “daaaale”, “Bueno está bien, gracias”. Vamos a cenar y empezamos… “dejá que pago yo”, “no cómo vas a pagar vos, dale no”, “bueno”. “Tomá, te quiero regalar cien pesos”, “no, no”, “dale”, “no”, “dale”, “no”, “bueno, dame”. Y Dios te trata de la siguiente manera: “te quiero regalar cien pesos” “no Señor”, “Ok, no”. “Te voy a prosperar”, “no, no sé”, “Ok, no”. “Te voy a ungir”, “perooo, yo no sé…”, “Listo, Ok, no”.

Hay cosas que Dios no te va a insistir jamás; así que si Dios te da una palabra, agarrala. Si Jesús te dice: “sígueme”, dejá todo y seguile; y dejá de esperar, porque Dios no te va a insistir te va a decir:

– “Te bendeciré”, y vos: “¡lo creo!”

– “Te prosperaré”, y vos: “¡lo recibo!”

– “Todo te saldrá bien”, y vos: “¡así será!”

– “Toda tu casa estará bendecida”, y vos: “¡amén!”

Esa es la gente de fe. Así será. Cuando vayas a cenar y alguien diga: “pago yo”, “Ok”; “te regalo esto”, “muchas gracias”. Y si Dios te lo ofrece, más vale que seas rápido. Te dice: “te haré brillar” ¿estás esperando que Dios te insista? “Congregate”, te dice Dios. Dios no te insiste.

6) Echar culpas

¿A quién le echás la culpa cuando las cosas salen mal? ¿A quién le echas la culpa cuando estás triste? A alguien le echamos la culpa: al diablo, o a otro diablo -al diablo de tu esposo, de tu esposa, de tu hija, de tu jefe-. Cuando me siento mal, ¿a quién culpo de lo que siento? ¿Quién ‘me arruinó la vida’? Por eso no fluye la bendición: porque le echás la culpa al viejo, o a la vieja. Cada vez que le echo la culpa a alguien, dejo de vivir la vida en plenitud. Culpar a otros es entregar el poder personal; y asumir la responsabilidad es recuperar el poder personal. No todo lo que me pasa depende de mí, pero yo sí voy a elegir cómo voy a reaccionar a lo que me pasa. Dejá de echarle la culpa al otro; somos expertos en echar culpa. “Mi mamá me arruinó la vida”, “mi maestra, mi marido, la silla, mi abuela, el de al lado, mi tío”, dejá de echar la culpa, vos sos responsable por vos. Voy a buscar en mí mismo la explicación de mi vida

Todas las excusas te llenan de impotencia y te hacen poner en victima: “¿por qué estás gorda?” “Yo soy la responsable”. Ahí recuperaste el poder de tu vida.

Le dijeron a Jesús: “Maestro, te seguiré donde quieras que vayas”; “las zorras tienen guaridas pero yo voy de un lado al otro; vos me querés seguir si me voy a quedar acá, pero yo no quiero quedarme acá, eso hace la zorra; yo soy como el león: voy a estar de un lado para el otro”, “ah no, eso es mucho desafío, mucho movimiento; yo pensé que era más tranquilo seguirte…” “Maestro, yo te seguiré, pero primero deja que entierre a mi padre”; “dejalo que se entierre solo”. “Cuando me reciba, ahí seré feliz; cuando tenga auto, ahí me voy a congregar; cuando se muera mi mamá, ahí por fin seré libre”. “Sígueme” dijo Jesús, “maestro yo te seguiré, pero deja que despida a mi familia”, “uno que mira hacia atrás no puede arar; si venís ahora, es ahora; pero no podés mirar al pasado”. ¿Cuáles son tus excusas favoritas? ¿Tus hijos, tu marido, tu esposa, la distancia, el frío?”. Me tengo que sacar las excusas.

“Voy a seguir un milagro extraordinario para mi vida”

Tenemos que declarar: “Huelo a bendición, huelo a bendición”. ¿Qué estamos respirando? Me huele a bendición. El problema de Marta -la hermana de Lázaro y María- era la nariz. Jesús le dice: “Marta voy a resucitar a tu hermano; corran la piedra”, “Pero Señor, ya huele a podrido…”, ese era el problema de Marta: su nariz. Jesús le dijo que saquen la piedra, pensando: “yo huelo a resurrección”. Yo no sé qué estabas oliendo, pero yo estoy oliendo a promesas, yo estoy oliendo a victoria, yo estoy oliendo a prosperidad, yo estoy oliendo a que nuestros hijos salen de la droga, yo estoy oliendo a finanzas, yo estoy oliendo a multiplicación; yo no no huelo a podrido, yo huelo lo que el Señor está preparando para mí.

