UN CURSO DE MILAGROS:texto y audio:”Hay 2 formas de ver la vida:una es creer que no existen los milagros, y la otra es creer que todo es un milagro”Albert Einstein.

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BERNARDO STAMATEAS NOS ESCRIBIO. Como pelear por tu familia‏

 

Te enviamos nuestro Mensaje de Éxito del día 16/8/2012
Cómo pelear por tu familia
por Bernardo Stamateas

Marcos 14:50-52 Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Cierto joven que se cubría con sólo una sábana iba siguiendo a Jesús. Lo detuvieron, pero él soltó la sábana y escapó desnudo.

A Jesús lo van a arrestar, huyen todos, literalmente desaparecieron y queda un muchacho joven tapado con una sábana. Era la madrugada, se ve que escuchó el barullo de los soldados que iban a agarrar a Jesús, se levantó de la cama, agarró la sábana, se tapó con la sábana y fue a ver qué pasaba. Y seguía a Jesús. Y todos huyeron y los soldados romanos le tiraron la sábana y el muchacho salió huyendo desnudo.

Hoy toda mi familia va a salir de lo malo para entrar a la bendición.
El primer principio que te quiero enseñar es honrar a nuestros padres. Dios le dio los diez mandamientos a Moisés. Los primeros cuatro eran relación con Dios, no tendrás dioses delante de mí, no te harás imagen de mí y en el quinto mandamiento dice, honra a tu padre y a tu madre, y después siguen los mandamientos, pero ahora es con respecto a la gente. No robarás, no cometerás adulterio, etc. O sea que en el medio de los cuatro primeros mandamientos, en el quinto dice, honra a tu padre y a tu madre. Después vienen los otros cinco.

En el medio dice, honra a tu padre y a tu madre. ¿Por qué puso en el mandamiento quinto honra a tu padre y a tu madre? Porque el que sabe honrar a los padres, sabe llevarse bien con Dios, manejar el mundo espiritual y sabe llevarse bien con la gente, el mundo emocional natural.
Honrar a los padres quiere decir hacer las paces con los padres, quiere decir perdonar a los padres, quiere decir, Señor, si aprendo a caminar en paz con mis papás, voy a poder manejar los mandamientos divinos sobrenaturales y voy a poder manejar los mandamientos naturales.
A los diez mandamientos, ¿en qué número les dijo honra a tu padre y a tu madre? En el quinto. Dice, honra a tu padre y a tu madre. ¿Pero cuándo le dio los diez mandamientos a Moisés? En el desierto. ¿Y los papás qué hacían con sus hijos en el desierto? Nada. ¿Les daban comida a los hijos en el desierto? No, porque Dios le mandaba maná. ¿Les daban zapatos los padres? No, porque se los hacía crecer Dios. ¿Les daban ropa nueva? No. O sea, en un contexto donde los padres no le daban nada a los hijos, Dios les dice, honra a tu padre y a tu madre.

Porque tenés que hacer las paces con tus papás, sin importar si te dieron o no te dieron, si te bendijeron o no te bendijeron, honra a tu padre y a tu madre. Alguna gente dice, no puedo honrar a mi papá, a mí me abusó, a mí me maltrataron, a mí me abandonaron. Pero Dios les da eso en ese contexto, donde los padres no le dieron nada, porque Dios dice, si querés recuperar a tu familia, tenés que perdonar, tenés que honrar, tenés que reconocer. ¿A quiénes, si los papás no les dieron nada? A los que te dieron la vida.
Tus padres naturales y espirituales son los que te dan vida. Y tenés que aprender a honrar al que te imparte vida, no diciéndole, papá, mamá, papito, sino honrando, diciendo, me han impartido algo de vida, yo honro a esa persona. Y si mis padres me impartieron la vida, con eso me alcanza para honrarlos.

Honrar a los padres. ¿Hiciste las paces con tus papás, estén vivos o no? ¿Has hecho las paces con ellos, los has perdonado, los has soltado de tu corazón? ¿Has sabido reconocer delante de Dios y de ellos las cosas buenas que te han dado? Porque dice que este es el único mandamiento con promesa.
Honra a tu padre y a tu madre para que vivas muchos días. O sea que si honramos a nuestros papás, la recompensa es vivir muchos años. ¿Por qué? Porque cuando los hijos en el desierto cuidaban a los papás viejitos, ¿qué tenían que invertir en los papás? Tiempo, y Dios le dice, hijo, si invertís tiempo para cuidar a tus papás mayores, yo te voy a pagar con larga vida, con más tiempo. Todo el tiempo que hayas invertido en perdonar, en amar, en honrar a tus papás, hayan hecho lo que hayan hecho, Dios te lo va a pagar con larga vida.

¿Y eso que quiere decir? No quiere decir, ah, mis papás eran geniales, cuando tus papás te lastimaron. Quiere decir, sé que me lastimaron, sé que me abusaron, me hubiese gustado que mi mamá me abrace, me hubiese gustado, pero me dieron la vida, con eso me alcanza, los perdono, los honro. Hicieron hasta donde pudieron, los bendigo y entonces Dios dice, estás listo para manejar mandamientos sobrenaturales y mandamientos naturales para que te vaya bien.
Hoy perdono, me desato de todo lo malo que mis padres me hayan hecho, y los bendigo. Hoy los honro por la vida que me han dado y declaro que bendición habrá en mi casa, amén y amén.
Mi papá está internado en la clínica, ya en la recta final, y hoy oraba al Señor y dije, Señor, gracias que me has permitido honrarlo. La iglesia lo ha honrado, lo hemos bendecido, te doy gracias, Señor.
Bendecí a tus padres, no importa lo que hayan hecho, lo que haya pasado. Hacé las paces con ellos, con los papás internos que están dentro nuestro. Tal vez alguno se fue, mamá se murió, pero están todavía adentro. Hacé las paces con ellos porque larga vida es la promesa del Señor.
Ahora les voy a hablar a las parejas. Vamos a recuperar a los mejores matrimonios, los vamos a tener en Presencia de Dios. Las mejores familias van a nacer de esta casa. Y te voy a enseñar cómo recuperar tu matrimonio y tu pareja.

Lo segundo, construir. Y esto que te voy a contar me impactó mucho. Lo leí de una psicóloga norteamericana, se llama Shirley Glass. Ella dice que el 60% de los matrimonios en que hubo infidelidad se amaban y se llevaban bien.
Hoy la mitad de los matrimonios se separan o han pasado por infidelidad. Ella dice que descubrió que la gran mayoría de las infidelidades no es porque había un problema de la pareja, sino que la pareja se llevaba bien, pero que no habían sabido construir ventanas y paredes. Ventanas y paredes.

Y me impactó eso y te lo quiero compartir, porque me parece algo extraordinario. ¿Qué quiere decir ventana? La ventana representa la intimidad. Yo tengo que pactar con mi esposa, con mi esposo, sinceridad a rajatabla. Eso quiere decir abrir la ventana y prometernos que nos vamos a decir la verdad con sinceridad siempre, que no nos vamos a esconder nada, porque si no hay ventana, no podemos entrar en el mundo del otro.
¿Qué pasa cuando no hay ventanas? Uno no se abre. El hombre se está matando trabajando todo el día y la mujer se siente sola. El hombre cree que con lo que está haciendo está construyendo su matrimonio hasta que ella se manda a mudar con otro o él se manda a mudar con otra. Y dice, ¿qué pasó, por qué mi pareja está mal? Porque no hay ventana, no hay sinceridad, no hay compartir.

Hablar de nosotros, cómo nos está yendo, qué pensás de la pareja. Cuando una mujer dice, tenemos que hablar de nosotros, los hombres dicen, no, cortala, qué tenemos que hablar. Porque a las mujeres les gusta sermonear también, y eso no es ventana. Ventana es hablar cada día, día por medio, etc., pero tener la comunicación abierta. Ser sinceros. Hablar con claridad lo que nos duele, lo que no nos gusta, lo que nos gusta. Ventana.
Lo segundo es que hay que levantar una pared. ¿Qué quiere decir una pared? Contra los terceros para que no vean nuestras ventanas. Los de afuera son de palo, no tienen que ver nuestra intimidad. Los límites quieren decir que voy a mantener paredes, límites, con mis amigas, con mis amigos. La infidelidad el 90 por ciento es con compañeros del trabajo.

¿Y entonces qué hace uno? Y dice esta autora, hay que poner pared. Por ejemplo, nunca hagas un chateo erótico con un amigo o con una amiga. Nunca fantasees sexualmente con un amigo o con una amiga. ¿Por qué? Porque entonces no tenés pared.
No vayas a hacer algo solo que después te avergonzarías. Dice, por ejemplo, ¿qué pasaría si tu relación con tu amiga o con tu amigo se filmase y la viese tu esposa o tu esposo? ¿Te gustaría? ¿Cuándo estás con ese amigo o con esa amiga, sos distinto que cuando estás con tu esposa o con tu esposo? ¿Sos de contarle más a los de afuera los problemas que los problemas propios de la pareja a tu pareja?

Mucha gente dice que tienen ventanas de intimidad pero no hay puestos muros. No ponen límites para decirle que no a determinadas cosas, a decirle que no al coqueteo, decirle hasta ahí, eso no. Ni de mi parte ni de la parte del otro. Esos límites nos protegen.
¿Qué pasa cuando ese muro en vez de tenerlo para afuera lo ponemos en medio de la pareja? Ya no podemos ver la ventana del otro. Giramos y buscamos una ventana de afuera. Y ahí viene la amante o el amante. El muro ahora está en la pareja. Tenemos una vida secreta, hay algo que no saben, ahora salgo a desayunar con mi amiguita, con mi amiguito. Porque ahora el muro está en el lugar equivocado.
¿Entonces, qué tenemos que hacer? Agarrar el muro y aprender a poner límites. Y mantener las ventanas abiertas para compartir y ser sinceros.

Yo hablé en el canal sobre infidelidad por cuarenta minutos. Y me entraron cientos de mails. Y desperté y dije, ¿qué está pasando con las familias? Satanás se está haciendo un picnic. No alcanza con que pongas ventanas y no tenés pared, porque vas a tener intimidad, pero vas a coquetear, vas a chatear de más, vas a salir a hacer cosas que no hay que hacer. Y no sirve tener pared, poner límite a los demás pero no tener intimidad. Hay parejas que se separan y ella dice, no sé por qué me dejó. No entiendo. Tenías la ventana cerrada. El hombre llora, dice, me abandonó. ¿Por qué? Un ataque del diablo. No, cerraste la ventana, dejaron de compartir. Construir.
Honrar a los padres, construir la pareja. Pactá con tu esposa, con tu esposo. Los novios, pacten sinceridad. Vamos a hablar lo que nos gusta, lo que no nos gusta, los que nos molesta, sin retarnos, sin sermonearnos, sin repetir las cosas. Pero vamos a tener las ventanas de la intimidad, y vamos a poner límites. No al coqueteo, nada secreto que no podamos hacer si nuestra esposa o nuestro esposo se enterasen. Eso se llama construir y lo hace la gente inteligente, porque si querés formar una pareja, formala y construila bien.

Si queremos salvar a la familia, bendecir a la familia, necesitamos poner ventanas, ser sinceros y levantar muros, no hacer nada, imaginarnos que nos están filmando la relación con nuestra amiga, con nuestro amigo, nuestro jefe, nuestro compañero de trabajo. Si ese video lo viésemos en casa, ¿tendría vergüenza, me arrepentiría de algo? Cuidar los muros, mantener las ventanas. Construir.
Guerra espiritual es conquistar el botín. Voy a tomar el botín de mi mente, voy a tomar el botín de la prosperidad, voy a tomar el botín de mi familia, voy a tomar el botín del gozo, voy a tomar todo lo que es mío, lo voy a tomar con la guerra espiritual.

