Cancelando las deudas generacionales‏

por Bernardo Stamateas

 

Cancelando las deudas generacionales
por Bernardo Stamateas

 

Génesis 50:20

»Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Así que, ¡no tengan miedo! Yo cuidaré de ustedes y de sus hijos. Y así, con el corazón en la mano, José los reconfortó.»

La Biblia dice que la herencia llega hasta la cuarta generación y que uno hereda las cosas buenas y las cosas malas. Lo que la Biblia llama herencia científicamente se llama genosociograma. Efectivamente, nosotros heredamos a nivel emocional un montón de cosas de nuestros antepasados, nos identificamos con las cosas malas que le han pasado a nuestros antepasados, y por sentirnos en deuda reproducimos lo mismo que les pasó a ellos. Nos identificamos con lo malo que le pasó a nuestros papás y abuelos, nos sentimos en deuda y por esa deuda emocional y espiritual lo reproducimos en nosotros.

¿Qué son esas deudas? Hay dos tipos de deudas…

¿Cuál fue el sacrificio más grande que hizo un familiar por vos? Si esa deuda no se cancela vos siempre vas a estar en deuda con ese familiar, quien hizo ese gran sacrificio por vos. Por ejemplo: si yo invito a cenar a un amigo él va a quedar en deuda conmigo porque yo di algo. Siempre hay una deuda cuando alguien nos da algo. Daniel va a tener que pagar esa deuda -la va a pagar invitándome a cenar o simplemente dándome las gracias, o regalándome algo- porque sino se va a sentir en deuda. Cuando alguien en nuestra familia nos da algo basado en mucho sacrificio y no nos deja saldarlo siempre nos pasa factura: “mirá lo que yo siempre hice por vos…” Suponemos que mi amigo me devuelve la cena pero yo no acepto esa cena, y le digo: “cuando yo te invité te pagué la cena”, Daniel va a quedar en deuda permanente.

¿Por qué hay muchos varones que no pueden formar pareja? Porque su mamá le dijo: “yo me sacrifiqué por vos y vos me vas a pagar la deuda viviendo conmigo todos los días de mi vida hasta que me muera”. Tal vez no se lo dice así directamente, pero inconcientemente sí. Hay personas que quedan atadas a la mamá o al papá porque dicen: “yo tengo que estar acá para saldar una deuda” que nunca se termina de saldar.

 

A veces las deudas no vienen por la culpa que se nos generó. Quiero que pienses las cosas buenas que a vos te pasaron, que no le pasaron a tus familiares; eso también genera deuda, genera culpa, porque uno dice: “¿por qué a mí me fue bien pero mi hermano se enfermó y murió?” “¿Por qué a mí me vino un cáncer, y a él también le vino un cáncer, pero yo la peleé y estoy bien y él se murió?”

Cuando nos pasan cosas buenas que no se dan en otros nos genera una deuda emocional y espiritual; a eso se lo llama la culpa del sobreviviente. ¿Por qué algunos de los chicos que sobrevivieron a la tragedia de Cromagnon se suicidaron? Por la culpa del sobreviviente, porque dicen: “¿cómo ellos se murieron y yo no?”

También funciona negativamente: la culpa viene no solamente cuando a mí me pasa algo bueno que al otro no le pasa, sino también cuando le pasa al otro algo malo que a mí no me pasa: “¿Por qué lo echaron del trabajo y a mí no? ¿Por qué sufrió y yo no?”

Cuando uno crece en una casa donde a alguien le pasó algo malo que a uno no le pasó aparece laculpa del sobrevivientela culpa del bendecido. Cuando a vos te pasa algo bueno que no le pasó a tu papá, a tu mamá o a tus hermanos, también viene la culpa: “¿por qué a mí me fue tan bien y ellos han sufrido tanto?” Esas deudas emocionales se van a tratar de pagar. ¿Cómo la vamos a pagar? Sufriendo; reproduciendo las cosas malas que les pasaron a nuestros antepasados. Cuando a nosotros nos pasan cosas buenas que a ellos no les pasaron, o a ellos les pasaron cosas malas que a nosotros no nos pasaron; o bien cuando ellos se sacrificaron grandemente y nunca pudimos terminar de saldar esa deuda, vamos a reproducir esas cosas negativas que le pasaron a los papás, a los abuelos; uno las reproduce. A eso la Biblia lo llama la herencia espiritual, y la ciencia lo llamasociogenograma. Es descubrir cómo se va reproduciendo.