Caleb tenía cuarenta años; entró a la tierra prometida y olió la promesa. Pasaron cuarenta años más, vio gente morirse, oyó quejas, amargura, pero él estaba fuerte. Cuando tenía ochenta y dos años dijo: “voy a entrar a tomar mi monte porque yo lo he olido”. ¿Qué hace que una persona aguante cuarenta años, vea morirse gente delante de él, vea siempre queja y amargura, cuál es la diferencia? Que olía las promesas de Dios.

El colibrí tiene quinientos latidos por minuto, -¡ni contando rápido pude llegar a quinientos en un minuto!-, hace cincuenta aleteos por segundo, y vive diez años de vida. La tortuga Galápagos camina doscientos cincuenta metros en una hora, pero vive ciento setenta y siete años. Si te ven tranquilo, ‘más vale tortuga Galápagos -que vive ciento setenta años- que cristiano colibrí’. “Yo voy a hacer…”, y se murió; “yo voy a lograr…” y se murió. En cambio, la tortuga Galápagos camina dos cuadras y media en una hora; unas catorce mil seiscientas cuadras en un año; ¡dos millones quinientos ochenta y cuatro mil cuadras en toda su vida! La tierra tiene cuarenta mil setenta y cuatro kilómetros de circunferencia; o sea que la tortuga va lento, pero da sesenta y cuatro veces la vuelta al mundo. No importa que vayas lento… ¡le vas a pegar la vuelta! Porque más vale lento y parejo que colibrí. Dios va a terminar lo que empezó en tu vida; los que somos lentos, hay esperanzas por la cantidad de años que Dios nos va a dar.

“Cuando me ataquen, cultivo una rosa blanca”

Cuando hay estiércol de caballo, un jardinero profesional lo ve como oro en polvo, y lo usa como abono para cultivar las mejores rosas. Cuando te ataquen, cultivá una rosa blanca, y te sirve de abono.

Los mejores pilotos del mundo dicen cómo es un buen aterrizaje de avión: “si salís caminando, fue un buen aterrizaje”. Yo sé que a vos te pasó de todo, pero aterrizaste. ¿Qué le dice Jesús a Tomás? “Toca mis manos”, y le puso la mano en la cicatriz; una cicatriz es una herida sanada. Y una herida es dolor. Dios va a tomar tus heridas y las va a convertir en cicatrices, como evidencia de que Dios te ha tratado, te ha restaurado. Y cuando Tomás le puso la mano, se sorprendió. La gente va a tocar tu cicatriz y va a decir: “uh, vos la pasaste mal, pero Dios ha estado contigo”.

La gente quiere ver tus heridas, pero Dios va a hacer que muestres tus cicatrices.

A la gente le gustan las heridas: “¿así que a vos te abandonaron?, contame cómo te fue ¿muy mal?” La gente quiere meter el dedo en las heridas, porque herida es dolor; pero Dios va a formar cicatrices. Cicatriz no duele porque es una herida sana. Cuando Jesús resucitó, Dios le dio un cuerpo incorruptible, le dio un cuerpo glorioso, le dio un cuerpo eterno, le dio un cuerpo que Jesús traspasaba las paredes; ¿y por qué le dejó las cicatrices?, ¿no hubiese sido más fácil que Jesús resucitara con un cuerpo nuevo? Pero Dios se las dejó para que las muestre. Dios no te va a dar amnesia, va a dejar las cicatrices; porque son heridas de guerra que Dios sanó y que van a inspirar a otros.

Jesús resucitó y viene María Magdalena: “¡maestro!”, “no me toques -responde Jesús. Al rato llegan los discípulos; y le dice a Tomás: “tocá” …¿en qué quedamos?, ¿no toques o tocá? ¿Por qué a Tomás le dijo que toque y a María le dijo que no toque? A María le dijo algo poderoso: “no me toques, porque aun no he subido a mi Padre”. Cuando vos subís al padre vas a bajar con cicatrices. Cuando veas a alguien herido es porque todavía no subió a la presencia de Papá; pero cuando ves una cicatriz, ese subió y bajó.