A Jesús lo vienen a buscar para llevarlo a la cruz. Y hay un muchacho tapado con la sábana. Todos huyeron pero este muchacho se quedó un poco más y estaba mirando.
Lo primero que te quiero decir es que hay gente que sigue a Jesús que se viste de manera distinta a como te vestís vos. Algunos se visten raro, pero aman al Señor. Adoran de manera distinta que nosotros, pero aman a Jesús. Oran de manera distinta, tienen hábitos distintos, no piensan como pensamos nosotros, los discípulos, pero también aman al Señor. No critiques al que viste distinto.
Era un joven pero no dice el nombre. El único evangelio que nombra esto es Marcos. Algunos dicen que era Marcos, pero no dice que era Marcos. ¿Por qué no dice el nombre de este muchacho tan raro que está a la madrugada tapado con una sábana, desnudo, siguiendo al Señor?
En primer lugar dice joven. ¿Jesús cómo era? Joven. Acá hay algo común que tienen este joven y el joven Jesús. Jesús murió a los 33 años, murió joven. En segundo lugar, los soldados quisieron apresar a este joven, los mismos soldados que apresaron a Jesús. Hay otra cosa en común. A los dos los veían a buscar los soldados. Lo tercero que tenían en común es que uno tenía una sábana, dice el original, de lino. Y Jesús tenía una túnica de lino, de un hilo. La otra cosa que tienen en común es que a este joven le agarran la sábana y sale huyendo desnudo y Jesús, cuando le sacan la túnica, muere en la cruz desnudo.

Este muchacho está puesto acá para compararlo con Jesús. Eran los dos jóvenes, los dos están en el mismo lugar, a los dos los buscan los soldados romanos, los dos tienen una túnica, a los dos se la sacan. Pero hay una diferencia, que uno fue a la cruz a morir, y el otro se escapó. Eran jóvenes, eran varones, tenían túnica, los buscaban los soldados, quedaron los dos desnudos, uno ahí y el otro en la cruz cuando murió. ¿Pero cuál es la diferencia? El final. En el final uno va y derrama su sangre y el otro no derrama su sangre. Uno muere y el otro vive.
Había una ofrenda que hacían los judíos, se llamaba la ofrenda de la expiación. Nosotros no entendemos el pasaje, pero cualquier judío que lee esto lo entiende. ¿Qué hacían en el día de la expiación? Para perdonar los pecados traían dos cabritas, dos cabras. Echaban suertes, y una de esas cabras la mataban para el perdón de los pecados. Y a la otra cabra la soltaban con vida.
¿Qué simboliza este joven? A vos y a mí. Jesús fue a la cruz a morir por nosotros para que podamos vivir y ser libres, tener victoria y perdón. ¿Sabés quién es este joven? ¿Por qué no tiene nombre? Sos vos y soy yo. A ambos nos quería matar el pecado, pero el Señor fue y derramó la sangre para que yo pueda escapar y ser libre.
¿Cuál es el secreto de la guerra espiritual? Jesús murió por mí y si él murió por mí, soy libre, tengo victoria, tengo perdón, tengo gloria, tengo unción, porque alguien fue para que yo escape, sea libre, tenga victoria, y mi familia sea bendecida.

El secreto que le voy a estampar en la cara al enemigo es que él fue a la cruz y murió por mí. Y porque Jesús murió por mí, ahora estoy con vida, ahora estoy libre por él. Recordale la cruz al enemigo. Cuando veas la deuda, decí, Jesús murió por mí para que este joven pueda huir con vida.
Cuando Jesús murió, José de Arimatea compró una sábana blanca, lo envolvió y lo metió en la tumba. Y este joven también tenía una sábana blanca. Y Jesús estuvo en la tumba y resucitó. Cuando resucitó, se sacó la sábana y la dejó dentro de la tumba para que se la lleven los soldados romanos.

Dejar la sábana simboliza no sólo que Jesús murió por mí, sino que Jesús resucitó y dejó la sábana. Quiere decir resucitó. Y cuando a este joven le sacaron la sábana simboliza que también vamos a resucitar, que vamos a tener vida y vida eterna.
¿Las sábanas qué representan? Representan lo humano, lo que compramos, lo que hoy tenemos. Tu vida va a quedar aquí en la tierra. No nos vamos a llevar nada. Eso es la sábana. Hoy la sábana nos envuelve un poco. Representa las finanzas, representa la casa, representa lo que nos cubre. Eso va a quedar acá porque nos vamos a ir con Cristo para la vida eterna. Y un día vamos a dejar todo nosotros también y la promesa de los hijos de Dios es que tenemos vida y vida eterna.
Jesús murió por mí y porque él murió por mí yo ahora tengo vida y cuando parta, vida eterna también. Ese es el secreto de tu victoria.
Jesús murió por mí. Y cuando la sábana quede acá, vamos para siempre con él. Ese es el secreto. Pegale con eso al diablo. Jesús murió por mí y resucitó. Yo tengo vida.

Honro a mis padres, hago las paces con ellos, construiré a mi pareja con sinceridad y con límites. Voy a recordar el secreto de la guerra espiritual, él murió y yo tengo vida.Si este Mensaje te ha ayudado, envianos tus comentarios haciendo click aqui y compartilo en las Redes Sociales haciendo click debajo

ENTRENATE PARA TRIUNFAR.,con LIC. MARRA‏

BERNARDO STAMATEAS NO ESCRIBIÓ : CÓMO FUNCIONA LA FE

 

Te enviamos nuestro Mensaje de Éxito del día 9/8/2012
Cómo funciona la Fe
por Bernardo Stamateas

Juan 20:3-5 Pedro y el otro discípulo se dirigieron entonces al sepulcro. Ambos fueron corriendo, pero como el otro discípulo corría más aprisa que Pedro, llegó primero al sepulcro. Inclinándose, se asomó y vio allí las vendas, pero no entró.

La emoción no mueve a Dios, el llanto no mueve a Dios, la tristeza no mueve a Dios, a Dios lo mueve la fe. Y la fe no es una emoción. La fe es una seguridad, es una determinación que lo que Dios te prometió, Dios lo va a cumplir.
Y quiero hablarte de los distintos niveles de fe. La fe mueve la mano de Dios. La fe hace que el milagro venga completo a tu vida.

Había un paralítico y Jesús le dijo ¿tiene fe? Y el paralítico caminó. Dios te da los milagros completos cuando tenés fe. Preparate para ver la casa completa en tu mano, el milagro completo en tu cuerpo, el coche completo, la familia bendecida completamente, porque la fe hace que el milagro venga completo. ¿Cuántos de los que estamos acá hemos recibido un milagro completo de parte de Dios? ¿Pero por qué a  veces no sucede?

La fe a veces te da el milagro completo y a veces te lo da de a poco. Jesús les sopló el Espíritu Santo a los apóstoles y cincuenta días después cayó el bautismo del Espíritu Santo. ¿Por qué les sopló, reciban al Espíritu Santo? Porque era el anticipo de lo que iba a suceder 50 días después.
Eso poquito que has recibido es el anticipo de que en 50 días te va a venir el milagro completo. Esos dos pesos que encontraste en la calle son el anticipo de los 200.000 dólares que Dios va a poner en tu mano. Esa tuerca que encontraste es el anticipo de que el coche completo va a venir a tu mano. Ese abrazo que te dio tu hijo es el anticipo de que toda tu casa va a ser bendecida, porque a veces Dios te da el milagro completo y a veces te lo da de a poquito, pero que el milagro viene, el milagro viene.

De chiquito me enseñaron de Jorge Müller. Era un pastor inglés. Fue a un orfanatorio y vio 100 chicos muertos de hambre. Tenía dos pesos y él oró a Dios y le dijo, Señor, yo sé que me vas a levantar para adoptar chicos huérfanos. Y dio de comer a 10.000 chicos en toda su vida. Sostuvo cantidad de orfanatorios. Y ese hombre escribió su biografía con miles de páginas que incluían 30.000 oraciones que Dios le respondió. Ese hombre tenía dos pesos, pero sabía que los dos pesos era el anticipo de que le daría de comer a multitudes.
Yo te digo algo, cuando salgas de acá y encuentres un trozo de ladrillo levantalo y saltá, porque es el anticipo de la casa que Dios te va a dar. Si encontrás la llave, decís, este es el anticipo de la casa de fin de semana que Dios me va a dar, porque a veces el milagro te lo da completo, a veces te lo da de a poco, pero el milagro va a estar en tu casa.
La fe mueve la montaña. Yo te digo que la fe te va a mover montañas, enfermedades hereditarias, problemas ancestrales, eso que no te dejaba avanzar y no te dejaba ver, Dios lo va a mover de un plumazo en este año, porque la fe mueve las montañas de enfrente nuestro. Preparate para ver montañas moverse. ¿A cuántos Dios nos movió una montaña?

A veces la fe mueve la montaña y a veces la fe no mueve la montaña, pero te da fuerzas para que la escales y la atravieses en el nombre del Señor. Cuando la fe no mueve tu deuda es para que la saltes. Cuando la fe no te da el milagro es para que lo atravieses. Los personal trainers, físico culturistas, te ponen más peso para que liberes potencial. Cuando Dios no te mueve la montaña, no te sientas culpable, es que las fuerzas que Dios te va a dar por la fe te van a hacer saltarlas y atravesarlas en el nombre poderoso del Señor.
Jesús le dijo a Dios, Padre, pasa de mí esta montaña. Tenía que ir a morir al monte Calvario y el Padre le dijo, no la voy a mover, vas a subir a la montaña, y la vas a atravesar. Y Jesús subió al monte, murió por nosotros y ha resucitado. Si él saltó al monte de la muerte, cuánto más vos y yo vamos a saltar el monte de la deuda, el monte de los problemas. Por eso cuando alguien diga, ¿qué pasa que Dios no te responde? A veces Dios te da todo completo, a veces te lo da de anticipo, a veces te mueve la montaña y a veces te mueve a vos a que saltes la montaña, pero que la victoria es nuestra, es nuestra en el nombre del Señor.
La fe es para malos momentos. Soltá fe. No te quejes. No llores, porque la lástima, el llanto, el victimismo no sana, no hace nada. La fe es para los malos momentos. Y cuando estás mal soltás fe.

Jesús va y le dice a un paralítico, ¿qué quieres que te haga? Dijo, quiero ver. ¿Por qué Jesús le pregunta a un ciego, qué quieres que te haga? Para que suelte la fe. Por eso el Señor quiere que hables la fe, que la sueltes en los momentos malos. Y yo te digo algo, en los momentos malos se vienen los mejores milagros.
Jesse Duplantis no tenía ni para comer y escuché de él que con los últimos pesos que tenía fue a meterle combustible al coche. Cuando está pagando, sacando sus últimos dólares, dice que pasa un avión por el cielo y Dios le dice, mirá, te daré un avión. Y Jesse Duplantis le dice, no quiero el avión, quiero cinco dólares para pagar el combustible. Y él dice, en tu peor momento Dios te va a dar tu más grande visión. Y ahora tiene tres aviones.

Yo te digo algo, en tu peor deuda se van a venir los mejores negocios, en tu peor enfermedad se van a venir los sueños más grandes y en lo peor de tu vida económica se viene un avión volando y Dios te dice, esa será mi próxima bendición en los malos momentos.
Ahora, la fe no sirve solo para los malos momentos. Sirve para los buenos momentos. Porque hay gente que viene acá y cuando pasa ¿por qué querés que oremos? Estoy mal, no tengo plata. Pero tenés que usar la fe también para los buenos momentos. Conseguiste tu casa, ahora andá por tu coche. Conseguiste tu familia, ahora andá por la otra casa. O sea, usá la fe para lo bueno, no sólo para lo malo. Por eso, cuando bajamos, saludamos con Alejandra, la gente nos dice, pastor, Dios me sanó. ¿Qué les decimos nosotros? Ahora andá por más, usá la misma fe que te dio algo bueno para que te dé otra cosa más buena.
La fe es personal. Tenés que soltar fe, hablar fe. Jesús le decía al paralítico, ¿qué quieres que te haga? Jesús quería escuchar. La fe es por la boca. La fe no es un pensamiento, la fe pide, la fe habla. Pero hay veces en que no tenemos fe personal. Entonces el milagro viene por la fe de los demás. Cuando no tengas fe, rodéate de un par de gente que tenga un poquito de fe y usá su fe.
Había cuatro que tenían fe, cargaban con un paralítico. Y el paralítico no tenía fe, tenía las piernas rotas, la fe deshecha. Pero cuatro tenían fe y lo llevaron delante de Jesús y Jesús, al verle la fe de los cuatro, levantó al paralítico.
Porque hay milagros que te van a venir por tu fe y hay milagros que te van a venir por la fe de los que te rodean. Por eso nos reunimos acá, vamos a los grupos de crecimiento, para usar la fe. Cuando a mi me saludan, yo imparto fe ahora. Yo soy una persona de fe. Cuando bajo y viene alguien y me dice, pastor, vamos por más, yo guardo esa fe. Esa fe me va a dar a mí un milagro. Vos guardá fe.

