NAVIDAD y las NEUROCIENCIAS APLICADAS:” Todo lo que vivimos, sentimos y experimentamos está plasmado en nuestro cerebro, y nadie puede negar que en gran parte del planeta las celebraciones navideñas nos alcanzan a todos, independientemente de nuestra religión. Muchos disfrutan del placer de regalar, armar el arbolito y participar de las reuniones de Nochebuena, mientras que otros lo padecen. También se encuentran los espectadores, aquellos para quienes estas fiestas son un simple acontecimiento social. Recientemente, un equipo de la Universidad de Copenhague se propuso realizar una investigación para determinar si poseer o no espíritu navideño tiene correlato a nivel cerebral. Christmas GroupPara ello, invitaron a veinte personas que, en función de sus respuestas a un cuestionario, fueron divididas en dos grupos que denominaron Christmas Group y Non-Christmas Group. Los integrantes del primer grupo habían relacionado la Navidad con momentos felices, con emociones positivas, mientras que los del segundo lo hicieron con un sentimiento neutral o negativo. Luego los invitaron a observar imágenes mientras su actividad cerebral era analizada con un resonador. En los integrantes del Christmas Group se activaron cinco áreas cuando lo que veían estaba asociado con esta festividad, mientras que en los del otro grupo no se produjo tal activación. Estas áreas fueron el lóbulo parietal superior, el lóbulo parietal inferior, la corteza motora primaria, la corteza premotora, y la corteza somatosensorial, relacionadas con los sentidos somáticos y la espiritualidad en varias investigaciones anteriores. A esto debemos sumarle que algo típico del espíritu navideño, el agasajo, nos hace felices. Más aún, la neurociencia ha demostrado que produce más placer regalar que recibir regalos, y que ello aumenta el flujo de algunos neurotransmisores, entre ellos: Endorfina: asociada a la energía y los sentimientos de plenitud (cuando aumenta la producción de endorfinas, se estimula la producción de dopamina). Dopamina: aumenta ante emociones positivas, sentimientos de placer. (Ha sido observado que, segundos antes de realizar la compra de un regalo, se incrementa la liberación de esta sustacia). Serotonina: genera sensaciones de bienestar y relajación. Como a medida que aumenta la segregación de estas sustancias el cerebro se va realimentando en positivo, la típica asociación Navidad-consumo termina siendo reduccionista, mucho más en el caso de las personas creyentes (ha sido demostrado que la felicidad que provocan las experiencias espirituales activa zonas parietales que coinciden con las que se observaron en la Universidad de Copenhague). En el caso de las personas que bufan cuando llegan estas fiestas porque les generan compromisos que quisieran eludir, creo que hay dos opciones que son buenas para su cerebro: Trabajar mentalmente para convertirse en neutrales (como los integrantes del grupo Non-Chritsmas). Liderar los pensamientos y emociones convirtiendo el espíritu navideño en un hecho “positivo”. Recuerden: Cambiar la forma de pensar cambia la forma de vivir. A diferencia de los regalos, aprovechar cada momento de la vida para ser feliz «no tiene precio».INSTITUTO de NEUROCIENCIAS APLICADAS BRAIDOT.

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