Ana quería tener un hijo y no podía; lloraba y lloraba. El sacerdote pensaba que estaba borracha, la gente la oprimía, pero Ana hizo algo secreto, hizo una oración estratégica: “Señor yo te entrego al hijo que me vas a dar, se llamará Samuel, servirá tu nombre y estará en tu casa”, y cuando ella entregó su sueño antes de que Dios se lo dé, tuvo paz. Y Dios no le dio uno… ¡le dio cinco hijos! ¿Querés tener un auto?, antes de tenerlo entregáselo a Dios; ¿querés tener salud? “Padre, yo ya te la entrego, para que cuando venga la salud pueda servirte”, “yo hoy te entrego el auto para traer gente nueva a tu casa”. Vos fuiste consagrado antes (hace mucho) por los pastores de esta iglesia; antes de que vos llegaras. Por eso acá no arriamos a nadie ni le decimos: “si te vas de acá te va a ir mal” no, no, no. Porque te consagramos a Papá, ¡y vos vales por cinco!

Mateo era un recaudador de impuestos pero de los malos; cobraba impuestos del pescado, de todo lo que veía cobraba; y nadie lo quería. Un día Jesús pasa caminando y le dice: “Mateo, sígueme”, y Mateo hace una fiesta; invita a todos los recaudadores ladrones para que conozcan a Jesús. Pero, ¿cómo se llamaba Mateo? Levi, que quiere decir ‘adorador’. ¿Quién le puso ese nombre? Sus padres… Entonces, todo lo que hayas soltado sobre tus hijos, vendrá Jesús a completarlo en sus vidas. Vos soltaste una bendición, y no importa que se convirtió en un Mateo… Él vendrá a llamarlo y lo cambiará por Levi, y cambiará a todos sus amigos en el nombre del Señor.

Mefiboset era el hijo de Jonatan, heredero del trono. Cuando muere el rey Saúl, su abuelo, asumió David como rey. Así que David tenía que ir a matar a todos los descendientes de Saúl, el rey anterior. Cuando la criada de Mefiboset se entera que ha muerto Saúl -abuelo de Mefiboset-, lo carga, se tropieza, se cae y lo deja lisiado de pies. Así que a Mefiboset: se le murió el papá, el abuelo, y una criada lo deja tullido de pies. Fue y se escondió solo en un lugar para que el rey David supuestamente no lo encuentre y lo mate; el lugar se llamaba Lodebar, que significa lugar de la incomunicación. Él le temía al rey, a un rey que nunca había visto, al rey David. Pasaron como veinte años, y un día David pregunta: “¿ha quedado algún descendiente de mi amigo Jonatan? Yo lo quiero bendecir”. Y entonces pide que traigan al tullido, Mefiboset. Cada vez que en la Biblia aparece el nombre Mefiboset, aparece al lado las palabras ‘tullido de pies’, porque la gente siempre te recuerda con tu estigma: Estela la loca, Juan el borracho. Pero cuando el rey lo llamó no dijo: “Mefiboset el lisiado”, dijo: “llamen a un hijo de Jonatan”. El Rey te está llamado porque somos hijos. Lo trajeron, se tiró a los pies de David, y el rey le dijo: “no temas, no te voy a matar; no soy el rey que te enseñaron; yo soy un rey bueno”. Y entonces le dio tres cosas:

1) Le devolvió tierras: prosperidad es mi herencia como hijo de Dios. Siba representa al Espíritu Santo con sus ángeles trabajando para vos.

2) Lo llevó a vivir en el palacio: vivir en la presencia de Dios es tu herencia.

3) Le dio la misma comida de su mesa: revelación es tu herencia.

Dios va a hacerte degustar su Palabra; Dios va a hacerte degustar su presencia; y Dios te va a devolver las tierras.

Dice T. D. Jakes que Mefiboset estaba lisiado cuando se sentaba a la mesa del rey, pero el mantel tapaba sus pies. El mantel de la mesa es la gracia de Dios, que te ve perfecto; la gracia cubre tus defectos, tus dolores, tus heridas, para que te sientes con Él a la mesa, porque somos hijos. Todos venimos del lugar de la incomunicación, con miedo a que el rey nos lastime, con dolor, con amenaza de muerte. Pero nosotros somos hijos; por eso prosperidad, presencia de Dios y revelación son las tres bendiciones para los hijos de Dios, y el mantel que nos cubre de todo pecado es su gracia.

Comments

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