Cuando saludes a alguien, impartile fe, porque aunque no tengas fe, porque tenés un problema, o una enfermedad, se te fue la fe, Dios te va a poner cuatro que te van a cargar en los hombros de la fe. Porque el milagro va a venir, o con tu fe o con la fe de los que te apoyan. El milagro va a venir.
La fe me da mi deseo. Dice, deléitate en el Señor y te dará los deseos de tu corazón. ¿Cuántas desean comprarse ropa nueva? Dios te lo va a dar. ¿Cuántos desean viajar? Dios te lo va a dar. La fe hace que se cumplan los deseos de tu corazón.
David un día tenía ganas de tomar agua mineral de Jerusalén. Estaban en guerra y un par de locos que estaban al lado de él de fe dijeron, David quiere un poquito de agua mineral de Jerusalén. Y se fueron, tomaron un poco de agua y se la trajeron.
Hasta la marca de gaseosa Dios la va a mandar a buscar y traerte porque dice la Biblia que Dios va a cumplir los deseos de nuestro corazón. ¿Hay deseos en tu vida? Preparate que Dios te los va a dar a través de la fe. ¿Cuántos deseos Dios nos ha cumplido a algunos de nosotros? Ahora, ¿cuántos tenemos deseos que Dios no nos dio? La montaña a veces se mueve y a veces hay que escalarla. El milagro viene completo y a veces viene de a poquito. La fe a veces es mía y a veces es de otro.

Y a veces la fe me da mi deseo y a veces el deseo de Dios. Por eso le estás pidiendo algo y Dios no te sana. Y decís, ¿por qué no me sana? Porque está sanando otra área. Tal vez la relación con tus hijos. Decís, ¿por qué Dios no me da el negocio? Porque está sanando tu fortaleza.
A veces Dios no te da el deseo porque si te lo da te puede lastimar. Entonces Dios trabaja en otra área, sea con tu deseo, o con el deseo de él, siempre Dios te está dando algo. O sea, Dios te va a dar tu deseo o te va a dar otro deseo.

A veces la fe te da milagros impresionantes. Preparate para que veamos milagros extraordinarios. Yo declaro, ya lo vimos, pero lo vamos a ver de a mucha gente, los paralíticos levantarse, los ciegos ver, los órganos ser recreados. Yo declaro que en medio de la alabanza vamos a escuchar el sonido de los huesos enderezarse, tener órganos creativos, funcionar, sangre ser limpiada, enfermos ser levantados. Preparate para ver milagros de impacto.
¿Sabés qué es un milagro de impacto? Cuando Dios se hace presente delante para dar cosas gloriosas, para que nadie termine dudando, ahí estuvo la buena mano del Señor todopoderoso. La fe trae milagros impactantes. Ya hemos visto y vamos a ver más.
Se estaba muriendo el perrito y la chica le había orado y se moría. Y el Señor le dijo, abrí mi palabra y soltale palabra al perro. Y abrió la Biblia y dijo, Señor, donde me guíes. Jeremías 33, puso el dedo, clama a mí y te responderé. Puso el dedo más abajo, haré sanidad en medio de tu casa, y cuando le leyó esa palabra al perrito, el perrito pegó un salto y se sanó. Preparate porque vamos a ver cosas raras.

Vamos a ver la casa bendecida. Leí de un pastor de una iglesia chiquita, 300 miembros. Estaba arrancando, pero tenía atrás una montaña. Y el pastor justo estaba predicando y lee donde dice, si tuvieras fe le diréis al monte que se mueva y se va a mover. Para ahí el mensaje. Hermanos, vamos a orar, esta montaña que está acá atrás Dios la va a mover y vamos a tener una playa de estacionamiento. ¡Amén! Hoy a las 10 de la noche todos los que quieran venir nos vamos a encontrar a orar.
A las 10 de la noche vienen los 300, empiezan a orar, montaña, muévete, montaña te vas, montaña, fuera, montaña, sal. Tres horas orando a los gritos. A las tres horas, el pastor dice, amén. El Señor me dice que la montaña se movió. Salen todos, miran detrás y la montaña estaba ahí. Y dicen, pastor, hace tres horas que estamos orando. Y dice, iglesia, vete a dormir, la montaña se movió.
El lunes le golpean la puerta al pastor. Hola, soy un arquitecto, estoy haciendo un shopping acá a varias cuadras. Necesitamos tierra para edificar. Le compramos la montaña. Se la vamos a alisar, le hacemos un estacionamiento, encima le pagamos y lo hacemos. Y el pastor dijo al domingo siguiente, la montaña se movió, se movió de verdad.

Preparate para ver cosas impactantes. Una chica va caminando. Dios le dice, parate acá, golpeá. Golpea, sale una mujer mayor. Le dice, acá hay una persona enferma. Dios me dice que la va a sanar. La mujer la mira y le dice, somos budistas. No importa quienes son, traigo una palabra del Dios todopoderoso. Entró, el chico tenía 16 años, estaba agonizando en la cama. La chica le oró, se levantó, fue sanado y hoy es el pastor de la iglesia más grande de todo el mundo, Paul Yonggi Cho.

Yo te digo, preparate porque Dios te va a mostrar la casa, te va a mostrar la gente, te va a mostrar la oración, te va a mostrar las conexiones, y vamos a ver milagros impactantes.
¿Cuántos vimos un milagro impactante? Pero a veces la fe no te da un milagro impactante, te da un milagro normal, pero sigue siendo un milagro. ¿Por qué al Faraón de Egipto no le impactó que Dios abra el Mar Rojo? Porque Dios mandó un viento. A la noche sopló un viento, se abrió el mar. Pero Israel sabía que detrás de ese viento, detrás estaba Dios. Hay milagros en que Dios está delante y son impactantes y hay milagros que Dios se pone atrás anónimamente y te va a soplar desde el este y el mar que no te dejaba atravesar lo vas a atravesar.
Hay gente que te va a mandar un mail esta semana, de contrato, de aumento de sueldo. Hablé con mi jefe, te contratan, te regalan la casa. Parece todo normal pero sabés que detrás de ese viento es la buena mano todopoderosa del Señor. Eso lo hace la fe.
Había un ateo y un cristiano que iba para el campo, un hombre sencillo pero lleno de fe. Y se le acercó y dijo, ah, me voy a divertir un poco con este. Entonces se le acerca y dice, ¿a dónde va, señor? Voy a adorar al buen Dios. Ah, yo soy ateo, soy un investigador de todas las Escrituras. A ver si usted me responde esta pregunta. Dígame. ¿Qué tan grande es el Dios que usted adora?, para burlarse.

Y el hombre lo miró y le dijo, el Dios que yo adoro es tan grande, tan grande que los cielos de los cielos no lo pueden contener. Y es tan pequeño, tan pequeño, que puede estar en mi corazón y caminar conmigo. Y eso fue tan impactante para el ateo, que se entregó al Señor.
Preparate. Dios te va a usar para avergonzar a los que te quieren avergonzar, para humillar a los que te quieren humillar y ver la mano poderosa del Señor en actos naturales, normales, pero que sabés que detrás es Dios soplando el viento del este a tu favor.
¿Cuántos tienen fe? Fe, necesitamos fe. Hay gente que sirve mucho a Dios pero no tiene fe. Hay gente que alaba mucho a Dios pero no tiene fe. Hay gente que llora mucho delante de Dios, pero no suelta fe. Y  tenés que aprender a soltar fe. La fe a veces te mueve la montaña, a veces no la mueve, a veces el milagro es completo, a veces de a poquito, a veces impactante, a veces es natural, a veces es tu fe, a veces es la de otros, pero que el milagro viene, en el nombre del Señor, viene.

Y acá quiero soltarte lo último. Es de noche, de madrugada, todos están durmiendo un domingo. Viene alguien a los gritos, desesperada, grita y a los apóstoles les dice, se robaron el cuerpo del Señor. Y Pedro y Juan se visten rápidamente y salen corriendo para la tumba. Y dice que Juan era más joven que Pedro. Fueron corriendo y Juan llegó primero a la tumba.
Lo primero que tiene la fe, es como Juan, velocidad. Juan llegó rápido a la tumba. Dios te va a dar velocidad. Velocidad para creerle a Dios, velocidad para hacer negocios, velocidad para tomar decisiones, velocidad para soñar cosas grandes, velocidad para levantarte de las crisis. Por eso me gusta David. David dice, Padre, me persiguen, no aguanto más, pero tú eres mi fortaleza, el pronto auxilio que me levanta. Al cuarto versículo ya estaba arriba. Dios te va a dar la velocidad de David, para que en medio de lo malo te levantes rápidamente, hagas negocios rápidamente, sueñes rápidamente y rápidamente crezcas en el nombre del Señor.

Tenés que ser rápido. Hay muchos de ustedes que Dios los va bendecir grande, porque la fe agrada a Dios, porque muchos de ustedes estuvieron escuchando ahora y dijeron, esa promesa es para mí, esa montaña la voy a mover, la voy a escalar, la voy a pisar, pero el milagro es mío. Y fuiste rápido.
Tenés que sacarte todos los pesos y ser rápido, moverte rápido, caminar rápido, soñar rápido, decidir rápido, sacarte la burocracia espiritual y moverte rápido.
Y detrás viene Pedro. Juan se paró en la puerta de la tumba, pero Pedro entró, porque lo segundo de la fe es el riesgo. Pedro representa el riesgo. ¿De qué te sirve ser rápido y pararte en la tumba? Tenés que ser arriesgado, tenés que jugarte. Por eso las mujeres usan tanta fe, son más arriesgadas. La fe es arriesgada, la fe te da velocidad y te da riesgo. Animate a soñar, animate a viajar, animate a formar la familia. Joven, animate a marcar la diferencia, animate a mostrar lo que es un verdadero hijo de Dios. Arriesgate a eso. Arriesgate.

Fe es Juan, velocidad y Pedro, riesgo. Yo soy más Juan, soy velocidad. Gastón es riesgo y cuando nos juntamos, hacemos cosas grandes, porque eso es la fe. Lo llamé a mi papá y le dije, papá, voy a hablar de Pedro y Juan. Me dijo, nunca corras solo, siempre con un Juan o con un Pedro. No estés solo en la vida cristiana. Si sos muy Juan, rápido, buscate un Pedro. Y si sos como Pedro, buscate un rápido Juan. Pero hagamos equipo. Y pedile a Dios tener a Juan y a Pedro adentro. Rapidez, pero no para lo malo.
Yo soy veloz, pero Alejandra es riesgo, por eso somos un buen equipo. Alejandra es arriesgada. Tenés que arriesgarte. Yo he orado para que Dios nos haga rápidos. Sé rápido para lo bueno, rápido para crecer y arriésgate, corré la carrera.
Y te digo algo, vas a entrar a la tumba que nadie se atreve a entrar. La tumba de Osho, está con Osho, la tumba de Buda está con Buda y la de Mahoma con Mahoma. Pero la de Jesús está vacía, ha resucitado.

Dice Salomón, si buscás en la sabiduría como buscas la plata, la sabiduría te abrazará y te dará todas las cosas. Sé rápido para las cosas de Dios, sé rápido para perdonar, sé rápido para olvidar, sé rápido para mirar adelante, sé rápido para levantarte, sé rápido para congregarte, sé rápido para adorar, sé rápido para dar gracias, sé arriesgado.
Pedro se metió y miren qué lindo lo que hizo Jesús. Dejó la túnica en la entrada, pero el sudario de la cabeza lo dejó más adentro. ¿Sabría Jesús que Pedro iba a entrar? Porque el que más entra al fondo, más revelación de bendición tiene. ¿Te vas a arriesgar a meterte donde otros no se meten? Gracias a Pedro y Juan, ellos salieron y dieron la noticia más linda y todo el mundo se animó a ir a la tumba y ver que la tumba está vacía. Eso es fe. Fe es velocidad y fe es arriesgarse. Velocidad, riesgo, eso es fe y fe mueve la mano de Dios.