A veces para saldar esas deudas reproducen experiencias traumáticas que tuvieron los antepasados; por ejemplo: una mujer que tenía un hermano y se le murió; luego esa mujer tuvo dos hijos y uno de los hijos se murió y el otro no. El hijo que vivió tuvo dos hijos, y de los dos hijos uno se murió y el otro no. Y vos empezás a ver cómo siempre está la muerte de un hermano en esa familia; es como si en lo profundo de la mente uno dijese: “yo tengo que pagar una deuda, tengo que morir como ellos murieron” y entonces uno reproduce las desgracias.

Un experto piloto que volaba una avioneta, un día queda paralítico, le preguntan cómo fue: “de la manera más tonta; yo soy un paracaidista profesional, pero ese día fui sin mi equipo, sin mi gente conocida, volé con una persona desconocida y no me puse bien el paracaídas; cuando estábamos levantando vuelo la persona me preguntó si estaba listo, dije que sí y me empujó… caí a tierra y quedé paralítico”. Cuando empieza a contar la historia, la profesional que lo atiende le pregunta: “¿y hay alguien más que quedó paralítico en su familia?” “No, no hay nadie más …” y de pronto dice “ah, sí mi papá”. Fíjense que ni lo registraba. El papá quedó paralítico de esta manera: fue a trabajar en una empresa de ácidos, pero no fue con su equipo, fue con gente desconocida; uno abrió una canilla con ácido, le quemó la pierna y quedó paralítico. Fíjense cómo este muchacho reprodujo el mal que le había pasado a su papá. Porque cuando hay una deuda vos la tenés que pagar.

Tenemos que cancelar todo lo malo que le haya pasado a nuestros padres y abuelos, lo vamos a cancelar porque dice la Biblia que ‘nuestra herencia será bendita por mil generaciones’.

Otro ejemplo interesante: una mujer que tiene cardiopatía congénita; se casa con un hombre y se ponen de acuerdo de no tener hijos para que los hijos no tengan la cardiopatía congénita. Son felices, y un día dicen: “vamos a adoptar un bebé, pero no de nuestro país” y este matrimonio americano viaja a la India, adoptan un bebé, cuando regresan a Estados Unidos al tiempo el bebé tiene cardiopatía congénita; lo llevan para operarlo, termina todo, la mujer se da cuenta que al bebé lo operaron en el mismo hospital, a la misma hora, el mismo día y el mismo médico que la había operado a ella… eso no es casualidad, eso es cómo las cosas se van pasando de generación en generación. Podemos reproducir accidentes; hay personas que tienen accidentes automovilísticos y reproducen el mismo accidente que tuvo su papá o que tuvo su abuelo, o de sus antepasados, porque la manera de pagar las deudas emocionales es reproduciendo algo malo.

Por ejemplo, en una familia la abuela se muere a los cuarenta y cinco; la hija crece, tiene un hijo, se muere a los cuarenta y cinco; la nieta se muere a los cuarenta y cinco, o en la misma fecha o a la misma edad. A un muchacho lo llevan al médico porque un día en el año en particular siempre se accidentaba, sólo en ese día; cuando empiezan a investigar el médico descubre que ese día que el chico se accidentaba era el día que el abuelo se había suicidado. En lo profundo de su psiquis el chico dice: “mi abuelo se suicidó, yo tengo que saldar esa deuda; voy a reproducirlo -inconcientemente por supuesto- y voy a seguir reproduciendo eso malo que pasó en casa”. Personas a las que se les muere un hijo, inmediatamente las parejas tienen otro hijo y le ponen el mismo nombre del chico muerto: “Luis uno, Luis dos, Luis tres” y reemplazan el lugar de una persona muerta.

Así también tenemos varios ejemplos en la Biblia; el que yo tomé es el de Abraham, Isaac y Jacob. Abraham tuvo un hijo que se llamó Isaac; Isaac tuvo un hijo que se llamó Jacob, y Jacob tuvo un hijo que se llamó José. Abraham, Isaac, Jacob, y José.