En vez de volverte loco agradando a la gente, es más fácil agradar a uno que a un montón, usá la fe. Sin fe es imposible agradar a Dios, porque dice la Biblia que los que se acercan a él tienen que creer por fe, y fe no es una emoción.
Yo estoy cansado de la gente que me dice, siento que tengo fe. La otra vez me dijo una chica, yo sentía que iba a sanar a mi amiga. Llamé a mi amiga y no la sanó, ¿por qué, pastor? Porque lo sentiste, porque fe no es sentimiento. Fe no es piel de gallina. Fe tampoco es no sentir nada.
Fe es la convicción, la seguridad, de que lo que no ven tus ojos, lo ve tu espíritu. Fe es la determinación, es la seguridad, la convicción que lo que Dios te prometió, Dios lo va a hacer, sea moviendo la montaña o escalándola con tu fe o la fe de otro, de a poquito o completo, con impacto o sin impacto, como sea, con tu deseo, con el deseo de Dios, la fe trae el milagro. Eso es la fe.
La fe es una actitud. La fe es un estilo de vida. La fe es una manera de caminar, que te hace veloz, y que te hace arriesgado. Pedro y Juan. Juntate con Pedro, júntate con Juan. La plata es el medio de intercambio en el mundo natural. La fe es la plata en el intercambio del mundo espiritual. Cuando tenés fe, tenés efectivo, tenés cheque, tenés para intercambiar y traer de lo invisible a lo visible. Fe.
Hoy vamos a orar por fe, para que seas una persona de fe, porque sin fe es imposible agradar a Dios.

Yo declaro Presencia y para los que nos ven por Internet, yo declaro fe de Dios sobre tu corazón, fe para salir corriendo donde otros están durmiendo, fe para acelerar tus pasos, fe para volar como las águilas, fe para ser rápido para lo bueno, rápido para perdonar, rápido para prosperar.
Yo declaro rapidez, velocidad al 30, 60 y ciento por uno. Yo declaro que el Padre bendice tus panes y tus peces y velocidad divina te viene multiplicada. Declaro riesgo, declaro valor para animarte a soñar, animarte a entrar a la tumba, animarte a hacer lo que nadie en tu casa se animó a hacer, para arriesgarte a que juntos traigamos un avivamiento a Argentina. Yo declaro fe sobre tu vida, fe sobre tu casa, fe sobre tu barrio y fe sobre Argentina y todo lo que hagamos nos saldrá bien.
Fe vino a tu vida ahora, porque le hablé a tu espíritu. No le hablé a tu mente. No importa si sentiste o no sentiste. La fe vino. La fe viene por el oír. ¿Sabés qué es la fe? Es como el combustible. Te llenás de combustible. Esto es una estación de servicio y Dios te llena de fe. Ahora, ¿el combustible para qué es? Para andar. ¿Qué pasa si el combustible no se usa? Se pudre y te pudre la carrocería.

Algunos están enfermos de tanta unción, porque dicen, lléname, lléname. Dios les da y no la usan. Y se les pudre. Por eso, cuando salgas de acá lleno, gastá la fe. Orale a alguien, abrazá a alguien, tenés que orar porque tu iglesia es la ciudad. Mi púlpito no es éste, mi púlpito es la avenida, es la calle.

Soltá fe, gastá. Cuando Dios me da una palabra, yo la levanta a Alejandra a las 3. Ella hace lo mismo. Los pastores me mandan lo que reciben. Cuando Dios te da fe tenés que gastarla. Es como las mujeres, ¿cuántas manejan? La mujer gasta un poco de combustible y vuelve a cargar. Los hombres no, los hombres esperan a gastar todo y a algunos espiritualmente nos pasa eso. Llenamos hoy acá, porque llegaste al límite. Aprendé a recibir y a usar.
¿Cuántos litros de agua entran en una botella de un litro de agua? Miles, porque la llenás, la vaciás, la llenás, la vaciás.

Un auto carga 50 litros y un avión 200.000 litros de combustible. Y recordé el pasaje de caminarás y no te cansarás, correrás y no te fatigarás, levantarás alas como las águilas. Y en el lenguaje actual sería, vas a ser un avión, empezás caminando, luego siendo un coche y después vas a ser un avión que se va a mover de país a país, de nación a nación, de lugar a lugar.
Y no necesitás 20 litros. Sos un avión, necesitás 200.000 de combustible, para que puedas volar por los aires sobre las tormentas y llegar a destino. Hoy Dios nos ha llenado de fe. Aunque no la sientas, ya hay fe en tu vida para milagros. Gastala, hablale a alguien, invitá a alguien, orale a alguien, regalale algo a alguien, gastate en Dios que Dios te va a volver a llenar.

A Tommy Tenney le regalaron un reloj y él lo usaba. Era un reloj muy caro, lo usaba contento. Y un señor en la iglesia le dice, pastor, yo soy relojero, déjeme ver eso. Lo mira y le dice, es falso. ¿Cómo es falso? Sale 20, 30 dólares. Y de bronca no lo usó más.
No aceptes fe falsa. Algunos creen que tienen fe, pero lo que tienen es emoción. Les agarra la piel de gallina, eso es falso. Fe es la seguridad, la determinación, la convicción, de que lo que tus ojos no ven, tu espíritu lo ve, lo que tus manos no tocaron, tu corazón lo va a abrazar y que lo que Dios te prometió, así es.

Hoy te vas con el tanque lleno. Cuando salgas de acá, usá la unción, gastá la fe, disfrutá del paseo, cárgate alguno, bendecí a muchos y Dios te va a volver a llenar. En una botella de un litro de agua no entra un litro de agua, entran millones si se llena, se vacía, se llena se vacía.

Y yo declaro Presencia que vamos a llenar de la gloria de Dios toda la Argentina, y todo lo que hagamos nos saldrá bien.

 

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ALE STAMATEAS NOS ESCRIBIÓ. Pájaro que comió, voló ¿cómo hago con los desagradecidos?‏

te enviamos nuestro Mensaje de Éxito del día 6/8/2012
PÁJARO QUE COMIÓ, VOLÓ. ¿CÓMO HAGO CON LOS DESAGRADECIDOS?
por Alejandra Stamateas

Lucas 17:11-19 Un día, siguiendo su viaje a Jerusalén, Jesús pasaba por Samaria y Galilea. Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres enfermos de lepra. Como se habían quedado a cierta distancia, gritaron: –¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! Al verlos, les dijo: –Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. –¿Acaso no quedaron limpios los diez? –preguntó Jesús–. ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Levántate y vete –le dijo al hombre–; tu fe te ha sanado. 

Vamos a hablar de los desagradecidos y de lo que provoca el agradecimiento. ¿Cuánta gente agradecida hay en este lugar? Hoy vas a descubrir algo que recibís cada vez que agradecés.
Imagínense este escenario. Diez hombres leprosos, nueve eran judíos y uno samaritano. Los judíos y los samaritanos no se querían ni tocar, no se querían ni ver. Pero, sin embargo, la desgracia, el dolor, unió a estos diez hombres a pesar de que uno era samaritano, porque el dolor une. Cuando estás dolorido, buscás a otras personas que tal vez tengan tu mismo dolor y te reunís con esa persona y ya no hay diferencias.
La lepra era una enfermedad gravísima. Era como tener cáncer, como tener SIDA, como tener cualquier enfermedad que todo el mundo le tenía miedo, porque no había cura. Y esta enfermedad lo que hace, según el tiempo que la tengas, te podés quedar sin una mano, sin un brazo, sin la nariz, sin una oreja, sin los dedos de los pies, sin los dedos de las manos.
Y estas personas eran recluidas de la sociedad. Se las sacaba de su casa familiar, no podían estar con sus esposas, no podían estar con sus hijos, no tenían derechos en la sociedad. Eran totalmente aislados y llevados afuera. No se podían juntar nadie porque decían que era una enfermedad contagiosa. O sea que prácticamente estaban solos entre los que tenían la misma enfermedad.

Eran hombres aislados socialmente. Tener lepra era tener vergüenza, vergüenza social. Eran hombres totalmente abandonados. Si la familia estaba en algún momento con ellos, era para ir y dejarles alimentos, pero tenían que dejárselos lejos para que cuando se fueran, los leprosos pudieran acercarse y tomar el alimento y poder alimentarse. Si no, tenían que pedir a gritos la comida para que alguien les tirara algo, pero no acercarse delante de nadie. Esa era la situación.
Pero el tormento que más tenían era no poder ver a su familia. ¿Sabés lo que es no poder ver más a tu familia? Sabés que está ahí, sabés que vive en un lugar, sabés que están tus hijos creciendo y, de pronto, no tenés acceso a ellos por la enfermedad. Entonces, estos diez escucharon que Jesús sanaba enfermos y hacía milagros. Y sabían que iba a pasar por la zona y se pusieron de acuerdo estos diez hombres y empezaron a llamar a Jesús y le gritaban, ten misericordia de nosotros.
No le pedían alimento ni dinero, sólo le pedían que tuviera misericordia de ellos, que los mirara, que se acercara y que se dignara a hacerles un milagro. Entonces Jesús se acerca y los mira a la cara, cosa rara en ese momento, porque nadie quería acercarse ni mirar a la cara a un leproso. Pero Jesús lo hace. Y se acerca y la frase que les dice es, vayan y muéstrense a los sacerdotes.
No les dice, estás sano, no les dice, ya vas a ver tu sanidad, les dice, vayan y muéstrense a los sacerdotes. ¿Por qué? El sacerdote era como el médico de la época. Si el sacerdote decía que no tenían más lepra, no tenían más lepra. O sea, él les dice, vayan y háganlo. Y con esa frase les estaba diciendo, ustedes ya están sanados. Pero no se los dijo de esa manera. Les dijo, hagan esto, hagan una acción. Vayan y muéstrense a los sacerdotes.

Y acá vamos a ver dos reacciones que quiero contar. Hay dos reacciones. La primera reacción fue la de los nueve. El décimo también hizo lo mismo, pero el décimo le agregó algo, que es lo más importante. Estos diez cuando salieron, obedecieron porque fueron caminando para ver al sacerdote, para que el sacerdote les dijera que estaban limpios.
Ahora, fueron en obediencia, eran gente obediente, buena gente, con una enfermedad, pero obedecieron a Jesús. Jesús les dijo, vayan y preséntense al sacerdote. Y caminaron, aunque no veían la sanidad en su cuerpo, obedecieron lo que Jesús les dijo que hicieran. Está buenísimo obedecer a Jesús, vayan y ellos fueron. Y mientras iban caminando fueron sanados.

Y eso nos enseña algo muy importante, que cuando oren por tu vida por sanidad, no te preocupes si no ves la sanidad en el momento, no te preocupes si no las ves al otro día, pero cuando se te suelte una palabra de sanidad, vas a ver la sanidad, porque a veces Dios hace sanidades progresivas.
Mientras vas caminando, mientras vas recorriendo el camino de la vida, Dios te va sanando. Por eso, estos hombres eran gente de fe y no hay nada más importante que soltar la fe que tenés adentro. Porque ellos aunque no vieron, obedecieron, y esa es la fe, aunque no veas nada, obedecé, porque mientras vas caminando, el Señor va a enviar la sanidad a todo tu cuerpo.
Eran hombres de gran fe. Ahora, cuando llegaron al templo, el sacerdote tenía que hacer todo un ritual. Este ritual constaba de dos partes. La primera parte duraba ocho días y la segunda parte otros ocho días. O sea que tenían que estar dieciséis días dentro del templo. En la primera parte, el sacerdote les decía que se fueran a bañar, los afeitaban y luego los sacerdotes miraban el cuerpo a ver si no había quedado ninguna marca, y si este hombre tenía la piel limpia, no tenía más lepra. Eso tardaba ocho días. Y luego veía todo un rito de purificación, donde había sacrificios de sangre, donde se los ungía con aceite, o sea, había una unción especial para luego de esos dieciséis días decirle al enfermo, estás sano, podés volver a reunirte con tu familia, que era lo que más querían ellos.

Imagínense estos hombres, van caminando, obedecen lo que Jesús les dice, sueltan fe, porque no veían nada, pero cuando van caminando, se van viendo sanos, la alegría de estos hombres. Cuando llegan al templo, están dieciséis días dentro del templo, en medio de todos esos ritos de purificación y siendo examinados como un médico examina a un paciente y diciéndoles, sí. Los nervios, la ansiedad y el deseo de ver a su familia, porque si el sacerdote decía que estaba sano, inmediatamente podían volver a su casa, a abrazar a su esposa, a sus hijos, ser un ciudadano con derechos, que antes no los tenía, volver a hacer su trabajo. O sea la ansiedad de estos hombres y la alegría y la emoción eran impresionantes. Ellos una vez que los sacerdotes les dicen que ya están sanos, se vuelven a su casa. Cada uno a su casa.

Ellos vuelven a su casa. ¿Qué habrán dicho cuando llegaron a su casa? Que estaban sanos, el milagro, los sucesos, todo lo que los sacerdotes les hicieron y que Jesús los había sanado, que estaban caminando y en medio del camino apareció la sanidad. O sea que Jesús tenía razón.
Usted puede decir, pero esta gente era buena, esta gente estuvo bien, tuvo fe, soltó fe, le creyó a Jesús, fueron al templo, fueron sanos. Deben haberle contado el testimonio a todo el mundo, pero nada más que eso. Nada más que eso. O sea, ellos tenían un testimonio para contar a lo largo de toda su vida, que habían sido sanos por un tal Jesús y que los sacerdotes del templo les habían dado el alta para que volvieran con su familia. Ese era el único testimonio que tenían. Era lo único que Jesús había hecho por ellos.

Pero, sin embargo, tenemos al samaritano. Y esta es la segunda reacción. El samaritano también fue un hombre obediente. Iba en medio del camino, fue sanado, se presentó al templo, pero cuando ya estaba limpio y cuando ya tenía el alta, en lugar de ir a encontrarse con su familia, en lugar de volver a Samaria, se fue a buscar a Jesús.
Y esto es lo más impresionante que tengo para decirte hoy. Porque podía haber ido con su familia y hubiese quedado toda su vida marcada porque iba a contar que un tal Jesús, que era judío, que no tenía por qué sanarlo a él porque era samaritano, sin embargo lo había sanado.
Pero dijo, voy por algo más. Yo voy por algo más, porque este hombre se conectó con la fuente de su salud. No se conectó con el milagro, si no que se conectó con la fuente que le trajo ese milagro. Y este hombre pensó por dentro, si Jesús me pudo dar este milagro, Jesús puede hacer cosas más grandes en mi vida. Una persona agradecida siempre va por más. Una persona que sabe volver y agradecer es una persona sabia, porque sabe que el que le dio algo, tiene mucho más para darle.
¿Cómo es que se le activó esto? Porque cuando lo llamaban a Jesús los diez leprosos para que los viniera a sanar, para que tuviera misericordia, usaron un nombre para llamar a Jesús, que traducido es, comandante maestro. Un comandante maestro era uno que tenía toda la verdad. O sea, que en Jesús estaba toda la verdad. Y este hombre entendió que si Jesús le había dado algo, Jesús tenía más para darle. Y no me voy a quedar con esto. No me voy a quedar solamente contando un testimonio, voy a ir a la fuente de los milagros, porque si me dio uno, hay más para mi vida. Su sanidad le trajo sabiduría.

Les voy a contar lo que yo sé. Cuando hace dos años, a Jristos se le había detectado la enfermedad que tenía. Estaban en que lo operaban o no lo operaban. Y entonces hubo una decisión en la familia, decisiones muy sabias, de por qué no, por qué no operar. Mejor no lo operen, que viva seis meses bien vividos y no una operación. Pero esto fue la fe, porque lo operaron y vivió más de dos años. ¿Y saben lo que hizo en esos dos años? Escribió su libro. Y lo fue a presentar por todos lados. Viajó a Mendoza y fue a presentar ese libro, porque entregó su vida a Dios y cuando decís, si el Señor me da más tiempo, no me quedo con esto, hay algo más para mi vida, hay un fruto más que tengo que dar todavía. No me voy a quedar con el testimonio de viví bien, quiero hacer algo más, y si tengo vida, es para hacer mucho más y Dios tiene más para darme todavía.
Impresionante. A los ochenta años escribir un libro. Tomalo. Eso es entregar la vida. Eso es decir, Dios tiene más. Y no te conformes con lo que tenés. No te conformes con el milagro que contaste hace tres meses. Tenés que ir a Jesús todos los días de tu vida, porque si te dio un milagro, te puede dar más todavía. No te quedes en el templo, no te quedes con los religiosos, no te quedes contando a otros. Andá a agradecer a Jesús, porque Jesús va a abrir su mano y va a traerte un nuevo milagro.

El agradecido va por más. Yo tengo una bolsa de caramelos y reparto caramelos. Se van todos con los caramelos, pero viene un nene y me dice, gracias por el caramelo, y si tengo más caramelos, les puedo asegurar que le voy a dar otro más, porque fue agradecido. ¿A usted no le gusta cuando la gente le agradece? Está bueno, porque si alguien te dio un buen consejo y vas y le agradecés, esa persona que es sabia, ¿qué va a hacer? Te va a dar un tip más de sabiduría. O sea que cada vez que agradecés, te volvés con más. Si alguien te prestó plata y vas y le agradecés, sabés que el que te prestó plata tiene más para prestarte. O sea, vas y te venís con un tip más, por lo menos sabés que él está ahí, porque fuiste agradecido. Y sabés que un corazón agradecido siempre es honrado. Y a veces nos cuesta tanto agradecer. A veces se hace tan difícil.
Porque estos nueve creían que Jesús no necesitaba que le agradecieran. Pero Jesús necesitaba el agradecimiento. Quería el agradecimiento. Me imagino que se habrá puesto muy contento cuando vino ese, y por eso preguntó ¿y los otros, qué pasó con los otros que no vinieron? Y a veces pensamos que una persona no necesita nuestro agradecimiento. Ya lo sabe. ¿Para qué se lo voy a decir? Si yo estoy siempre. Si hago otras cosas que sabe esa persona que son mi agradecimiento. No. Necesita escuchar de tu boca un gracias. Y el gracias es una palabra poderosa, porque el que dice gracias está yendo por más.

Cuando este hombre llegó delante de Jesús, se arrodilló, se postró en tierra, lo adoró porque estaba feliz de la vida. No sabía de cuántas maneras decirle a Jesús, gracias por la sanidad. Y el ex leproso se conectó con la fuente, porque el agradecido siempre va por todo y vuelve con todo.
Y a veces nos olvidamos eso. Creemos que agradecer es humillarnos, o creemos que, y bueno, al final me lo merecía, con tantas cosas que hice en la vida. Y bueno, al final es mi esposo, es mi esposa o son mis hijos. Me lo tienen que dar sin que yo le agradezca. El agradecido va por todo y vuelve con todo. Hay un poder en esa palabra. Aprendé a usar la palabra gracias. No es con cosas, es con la palabra. A veces queremos darle cosas a la gente para agradecerle y lo que la gente está queriendo escuchar de tu boca es un gracias. Me hizo bien lo que me dijiste, me hizo bien lo que me diste, me hizo bien ese mensaje, gracias.

Porque este hombre cuando se postró delante de Jesús, Jesús le dijo, vete, tu fe te ha salvado. Y salvado la palabra allí es prosperidad, es paz, es salud física, es salud mental. O sea, Jesús le dijo, ahora que viniste a agradecerme por un milagro, te llevás todos los restantes. Gracias Jesús.
Es así de sencillo. Y esto se relaciona con el pasaje que dice, el que es fiel en lo poco, será puesto en lo mucho. Y a veces la palabra gracias parece poco frente a lo que nos dio alguien. A veces cuando alguien te dio mucho en la vida, decirle gracias, cuando tu vida cambió por la palabra de una persona, tu vida cambió por el milagro que Jesús hizo, tu vida cambió porque alguien te prestó dinero y lo invertiste y ahora tenés lo que necesitabas tener para tu trabajo, o para tus hijos, para pagar la escuela de tus hijos, alguien un día te alcanzó comida porque no tenías, alguien te prestó ropa, alguien te la regaló. La palabra gracias, decir gracias, trae más a tu vida. Y es tan necesario escucharla, es tan importante porque el agradecido va por todo y se vuelve con todo. Y gracias parece pequeño, pero a los ojos de Dios es muy grande.
Cada vez que te levantás a la mañana y le decís a Dios, gracias por este día, porque estoy respirando, porque estoy vivo, Dios te da más para ese día de tu vida, porque te atreviste a pronunciar una palabra que te hace ir por todo, te hace ir por más. No te quedes con poquito, porque tenés un Dios que tiene mucho.

Así que dale las gracias. Sí, pero Dios sabe mi corazón. Dios sabe tu corazón, pero Dios quiere escuchar que lo honres con tu boca. A Dios le gusta cuando lo honramos con nuestra boca. A Dios le gusta cuando estamos en este lugar y lo adoramos, pero a Dios le encanta y lo conmueve y le mueve la mano cuando le decís, gracias Dios por todo lo que hacés en mi vida.
Hay personas muy obedientes y está bueno ser obediente. Hay personas que tienen mucha fe y está bueno tener mucha fe. Pero hay personas que aparte de ser obedientes, que aparte de tener fe, son agradecidos y a esos Dios les da un plus, a esos Dios les da algo más, porque vuelven y reconocen la fuente. A esos Dios les da testimonios para que tengan todos los días para contar, porque siempre está haciendo cosas nuevas.
A mí me sorprende, porque fue un samaritano el que le vino a agradecer a Jesús. No fueron los judíos, fue el samaritano, el desechado, porque te va a venir a agradecer gente que ni esperabas. El que menos te imaginabas te va a venir a agradecer, porque a veces al que más le das es el que más te critica.

Estás esperando de ese y le das a ese y viene y te critica. Y viene y en vez de agradecerte, te echa algo en cara. Y te mataste por esa persona. Hiciste todo por esa persona. Pero te lo echa en cara, no te lo puede agradecer. Porque a veces el agradecimiento viene de quien menos te esperás.
Y tenés que ser esa persona, tenés que decir, no sé si este que me dio está esperando que le agradezca, pero voy a ir y lo voy a hacer. Y lo voy a sorprender con mi agradecimiento. Y voy a ir por todo y me voy a volver con mucho más. Vamos a ser agradecidos.
Pero quiero ser obediente, quiero ser de fe, pero no me quiero olvidar nunca de agradecer a quienes siempre hacen cosas por mí. Y a veces nos olvidamos, porque en medio de la alegría, de que estamos sanados, de que hemos sido prosperados, de que nos está yendo bien en la pareja, de que las cosas funcionan en el negocio, de que mis hijos andan bien, nos olvidamos.
Se lo contamos a todo el mundo, sí, porque voy a una iglesia, sí, porque Dios me cambió la vida. Y eso está buenísimo, pero nunca fuimos a él a agradecerle. Tal vez le contás a todo el mundo lo que hizo una amiga tuya, y mirá cómo le dio plata, pero nunca fuiste a decirle a ella gracias. Tal vez le contás a todo el mundo lo que tu mamá hizo por vos, pero nunca fuiste o la llamaste por teléfono y le dijiste, te voy a invitar a tomar un café y te voy a decir gracias. Y nunca lo hiciste. Y la persona está esperando que le des el gracias. Porque ese gracias va a hacer que te muevas por mucho más.

¿Se te habrá pasado de agradecerle a alguien? Mientras preparaba este mensaje me di cuenta de cuanta gente no agradecí. Porque uno también tiene que hacerse cargo de esas cosas. ¿Se te habrá pasado alguien que te bendijo y que no le pudiste decir gracias? ¿Por qué no le escribís una carta? ¿Por qué no la llamás por teléfono? ¿Por qué no te encontrás con esa persona? Porque hay poder en la palabra gracias.
Hay un poder que estás matando por ciertas cosas. Y hay poder cuando decís gracias. Y de ahí, de esa misma fuente de donde te vino la primera bendición te van a venir las bendiciones que restan. Porque es muy lindo hablar de algo que te pasó y de alguien que hizo algo, pero es más lindo seguir estando con esa persona, porque entonces hablás de lo que sabés, no de lo que te pasó una vez, sino de lo que vivís todos los días con esa persona, es mucho más lindo.
¿Por qué no decís gracias? Cerrá tus ojos ahora y pensá de quién te habrás olvidado. O tal vez en vez de decirle gracias, criticaste a esa persona que te dio un lugar, que te formó, que te mentoreó, que te dio lo que necesitabas, que te puso en un espacio y en lugar de ir a darle gracias, criticaste a esa persona. Te perdiste la bendición vos. Porque si hubieses sido agradecida, agradecido, hoy estabas en un lugar mucho mejor. Hoy tenías algo más, porque la palabra gracias es una palabra poderosa.