Abraham se casó con una mujer estéril porque tenía miedo de ser padre; Isaac se casó con una mujer estéril, y Jacob se casó con una mujer estéril. Pero José no se casó con una mujer estéril; José cortó la maldición generacional.

Nosotros queremos que la unción de José sea establecida en medio nuestro y todo lo malo que ha pasado se corte y todo lo bueno comience a partir de nosotros en el nombre del Señor.

Fíjense otras cosas interesantes: Abraham, Isaac y Jacob tuvieron la misma profesión, pero José no. Abraham, Isaac y Jacob se casaron con mujeres de su misma parentela, pero José no. Abraham pasó hambre, Isaac pasó hambre, Jacob pasó hambre, pero José no pasó hambre. Fíjense otra cosa interesante: Abraham miente; un día está con la mujer -que era muy, pero muy bonita-, llegan a un lugar y como a Abraham le agarró cobardía dijo: “ella es mi hermana”, mintió. Isaac hizo lo mismo; Jacob también vivió mintiendo; pero José cortó esa maldición. Abraham era bastante rico, Isaac también, Jacob también; pero José cortó eso: ¡José fue dueño de todo! ¿Serás como José que diga: “a partir de mí todo va a cambiar en el nombre del Señor”? Porque José dijo a los hermanos: “ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios me trajo acá para hacerles bien a ustedes, a mucha gente y a sus hijos”. Tenemos que entender que José cortó todas esas maldiciones; Dios le dijo a Abraham: “te bendeciré y te multiplicaré en gran manera”; a Isaac le dijo Dios lo mismo, y a Jacob le dijo lo mismo. Pero a José no le dijo lo mismo, le dijo más todavía.

Todo lo malo que ha pasado -accidentes, muertes, enfermedades- que no cortemos a nivel espiritual y emocional, conciente o inconcientemente vamos a reproducirlas en nuestras generaciones. Un esclavo tiene esclavos, y el siguiente esclavo tiene más esclavos, hasta que hay alguien que se levanta y entiende el poder del Señor sobre su vida y dice: “eso pasó para atrás, pero de acá en adelante yo y mi casa estableceremos una gran bendición por las próximas generaciones”.

¿Qué cosas hizo José? Vamos a aprender algunos principios…

– Si me lleno del sueño de Dios seré libre.

¿Qué hizo José para cortar eso? Se llenó del sueño de Dios. A José lo tiraron al pozo pero el pozo no entró dentro de él; lo tiraron a la cárcel pero la cárcel no entró dentro de él; lo pusieron de sirviente, pero el ser sirviente no entró dentro de él. ¿Por qué no entró todo eso dentro de él? Porque estaba lleno de los sueños de Dios.

José a los diecisiete años tiene un sueño: sueña con manojos de trigo, un manojo se queda derecho y los demás se doblan. Dice: “voy a gobernar”, va y se lo cuenta a los hermanos y los hermanos se enojan. José se va a dormir otra vez y ahora sueña con estrellas, ahora no gobierna una ciudad, ahora gobierna el mundo. ¿Por qué José se fue y soñó algo más grande que el primer sueño? Cuando huelas enojo, cuando huelas ataque, tenés que prepararte para soñar algo más grande, porque lo que te va a acompañar en el recorrido es el sueño de Dios que llene tu corazón. Vos no podes ser de Presencia de Dios y venir con el mismo sueño vez tras vez; cada vez que vos vengas acá saldrás con un sueño más grande, y más grande, y más grande, porque cuando huelas a problemas no es tiempo de achicarse, no es tiempo de esconderse, es tiempo de decir: “no sé si han enojado conmigo, soñaré más grande; voy a prosperar más, voy a avanzar más y me voy a llenar del sueño de Dios”.