Qué te parece si recordás ahora, a ver a quién le tenés que dar gracias. Y, pero yo lo hice en mi corazón. No, ¿fuiste y se lo dijiste? Andá y hacelo, porque eso va a restaurarte algo que te está faltando. Hay algo que te está faltando, y el gracias te lo va a restaurar. El gracias te lo va a dar, porque el que sabe agradecer, va por todo y se vuelve con todo.
Dice el Salmo 103:2, alaba alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. David le estaba diciendo a su alma, alma, acordate de todo lo bueno que te pasa, y agradecé. Alaba alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. Tal vez tenés que empezar a agradecer por cosas pequeñas que te han ocurrido en el día de hoy, cosas que las vivís como naturalmente, pero son sobrenaturales. Cosas que viviste desde que te levantaste hoy hasta este momento y que tal vez se nos pasaron de largo. Alaba alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. Él siempre tiene beneficios. Y si vas con agradecimiento, te volvés con mucho más.
Agradecer es honrar y honrar es respetar la fuente de donde te vino la bendición. Eso es. Agradecer es eso. Yo honro la fuente de donde recibí esto. Porque si es fuente, hay más todavía. No soy necio como los otros, que estuvieron bien, buena gente, buenos tipos los otros nueve. Fueron contentos, dieron testimonio, saltaron, cantaron, disfrutaron de la familia, la amaron, recordaron a Jesús. Pero vos tenés que ser como el samaritano, tenés que volver siempre a Jesús y con tu boca decirle gracias. Gracias Señor, acá estoy, si querés darme más. Y el Señor te va a decir, levantate después de esta adoración, tu fe te ha salvado. Gloria a Dios por eso.

Tal vez tengas hijos desagradecidos, porque el desagradecimiento es una enfermedad que te va carcomiendo, y decís, ¿cómo hago para que me agradezcan? Que lo vean en vos. Los hijos repiten las acciones que ven en casa. Y te tienen que ver agradecer. Pero no me agradecen a mí. Agradecé a otros, a Dios y a ellos. Y van a empezar a imitar tu conducta.
Tal vez alguien te dio una mano y lo estás criticando y tus hijos ven eso. Y en lugar de agradecerle a esa persona, la criticás, la defenestrás. Nos ha pasado de estar acá con las pastoras pensando en metas, en objetivos, pensando en actividades para hacer y hemos dado todo y hemos hecho todo. Y una persona, ah, me dieron esto y aquello no. Y criticar, en lugar de agradecer lo que había recibido. Y uno dice, cómo puede ser. Le dimos todo y en lugar de agradecer, criticó. Se fue enojada, enojado, con todo el amor, el tiempo que le dimos y criticó, porque tenía la enfermedad de no saber agradecer.

Que los demás te vean a vos porque lo que uno ve, uno imita y si te ven agradecer a Dios, en lugar de quejarte todo el día, si te ven agradecer a los demás en lugar de quejarte, si aún en los pequeños actos sabés ser agradecido, tenés bendición y tus hijos lo empiezan a hacer.
Vamos a decir a quién nos faltó agradecerle algo. Vamos a declararlo acá pero luego vas a ir y vas a agradecerlo. Si está lejos, le escribís una carta. Le escribís un correo, le ponés la palabra gracias. Si la persona ya no está, hacés una oración y en la oración le agradecés. Y si te olvidaste de agradecerle a Dios, hoy lo vas a hacer.Si este Mensaje te ha ayudado, envianos tus comentarios haciendo click aqui y compartilo en las Redes Sociales haciendo click debajo

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: BERNARDO STAMATEAS NOS ESCRIBIO : La fe funciona para el ya y para el proceso‏

Te enviamos nuestro Mensaje de Éxito del día 2/8/2012
La Fe funciona para el Ya y para el Proceso
por Bernardo Stamateas

I Samuel 11: 1-3 Najás el amonita subió contra Jabés de Galaad y la sitió. Los habitantes de la ciudad le dijeron: –Haz un pacto con nosotros, y seremos tus siervos. –Haré un pacto con ustedes –contestó Najás el amonita–, pero con una condición: que les saque a cada uno de ustedes el ojo derecho. Así dejaré en desgracia a todo Israel. –Danos siete días para que podamos enviar mensajeros por todo el territorio de Israel –respondieron los ancianos de Jabés–. Si no hay quien nos libre de ustedes, nos rendiremos.