– Todo estará sometido a mis pies

Todo se va a inclinar delante tuyo. Cuando los hermanos lo apresaron a José y lo tiraron al pozo, José se inclinó delante de los hermanos; y después lo agarraron unos compradores, y José se inclinó delante de los compradores; y después lo llevaron de sirviente a la casa de Potifar, y José se dobló delante de Potifar; y lo metieron en la cárcel y José se dobló delante del guardia de la cárcel. Pero un día faraón lo manda llamar, él le interpreta los sueños de las vacas gordas y las vacas flacas, y faraón le dice a Egipto: “acá está José, todo el mundo se va a inclinar delante de él”; y la esposa de Potifar se inclinó delante de él, los hermanos se inclinaron delante de él, los guardiacárceles se inclinaron delante de él, y todos aquellos delante de los que alguna vez él se inclinó, ahora terminaron inclinándose ante José, porque Dios te va a dar dominio sobre todo lo que sometió. ¿Vos te inclinaste delante de la deuda, delante de los problemas, delante de la enfermedad, delante de la limosna económica? Ahora todo eso se va a inclinar debajo de tus pies.

– Es por un tiempo

Cuando me tiren al pozo, es por un tiempo. Cuando vaya a la cárcel, es por un tiempo. Cuando mis hermanos me vendan, es por un tiempo. Cuando tenga problemas, es por un tiempo. A la larga todos se van a inclinar; hoy estás vos inclinado pero mañana el dinero estará inclinado, los problemas estarán inclinados y hasta tus enemigos estarán inclinados.

– No pierdas la cabeza

No pierdas la cabeza la vas a necesitar cuando venga la bendición. “Pastor, él me dejó, se fue con una de veinte, perdí la cabeza” …¡recuperála! Porque el hombre que se viene es mejor del que se fue y vas a necesitar la cabeza para amar al que viene detrás. “La deuda me sacó la cabeza” …recuperala porque las finanzas que Dios te va a mandar la vas a necesitar para administrar. Porque es por un tiempo.

¿Qué sabía José? Lo tiraron al pozo lo metieron en la cárcel le pasó de todo José sabía Abran mintió Isaac mintió, Jacob mintió, todos pasaron hambre pero José dijo: “yo no, yo he soñado algo de Dios, yo he soñado que todo estará debajo de mis pies y yo he soñado que voy a bendecir a la gente de la tierra y me he llenado del sueño de Dios”. El pozo no pudo entrar y la deuda no pudo entrar y la locura no pudo entrar porque cuando Dios entra primero no hay lugar para más nada.

¿Qué era lo que sabía José? José tenía un sueño: que iba a bendecir a su casa. Hoy vamos a bendecir a nuestra casa, porque hay gente que bendice a los amigos, bendice al jefe, pero no bendice a la esposa, no bendice al esposo. Dice: “dale tonta, dale tonto”, y hay gente que con los demás son buenos pero no con su familia. Y Pablo dice: “si alguno no provee para su casa es peor que un incrédulo”, porque la bendición empieza por casa. ¿Y qué sabía José? José no dijo: “voy a bendecir a todos y mis hermanos que se mueran”, dijo: “yo voy a bendecir a mi casa, yo tengo un sueño y aunque me hayan tirado en el pozo, me metieron en la cárcel, yo tengo un sueño para bendecir a mi casa”. Vamos a bendecir nuestra descendencia.Vas a bendecir a tus padres, a tus hijos, a tus hermanos, a tus cuñados, a tus abuelos.

Diez mil personas escuchando a Jesús; habló como tres días seguidos; y viene Felipe y le dice: “maestro despídelos, no tenemos para darles de comer” y Jesús dijo: “¿qué tienes?” Viene Andrés: “acá hay un nene que nos dio cinco panes” …¿en diez mil personas me van a decir que sólo un nene tenía cinco sándwiches?, ¿de los diez mil nadie tenía ni un poquito de comida? Es como que alguien me diga: “Bernardo despedí a la gente que estás predicando largo…”, y yo pregunto: “¿qué tenemos?”, “eh, cinco caramelos”, …¡¿nadie de acá tiene más caramelos?! Hubo un nene que se animó a salir de la multitud y decir: “no me importa si nadie da nada, a mí me enseñaron a dar porque cuando uno da siempre termina bendiciendo a su casa”. El único nene le dio los cinco sándwiches; yo me imagino los matronios diciendo: “guarda que están pidiendo y te van a sacar el sándwich”, diez mil miserables, ¿sólo un nene tenía cinco panes? Pero cuando le dio de comer a todos dice que ‘sobraron doce cestas’. Quiero que lo veas bien, doce cestas llenas de panes. Y Jesús habrá dicho: “dénselas al nene”, y como ya había terminado la reunión el nene dice: “síganme con las doce cestas, por acá vivo yo”, y lo seguían con las doce cestas. Toda la ciudad va a ver con sus propios ojos cómo te sigue la prosperidad de Dios sobre tu vida. Toda la prosperidad de Dios te va a seguir hasta tu casa y vas a bendecir a tu mamá, vas a bendecir a tu papá, vas a bendecir a tus hijos. Cuando entres a tu casa no vas a llegar con cinco panes sino con doce cestas que el Padre te ha dado para que lleves a tu casa; porque los hijos de Dios no heredamos maldición, heredamos bendición.

La gente miraba… “¿y esas doce cestas?”, “¡era el nene de los pancitos!”, “síganme, era el nene” y seguían al nene. Esa es nuestra herencia: abundancia. Saliste con cinco panes más y Dios te devuelve con doce cestas llenas. Salí de la multitud y marcá la diferencia. ¿O harás lo que hace todo el mundo: tener miedo y esconder? Yo me imagino cuando llegó a la casa y estaba el papá, la abuela, la mamá -esa media mala-, “abuela, traje comida por trece meses” y me imagino que ese nene tendría un hermano de esos malos también… Todo será sobrenatural. “Ustedes dicen, -dice Jesús- que faltan cuatro meses para la cosecha; alcen sus ojos y miren” y cuando Jesús dijo eso el trigo que estaba ahí creció… “ustedes dicen que faltan cuatro meses, miren la coceha: está lista”.

Dios te va a dar lo que estabas esperando cuatro meses antes; parece que no ha crecido pero cuando el Señor te dice: “mirá, mirá que voy a soltar la palabra” aunque en lo natural estaba la semilla, en lo sobre natural la semilla va a crecer a la velocidad de la Palabra de Dios, que ha salido de su boca en bendición a nosotros.

¿Te imaginás?, “alza tus ojos y mira, la cosecha está lista” y cuando miraron creció por la velocidad de la palabra de fe. La palabra de fe siempre es rápida, la palabra profética es rápida porque siempre va delante tuyo para que vos corras detrás de la palabra; nunca la palabra está detrás, siempre la promesa está delante. Cuando José soñó “voy a gobernar, voy a bendecir a mi casa” la palabra estaba adelante, porque José tenía que correr detrás de la palabra.Siempre hay una palabra adelante para que te muevas.

Está Elías en la montaña y cuando ora… sequía total. Y le dice al criado: “fijate si ves alguna nube”; el criado corre, mira, “no hay nada maestro”. “Señor manda lluvia”, “andá a ver de vuelta”, “…nada, no hay nada”. Lo volvió a mandar… “nada” …¡siete veces! El siervo simboliza la fe, la fe la enviás. Y dice que la séptima vez vio una nube como la palma de la mano, chiquitita. Cuando lo vio dijo: “maestro vi una nubecita chiquitita”, “ah, se viene la lluvia”. ¿Por qué dijo eso? Porque él sabe que la palabra es rápida. Lo agarra Acab al rey y le dice: “busca tu carro que se viene la lluvia” y el rey se va con los caballos. Y de pronto llegó la tormenta, porque la palabra te mueve. Vos faltaste un domingo y ya estás atrasado; faltaste el viernes pasado, no viniste, ya estás atrasado. Ya nos movimos. Y algunos hace tres meses que no vienen, pero otros estamos acá y ahora nos vamos para la bendición, y el mes que viene nos vamos para los milagros extraordinarios, y al otro nos vamos para la sanidad divina, y nos movemos. La palabra te mueve, no faltes. Imaginate si el criado no estaba con Elías, llegaba al otro día a la montaña, Elías vine a ver si llueve, y ya llovió… Pero espiritualmente nos movimos mucho más. Movete con la unción, no te pierdas ni un detalle.

El Salmo 1 dice: “serás como árbol plantado”; el árbol es tu árbol genealógico y tus hojas tu descendencia. Tu árbol genealógico estará plantado en las corrientes de aguas. Hoy vamos a cancelar herencia de cáncer, herencia de accidente, herencia de pobreza, herencia de muerte, herencia de violencia; vamos a cancelar todo lo malo que le pasó a un familiar nuestro, no lo vamos a reproducir, vamos a cancelar todas las deudas emocionales.