Najás quiere decir serpiente. Todo lo que tenemos que usar es la fe. Pablo dijo, he peleado la buena batalla, he guardado la fe, porque lo que está en juego es la fe. Las batallas tienen el nombre de lo que está en juego. En la batalla de Afganistán estaba en juego Afganistán, en la batalla de Vietnam estaba en juego Vietnam. Y en la batalla de la vida cristiana está en juego la fe. Y tenemos que aprender a usar la fe. Anoté cinco ideas sobre la fe.
La fe siempre funciona en dos niveles. ¿Cuántos tenemos un problema que resolver? ¿Alguna enfermedad que sanar, alguna deuda que pagar? ¿Algún problema familiar, con los hijos, con los padres, etc.? Vamos a usar la fe. La fe funciona en dos niveles. Dos niveles.
Primero, la fe funciona para el ya y para el proceso. Vas a usar la fe y Dios te va a dar un milagro ya, instantáneamente. De un minuto al otro, la deuda va a estar cancelada. De un minuto al otro, la enfermedad se va a haber ido. De un minuto al otro, te van a dar el aumento, porque la fe funciona para el ya, para lo instantáneo, para lo de repente. Y te quiero decir que en el 2012, vamos a ver milagros ya, milagros en un minuto, ciegos ver, paralíticos caminar, muertos resucitar, deudas canceladas y va a ser en menos de un minuto porque la fe funciona con el ya.
Pero también funciona con el proceso. Hay cosas que van a tardar, que tardan un año, que tardan cinco. Hay gente que quiere todo ya. Y hay milagros que Dios nos da ya, pero hay otros que nos los va a dar en el proceso del tiempo.
A un hombre se le hundió la fábrica, se le quemó todo, pero dijo, me volveré a levantar porque tenía fe para el proceso. Tenés que usar fe para lo instantáneo pero también fe para el proceso, para que si tarda un año, tarda dos, tarda tres, uses la fe porque tené la seguridad que Dios te lo va a dar.
Un golpe de agua cae sobre la roca número 1000, pero no fue el 1000 el que partió la roca, fueron las 1000 gotas de agua. Entonces, tenés que saber que hay cosas que van a ser ya, rápidas, instantáneas, maravillosas y otras que van a llevar tiempo, pero lo vamos a lograr también. Ya y proceso.
La segunda cosa, la fe sirve para salir del problema y para aguantar el problema. A veces la fe Dios te la va a poner para que salgas de la deuda, para que salgas de la enfermedad, para que salgas de la dificultad. Vas a salir de eso que te estaba atormentando.
Pero cuántas veces nos ha pasado que hemos orado y el problema no salió.  Porque eso es la fe para aguantar el problema, para que respires más que el problema. Por eso, si no viste la solución y alguien te dice, ah, ¿qué pasa que Dios no te responde y todavía estás aguantando este problema tantos años? Le tenés que enseñar esto, hay fe que al momento te saca del problema y hay fe que no te saca el problema, pero te da la fortaleza, la fuerza y la capacidad para aguantar lo que sea necesario y ver la victoria tarde o temprano.
José le interpreta el sueño a Faraón y Faraón lo mete como ministro de economía de Egipto. Eso fue ya, fue fe de un minuto. Lo sacó de la cárcel y lo metió en Egipto. Pero José también tuvo que aguantar trece años de problema. O sea que la fe te va a ayudar de momentos a salir de ciertos problemas y a veces la fe te va a ayudar a aguantar los problemas más que el problema, para que veas la victoria. Ya y proceso. Salir y aguantar.
Quiero que ensanches tu visión de fe. Porque alguna gente piensa que fe es que venga ya  y no que sea para el proceso también. Hay gente que cree que la fe es para sacarte del problema, pero no ve que también la fe es para que aguantes. Acá hay gente que hace años que están aguantando problema y no se han suicidado, porque la fe de Dios es tu fortaleza.
Tercero, la fe personal y la fe de otros. A veces la fe la vas a usar y te vas a traer una bendición. El Señor le decía, ¿qué quieres que te haga? Quiero ver. ¿Crees? Creo Señor. El ciego recibía. Eso es fe personal.
Pero a veces no vas a usar la fe personal, porque no vas a tener fe, porque estás débil, porque estás mal. Ahí la fe va a ser la fe que los demás te van a impartir. A veces necesitamos tener fe y si no tenemos fe, vamos a usar la fe de los demás.
Por eso, cuando venís acá y alguien te saluda y te dice, te va a ir bien, vas a prosperar, no digas, gracias, qué lindo deseo. Te está tirando fe. Lo que tenés que hacer es agarrar esa fe, porque esa es la fe de la gente. Acá no sólo nos saludamos, nos ministramos fe. Y cuando alguien te dice, este año te va a ir bien, vas a lograr los sueños, te están tirando fe y esa fe te va a traer milagros grandes y extraordinarios.
Cuatro amigos llevaban a un paralítico. El paralítico no tenía fe, pero los amigos tenían fe. Hicieron un agujero en la casa, lo bajaron y al ver Jesús la fe de los cuatro. Lo sanó. Hoy probablemente haya gente que tenga fe personal y haya gente que no tenga fe. Pastor, ya no tengo fe, no creo más nada. Tranquilo, cuando termine la reunión y te salude alguien y te diga, lo vas a lograr, vamos que Dios está contigo, esa fe que te están transmitiendo la vas a usar para tu próximo milagro. Es el poder de la fe. Ya y proceso. Salir del problema y aguantar el problema. Fe personal y fe de otros.
Cuarto, fe para una cosa y fe para otra cosa. ¿Cuántos le hemos pedido a Dios algo y Dios nos lo dio? Tuviste fe para eso y Dios te lo dio. Dice, deléitate en el Señor y él te dará las peticiones de tu corazón. Vas a usar la fe para pedirle una cosa a Dios y Dios te las va a dar. ¿Pero cuántos le pedimos algo a Dios y Dios no nos lo dio? ¿Por qué? Porque a veces la fe te da lo que querés y a veces la fe te da otra cosa que no pediste.
Alguien puede estar enfermo y dice, Señor, sáname. Y Dios no te ha sanado. Pero Dios ha restaurado tu relación con tus hijos. Te dio otra cosa que en el corazón de Dios estaba primero en su agenda.
Pedí fuerzas y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte. Pedí sabiduría y Dios me dio problemas para resolver. Pedí prosperidad y Dios me dio un cerebro para trabajar. Pedí coraje y Dios me dio obstáculos para superar. Pedí amor y Dios me dio personas para ayudar. Pedí favores y Dios me dio oportunidades. No recibí nada de lo que pedí, pero recibí todo lo que necesitaba.
Si estás pidiendo algo a Dios y Dios te lo da, lo celebrás con todo tu corazón. Y si le estás pidiendo a Dios y no te lo dio, mirá alrededor porque es que Dios te está dando otra cosa que tenés que aprender a celebrar.
Fe para esperar y fe para pelear. A veces la fe te va a hacer esperar, descansar. A veces la fe te da sueño, te trae sueño. Pedro estaba en la cárcel, lo estaban por matar. ¿Y saben qué hizo la fe de Pedro? Lo hizo dormir. Preparate para dormir. Vas a dormir la siesta, vas a dormir como un bebé a la noche, a pesar de los cien miles de dólares que debés. Y la gente te va a decir, ¿cómo puede ser que con los líos que tenés estés descansando? Le vas a decir, me enseñaron que la fe te hace relajarte, te hace dormir, te hace descansar. David decía, en ti espera mi alma, en ti descansa, en el Dios de mi salvación. La fe te relaja. Tenés el mismo drama que antes, pero ahora no te molesta.
La fe me relaja. Hay gente en la Biblia que tenía grandes problemas y no hicieron nada. Pero a veces la fe te va a hacer pelear, te va a adrenalizar. Había una mujer que tenía cáncer en la vagina, doce años y ella dijo, si toco a Jesús voy a ser sana. Y literalmente se abrió paso en la multitud. Hay días que la fe te hace dormir y hay días que la fe te va a hacer levantar y entrar a patear puertas, correr gente, golpear, llamar. ¿Qué pasa que no tenés fe? Le tenés que enseñar, a veces la fe te hace descansar y a veces la fe te hace patear, pelear, abrir paso y seguir adelante hasta tocar al maestro.
Fe ya pero también fe para el proceso. Porque hay cosas que tardan tiempo. Querés tener un hijo, no te lo puede dar Dios ya. Tenés que esperar los nueves meses.
Fe para salir del problema. ¿Cuántos hemos salido de problemas con la mano del Señor? Pero también fe para aguantar. Fe personal, usar nuestra fe. Esto lo entendí hoy. El Señor me dijo, Bernardo, muchas cosas que lograste fue por tu fe y otras fue por la fe de Presencia de Dios. Cuando alguien te escribe, te saluda, te abraza, te dice, vamos, bendiciones. Me mandaron no sé cuántos feliz cumpleaños, Dios está con vos. Antes lo leía, decía, un lindo deseo. Ahora digo, me están tirando fe. Con toda esta fe de las cuatrocientas personas voy a hacer algo en el nombre del Señor. Preparate porque hoy alguien te va a saludar y te va a echar fe para que lo logres.
Fe para una cosa, ¿cuántos hemos pedido a Dios algo y nos lo ha dado? Y fe para recibir otra cosa y celebrarlo también. Fe para esperar y descansar y fe para pelear.
Fe que impacta. ¿Cuántos hemos visto un milagro impactante? Vamos a ver cosas impactantes. Vamos a ver a la gente ciega ver, vamos a ver a los paralíticos levantarse. Ya lo hemos visto, pero lo vamos a ver en cantidades. Vamos a escuchar los ruidos de los huesos acomodarse en medio de la reunión. Vamos a ver cosas impactantes, porque la fe te hace impactar.
Pero a veces la fe no te impacta, la fe a veces es normal. Alguien te va a llamar y te dice, hablé con mi jefe en el trabajo y dice que vayas porque te van a contratar. Y vos, aleluya. Parece que no es fe, pero eso también es fe. Es Dios actuando anónimamente. No te cierres a ver, quiero ver 40 paralíticos bailar, porque eso está muy bien, pero también estate atento porque Dios va a obrar de manera natural, de manera normal. Alguien te va a llamar, te va a dar el trabajo, la viejita te va dejar la casa porque la cuidaste, la tía te va a regalar los 500.000 euros que tiene guardados y que no sabe qué hacer. Y vas a decir, ¿qué pasó? Eso es la fe de manera normal.
Por eso todo lo que se nos presente, hagámoslo con fe. Todos los obstáculos los voy a enfrentar con fe. Cuando enfrentás con fe el obstáculo, tenés ganas de superarlo.
Fuimos a hacer un trámite porque tenía que renovar la matrícula de psicólogo. El gobierno pide que toda la gente de la salud renueve la matrícula y fuimos  con Guillermo. Bueno, tiene que traer este otro trámite. Digo, no, vámonos. Tiene que ir acá, después volver, firmar acá y Guillermo me dice, no, vamos para acá. Fuimos al otro lugar, nos pegaron el sello. Ya era tarde, había que ir al canal, teníamos que volver, no sé qué otra cosa nos pidieron y me decía, dale, vamos, vamos, hasta que al final sacamos la cédula y nos fuimos para el canal.
Y el Señor me dijo algo que te diga, va a haber obstáculos, va a haber trámites delante de vos, pero no te vas a bajonear, el calor no te va a afectar, vas a usar la fe para sortear los obstáculos y decir, estos problemas a mí no me van a deprimir, a mí me motivan, a mí me entusiasman. Antes te deprimía, ahora ese mismo obstáculo con la fe, te motiva para lograrlo.
¿Cuántos días estuvo Jesús en la tumba? Tres días. ¿Y la tumba estaba tapada con qué? Con una piedra. Y vino un ángel del Señor, vinieron los ángeles y al tercer día la piedra se movió. Y el ángel estaba sentado sobre la piedra. Y cuando vienen los apóstoles, vienen todos, ven un ángel sentado en la piedra.
¿Ahora por qué el ángel no movió la piedra y se fue? ¿Por qué se quedó sentado sobre la piedra? ¿Qué simboliza eso? Que todas las piedras que han puesto en tu tumba, que han puesto en tus finanzas, que han puesto en tu salud, para que no salga tu salud, no salgan tus finanzas, los ángeles de Dios la van a mover y vas a terminar sentado arriba de la misma piedra que te estaba taponeando. Te vas a sentar en la deuda, te vas a sentar en la enfermedad y la gente te va a ver descansando. Aquello que era tu obstáculo va a ser tu trofeo de guerra.
Fe es la certeza, la seguridad que Dios te ha prometido algo, que Dios te va a respaldar, porque vamos a ver milagros instantáneos, de repente, de golpe. Acá hay gente que va a cancelar deudas en un minuto, gente que se le va a ir el cáncer en 10 segundos, gente que se le va a ir todo diagnóstico y pronóstico en un segundo, gente que va a venir para acá, va a estar adorando, va a levantar la mano y la artritis, la artrosis, el reuma, todo se va.
Y hay gente acá que va a recibir su milagro en el proceso. Van a pasar los meses, la gente te va a decir, ¿qué pasa? No importa, tengo fe. Si Dios no me lo da ya, es porque Dios quiere que siga, que siga. Vas a salir de problemas de golpe, de repente, y a veces no vamos a salir de problemas, vamos a estar en los problemas pero vamos a ser más fuertes que todos los problemas.
Vamos a tener fe personal para lograr cosas grandes y, de a momentos, vamos a juntar fe de otros para lograr cosas extraordinarias. Vamos a tener fe para pedir algo y Dios nos lo va a dar, y vamos a tener fe para pedir algo y recibir otra cosa. Saber que está en la agenda del Señor. Vamos a tener fe para descansar. Hoy algunos van a ir a la casa y van a roncar. Mañana yo te profetizo que te vas a levantar a las 2 de la tarde y te vas a levantar y vas a decir, ¿qué pasó? Y te van a decir, viejo, vieja, tenemos que pagar la deuda. Ah, por eso dormí tanto. Dios me dio fe para relajarme.
Pero Dios te va a dar fe, fe para pelear, fe para salir a golpear puertas, para decirle a la gente ábranse paso. ¿Quién se cree que es el que te dijo que no? ¿Quién se cree que es el infierno para sacarte el ojo derecho? Te vas a abrir paso como la mujer del flujo de sangre y vas a lograrlo. Vamos a ver fe impactante, milagros impresionantes que se nos va a poner piel de gallina y vamos a ver milagros extraordinarios que, sí, me llamaron y me contrataron, no sé, alguien ahí me agarró y me dio y me canceló la deuda. Qué loco. Parece normal, pero es la mano del Señor.
Isaías 1:24 dice, me desquitaré de mis adversarios. Dios dice, me desquitaré de mis adversarios. Cuando el infierno se te levante, decile, diablo, 124 de Isaías, 1:24, me desquitaré de mis adversarios. Pero en el original dice, ah, me desquitaré de mis adversarios. Ah, dice en el original hebreo. Ah quiere decir ja, ja, ja, es una risa como maléfica. Cuando Isaías está escribiendo esto, escucha a Dios que dice, así te le vas a reír al diablo en la cara cuando te diga, no vas a lograrlo, no vas a avanzar, no vas a salir de los vicios, no vas a casarte nunca, nadie te va a querer, no vas a tener tu casa, le vas a decir, Isaías 124, ja, ja, ja, y te le vas a reír en la cara en el nombre del Señor.
Y en esta historia terrible había un señor llamado serpiente y fue al pueblo de Israel y les dijo, muchachos están perdidos. Entréguense. El pueblo de Israel se juntó y dijeron, sí, ya estamos perdidos, vamos a entregarnos, para que no nos maten. Y dice la historia que fueron y le dijeron, Najás, serpiente, nos entregamos. No nos maten. Y serpiente les dijo, Ok, pero les voy a sacar el ojo derecho a todos.
¿Sabés por qué el ojo derecho? Porque ellos eran arqueros. Y el ojo derecho lo usaban para tirar el arco y la flecha. Satanás te quiere sacar el ojo de la guerra. Satanás quiere que no uses más el arco y la flecha. Satanás no quiere que tires la lanza. Satanás quiere sacarte el ojo de la visión, el ojo de la batalla, el ojo de la guerra.
Imaginate, les sacaban el globo ocular completo, imaginate un pueblo sin ojo. Hoy hay mucha gente que el enemigo le ha sacado la visión, le ha sacado los sueños. El enemigo le dijo, tenés que entregarte, ya te vencí. Pero cuando llegó esa noticia y se estaban por entregar, apareció un hombre y un profeta, Saúl y Samuel y se juntaron y les dijeron, nos van a sacar los ojos.
¿Y saben qué hicieron? El profeta y el rey agarraron dos bueyes y los mataron, los cortaron en pedazos. Y le mandaron un pedacito a cada uno de Israel con una nota que decía, esto es lo que les va a pasar a todos si hoy se entregan, vas a quedar hecho pedacitos. Y cuando la gente vio los pedacitos de bueyes se despertaron y se juntaron 330.000.
Yo te digo algo, no te vas a entregar, porque hay 330.000 personas de fe que van a pelear la buena batalla de la fe. Se juntaron los 330.000. Los mismos que iban a entregar los ojos ahora estaban usando la fe. Porque si te movés sin fe vas a moverte en temor y en temor vas a perder la visión y vas a dejar de ir a la guerra.
Pero se juntaron los 330.000 y el profeta y el rey les dijeron, muchachos, Dios está con nosotros. Agarraron a uno y le dijeron, andá a decirles que mañana, cuando haga mucho, mucho calor, nos vamos a entregar. Fue a serpiente y le dijo, mañana nos entregamos, cuando haga mucho calor, nos vamos a entregar. Y serpiente celebraba, ya está, son nuestros, pero había una estrategia.
A la noche se armaron tres escuadrones. Dios te va a meter en un escuadrón de la fe, a la hora que el enemigo no espera, porque la fe te va a dar la hora, te va a dar la fuerza, te va a dar el equipo, te va a dar los amigos. Y se juntaron y  cuando entraron, hicieron una masacre sobre serpiente.
Preparate para destruir a la serpiente antigua. No sólo no te van a sacar el ojo, te vas a unir con 330.000 de Presencia de Dios y vamos a ir juntos este año, vamos a unir la fe, vamos a sumar la fe, vamos a unir la visión.
Acá no venimos a pelear, no venimos a chusmear, venimos a potenciar la fe y la vamos a unir y vamos decir, no sólo no nos van a sacar el ojo, vamos a tomar todo lo que nos han quitado. El pueblo de Dios entró y Dios los bendijo.

Yo te profetizo que en este 2012 todo lo que serpiente nos quitó lo vamos a recuperar a través de la fe. Amén, amén y amén.

ALEJANDRA STAMATEAS . ESCRIBIÓ PARA TODAS..‏

 

Te enviamos nuestro Mensaje de Éxito del día 30/7/2012
Te voy a amar y hacerte feliz, las promesas masculinas
por Alejandra Stamateas

Génesis 3:6 La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió.

No era tonta Eva, una mujer con mucha sabiduría, con mucha inteligencia, porque supo ver. Las mujeres sabemos ver.
¿A quién no le gusta que le prometan algo? A todos, hombres y mujeres, nos gusta que nos prometan cosas. Hay hombres que prometen y cumplen. Hay muchos que prometen y cumplen siempre. Hay otros hombres que prometen y cumplen a veces, porque tal vez te prometieron para sacarte rápido de encima, o te prometieron algo y después se arrepintieron, pero a veces dicen algo y cumplen las promesas. Y hay hombres que te prometen cosas pero nunca las cumplen. Y hay otros hombres que nunca prometen nada.

Vamos a hablar de tres estilos de hombres que prometen y no cumplen, o sea, que el prometer es como un deporte favorito que ellos tienen. Le tomaron la mano de cómo prometerte cosas, total saben que después no las van a cumplir. Entonces, hay tres estilos de prometedores.

Primero, el mujeriego
. Son hombres que están empujados por sus hormonas. Lo que quieren es buscar a una mujer para saciar su apetito sexual, para sentirse bien hombres. El mujeriego es un mentiroso por necesidad. Te va mentir y te va a prometer cosas porque lo que quiere es estar con vos, una noche, cinco noches, un mes, un año. Te va a prometer cosas con tal de que cedas. ¿Cuál es la promesa que te hacen? Te juro que esta es la última vez que me voy con otra mujer. Te juro que es la última vez que te soy infiel. Esa es la gran promesa que hace que no la puede cumplir.