El Señor le dijo al pueblo de Israel: “celebrarás la fiesta de la cosecha”; había siete fiestas en la Biblia y una de las fiestas era la de la cosecha. No había fiesta para sembrar, porque cuando vos sembrás no hay nada para celebrar, porque vos das pero no ves nada. Cuando cosechás ahí sí hay motivo para celebrar. Y Dios dijo: “quiero que me celebren cada cosecha”. ¿Sabías que cuando llegamos al Señor él hizo fiesta en los cielos? ¿Sabías que Dios te celebró? ¿Sabías que Dios nos ha celebrado esta noche que nos encontramos acá sin importar si viene el diluvio, o quien sea? ¿Sabías que hoy Dios nos está celebrando? Dios celebra toda cosecha, y nosotros vamos a celebrar todas las cosechas, todo.

Moisés le dijo a faraón: “faraón, dice Dios que sueltes a los esclavos porque vamos a ir al desierto a hacer dos cosas: a adorar y dar sacrificio a Dios, las dos cosas”; y faraón se enojó, y dijo: “no los voy a dejar” y no era tan grave… por dos cosas no es tan grave… no le dijo que le iban a hacer un golpe de estado a Egipto. Pero faraón sabía de lo espiritual. Porque hay gente que no tiene a Dios y sabe más de lo espiritual que nosotros; porque faraón sabía que todo aquel a quien vos adores vos lo vas a transformar en tu objeto de adoración. Dice David que ‘el que adora a un ídolo es como el ídolo: tiene ojos y no mira, tiene manos y no hace nada, tiene pies y no camina; pero el que adora a Dios -que sí camina, que sí mira, que sí tiene brazos- vos te transformás como Él’. Faraón sabía que cuando adoramos se nos levanta la estima, nos llenamos de fuerzas en el espíritu; cuando adoramos sentimos la gloria caer sobre nosotros, y cuando damos el diablo sabe que cosechamos y la cosecha es para bendecir nuestra casa. Adorar y dar.

Y faraón dijo: “no, no, no; eso no lo puedo permitir”; y nosotros vamos a adorar. El Señor me dijo que en el Antiguo Testamento adoraban a Dios y su gloria; pero nosotros -que estamos de la cruz para acá- adoramos a Dios y adoramos a su Hijo Jesucristo quien murió y resucitó por nosotros. Tenemos el poder de la resurrección, por eso yo no sé cuanta herencia de maldición ha habido en tu casa, pero vas a salir de faraón y de la herencia de esclavitud y vas a adorar con todas tus mejores fuerzas y cuando adores lo vas a hacer para él. Hay personas que van a una fiesta y se divierten pero nunca se han divertido para Dios. Hay personas que en un lugar son extrovertidas pero en la casa de Dios se cruzan de brazos y dicen: “no, es mi carácter”. Yo te animo a que te sueltes delante del Padre, a que levantes tus brazos delante del Padre y le digas: “al fin de cuentas Papá yo te quiero adorar, porque vine con herencia de maldición, pero te voy a adorar y voy a dar sacrificio de alabanza y voy a traer bendición a mi casa”.

Abraham, Isaac y Jacob pero se levantó un José que cortó la maldición. José trajo pan a las naciones, José bendijo a los hijos y a los hijos de sus hijos, José marcó la diferencia. Cuando alguien maltrata en su casa no tiene pan; cuando alguien bendice en su casa ese es como José, así somos nosotros. Quiero que pienses las cosas malas que han pasado tus papás y abuelos: suicidios, accidentes, muertes, enfermedades que se repiten generacionalmente, divorcios, madres solteras, abusos sexuales, miseria. Quiero que pienses si hay alguien de tu casa con quien vos te sentís en deuda, porque alguien en tu casa te dio algo que nunca te permitió saldarlo, siempre te pasaba la factura que estabas en deuda. Quiero que pienses si alguien en tu casa que te pasó un accidente o algo feo, grave y vos te quedaste mal porque no te pasó nada, y eso lo vas a cortar en el nombre de Jesús confesándolo en voz alta.

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