Segundo, el seductor.
El otro prometedor es el seductor.  El seductor disfruta de los pasos previos a lo que es la conquista en sí, porque es un experto en cortejo. Le encanta cortejar a las mujeres y su deporte es justamente es eso. Tal vez no tanto el tener a la mujer sino con todo lo que tiene que ver con el cortejo, con decirle cosas, con piropearla, con hacer que la mujer se sienta halagada.
Y sabe cómo entrar suavemente en el interior de una mujer. Son encantadores de palabras. Le gusta encantarte, hacer magia con sus palabras. Y, por ejemplo, te prometen, si estás conmigo, te voy a hacer feliz para siempre. Si estás conmigo, soy el único hombre que vas a conocer de mis características porque te voy a hacer ver las estrellas, la luna y el sol todo junto en el mismo momento. Son esas promesas.

Tercero, el parásito.
El parásito es muy amable, es muy simpático, pero siempre tiene un argumento que explaya sobre tu vida. Es el pobre hombre que nunca tuvo las oportunidades. La vida nunca le dio las oportunidades que se merecía. Son esos hombres que abusan económicamente de las mujeres o son ellas las que cargan con el mayor peso económico en la casa.
Ellos viven prometiendo, el año que viene a mí se me va a dar y te voy a recompensar todo lo que hiciste por mí. El año que viene no viene nunca. Todos los años es la misma promesa y la mujer sigue trabajando como un animal de carga y él sigue viviendo de ella.

Estas características de hombres hipnotizan con palabras. ¿Por qué una mujer puede ser encantada por las palabras de un hombre, por las promesas de un hombre? ¿Qué hace que nosotras las mujeres nos enganchemos tan fácilmente con las promesas masculinas? El hambre de novedad. Y ahora te voy a explicar qué es. Es por eso que me enganchaba cuando me prometía la luna, el hambre de novedad.
¿Qué le sedujo a Eva del árbol del bien y del mal? Ella se paró delante del árbol del bien y del mal, y vio que el fruto era bueno para comer, que tenía buen aspecto, que era deseable para adquirir sabiduría. Porque las mujeres somos muy buenas mirando. Cuando vemos a un hombre lo miramos y ya le descubrimos todo. Ya sabemos, supuestamente todo, por lo menos, externamente.
¿Por qué Eva tenía hambre de novedad? Y a mí se me ocurrieron algunas cosas. Eva estaba aburrida, porque cuando Dios crea a Eva, le había dado la orden antes a Adán de que pusiera nombre a todos los animales. O sea, ya era una tarea que estaba hecha y Eva estaba buscando qué hacer. Tenía mucha tarea que Dios le había dado pero no sabía dónde encajaba bien. Nos pasa a veces a las mujeres. No sabemos muy bien dónde encajar. Y a Eva le pasaba esto.
Por ejemplo, Eva veía un animal y le decía a Adán, mirá ese alto con pecas. ¿Si lo llamamos Manchitas? No, ya le puse jirafa, le decía Adán. Después veía a otro. Mirá ese gordo grandote, qué lindo que es. ¿Si le ponemos paraíso del Edén? No, lo llamé elefante. Eva decía, ¿qué hago acá? No tengo nada para hacer. Y se aburre. Mujeres, no hay nada peor que una mujer aburrida. Una mujer que está aburrida es una mujer peligrosa.

¿Qué hizo Eva. Si ya Adán les puso nombre a todos los animales, y no tengo nada para hacer, me voy con los árboles. Y empezó a mirar los árboles. A ver si a los árboles les puedo poner algo, un nombre. Las mujeres tenemos hambre de que nos ocurran cosas extraordinarias. Pero lindas, buenas. Todas las mujeres tenemos hambre de salirnos de los parámetros normales. No queremos ser mujeres estancadas en un lugar, en una situación. Queremos salir de los parámetros normales.
Ahora, esto está buenísimo. Pero el gran problema es que Eva, y es la lucha que tenemos las mujeres, tenía dentro de sí lo que podía y lo que no podía, tenía lo que estaba permitido y lo que no estaba permitido. Tenía dentro de sí lo posible y lo imposible. Lo posible y lo imposible. Las dos opciones, lo que podía y lo que no podía. Porque había recibido una orden de parte de Dios que tal vez Adán no se la transmitió porque se olvidó o tal vez se la transmitió mal. La entendió mal porque tuvo una mala transmisión. Dentro de ella estaba lo que podía y lo que no podía. El imposible y el posible.

Supongamos que te querés ir de vacaciones. Dentro de vos hay un imposible y un posible. El imposible sería, quiero irme en febrero a Europa. Pero para vos hoy es imposible irte a Europa porque no tenés los recursos económicos. Pero sí hay un posible dentro de vos, podés ir a Mar del Plata, porque te alcanzan las finanzas. Hay un imposible y hay un posible. El gran problema es cuando las mujeres nos quedamos ancladas en el imposible. Ese es el gran conflicto que tenemos las mujeres. Cuando nos quedamos ancladas en el imposible y después lloramos, sufrimos y nos angustiamos porque ese imposible nunca se podrá hacer, en lugar de ir rápidamente a lo que sí podemos, al posible.
Y esto le pasó a Eva. Eva tenía adentro un imposible, que era comer de ese árbol, pero el posible era comer de todos los demás árboles que había en el huerto. Sin embargo, ella se ancló en el imposible, en lugar de ir a recorrer todo el Edén y ver la cantidad de árboles que había, y comer y disfrutar y hacer lo que quisiera con todos los demás árboles, entre ellos el árbol de la vida. Miren si no era importante.

¿Pero ella qué hizo? Se centralizó a partir de ese momento en su imposible. Quiero mi imposible. Quiero mi imposible. Y ahí es donde aparece la serpiente. No es que los hombres sean serpientes. No, vamos a hacer simplemente una analogía. Entonces aparece la serpiente. Le dice, podés tener el imposible. Y  queda fascinada con eso. Le otorga a esas palabras de la serpiente algo especial, un sentido especial que no tenía.
Cuando te anclás en lo imposible y decís, no hago nada más hasta que no tenga mi imposible, cualquier palabra seductora te va a atrapar, cualquiera que te diga, te voy a dar tu imposible, te va a atrapar. Si viene un hombre y te dice, este año te llevo a Europa, te activa el imposible y le creés. Y te enganchaste con la promesa.

No averiguaste si puede, si no puede, si lo logra, si no lo logra. Te enganchaste con la promesa porque es el imposible tuyo y dijiste, él me puede dar mi imposible. El gran problema es anclarme en lo que no puedo hacer cuando me tengo que anclar y estacionar mi vida en lo que sí puede hacer. Si tengo dinero para ir hasta Mar del Plata, me voy a ir a Mar del Plata y voy a disfrutar y el imposible ya veré cómo se hace. Pero no puedo entregar mis imposibles a otras personas, porque esos imposibles no son para los den a luz otras personas. Lo posible y lo imposible.
Dijo Jesús, los estoy enviando como ovejas en medio de lobos, por lo tanto, demuestren ser prudentes como la serpiente e inocentes como palomas. Demuestren ser prudentes como las serpientes e inocentes como palomas. Vas a ir caminando siempre con un imposible adentro, porque eso es lo que nos motiva. No está mal tener imposibles.

Quiero esto, quiero lograr aquello. Quiero tener esta familia. Quiero ser feliz, quiero tener una familia feliz. Y, de pronto, tu familia no es feliz. Entonces, viene un hombre y te dice, te prometo que si estás conmigo te voy a hacer feliz. Y te da, de pronto, tu imposible. ¿Y tu posible cuál era? Hacer todo un proceso para que mi familia actual sea feliz. Y puedo hacer terapia, puedo buscar ayuda espiritual, puedo pedir oración, puedo orar, puedo llevar a mi pareja a que conozca al pastor, a la pastora, que le dé una palabra. Ese era tu posible.
Pero preferiste escuchar que alguien rápidamente te iba a dar el imposible. Y te anclaste en el imposible y ahí viene la voz de la promesa, la voz seductora. Por eso Jesús le dice a los discípulos, ahora los voy a mandar, pero tengan cuidado, porque van a estar entre lobos. Y tienen que ser prudentes como la serpiente e inocentes como la paloma.

Y lo que nos falta a las mujeres muchas veces y tenemos que desarrollar un poquito más, es la prudencia y la sencillez. Prudencia y sencillez. ¿Saben por qué la serpiente es prudente? Porque detecta el peligro. Por eso sabe cómo moverse. Sabe cómo camuflarse. Dice que tiene unos sensores que le permiten sentir el calor, el clima que hay afuera y con eso reconoce si hay peligro, si hay otro animal que lo puede atacar o no.

Ser prudente te hace tener ideas sanas. Te hace formularte pensamientos sanos. La mujer sagaz sabe callar delante de otros lo que es ella. Porque las mujeres somos muy boconas. ¿Y qué es lo primero que hacemos cuando conocemos un hombre? Le largamos el imposible.
Porque mirá, mi sueño es irme a Europa. Mi sueño es tener mi casita, con tres habitaciones y un jardincito adelante, para poder plantar. Y ya le largamos el imposible. Y el hombre sabe cómo puede prometerte para tenerte con él. En lugar de hablar de tus posibles, empezamos a hablar de nuestros imposibles. Y tus imposibles los tenés que hablar solamente con Dios. Tus imposibles nunca te los va a resolver un ser humano. Los imposibles siempre son tarea de Dios.
La persona sagaz, astuta como la serpiente, no le pone fe a todas las palabras que le dicen. La persona sagaz, la mujer astuta, no le pone fe a todas las palabras que le dicen. Le pone fe a las palabras que Dios dice, pero no le pone fe a las palabras de la gente, porque si no se frustra. Poner fe en cada promesa que una persona te hace no es de inteligente. La fe la tenés que poner en las promesas de Dios, que no es hombre para mentirte ni hijo de hombre para arrepentirse.
Cuando aceptás la promesa de un hombre a ciegas estás diciendo, ese imposible me lo va a dar él. Me va a dar la familia que quiero, la casa que necesito, me va a curar mi dolor emocional, va a sanar mis heridas, nunca me va a dejar sola. Le estás poniendo fe a una promesa que te hizo porque te anclaste en tu imposible.

Y en lugar de desarrollar tus posibilidades, te anclaste ahí y estás esperando que otro ser humano te cure y te sane tus imposibilidades. Y las imposibilidades solamente son tarea de Dios.
No solo tenés que ser astuto como la serpiente, sino que tenés que ser sencilla como la paloma. La paloma no se expone de más a los elementos naturales, al viento, al sol, a la lluvia. Sabe dónde esconderse, sabe cuándo refugiarse, porque no se arriesga, porque la paloma lo que hace es escuchar su propio cuerpo y dejarse llevar por la sabiduría de su cuerpo.
Y sabe que cuando hay una lluvia no tiene que salir. Que cuando el viento se siente así no va a salir a volar, porque se conoce a si misma. Por eso es sencilla. Dice, esto es lo que puedo y esto es lo que no puedo. Y voy a hacer lo que sí puedo.

Y vos y yo tenemos que ser mujeres sencillas. Esto es lo que puedo hacer hoy. Y hoy me puedo ir a Mar del Plata. Yo sé que mi imposible es Europa. Pero no me voy a amargar por eso. No voy a pedir que otro me cubra esa necesidad. Me voy a poner a trabajar en lo que sí puedo, para que nadie me haga promesas y después sufra. Para que nadie me haga una promesa y le ponga fe a esa promesa y después me vea defraudada. Voy a trabajar en lo que sí puedo.
Y si trabajo con lo que sí puedo, Dios se va a encargar de lo que no pueda. No voy a esperar de la gente lo que Dios tiene que hacer conmigo. Hay imposibles que te los va a dar Dios, solamente Dios, no es la gente. Y fíjense qué dice Su palabra. Dios promete y cuando te promete algo, hace un compromiso con Él mismo. Andá a buscar un hombre que haga eso. ¿Hoy cómo son las promesas? Te lo prometo por mi mamá, te lo prometo por mis hijos, te lo prometo por mi abuelita que murió. Y Dios dijo, yo lo que prometo, lo hago con un compromiso conmigo mismo. Él juró por si mismo que todo lo que te prometió en la palabra lo vas a experimentar antes de que te mueras.
Quiero que cierres tus ojos y veas cuál es el imposible que hay dentro de vos. Y cuántas veces quisiste escuchar promesas y te anclaste en el imposible, olvidándote de lo que sí podés, olvidándote de que hay cosas que vos solita las podés, olvidándote de que hay cosas que en la situación por la que estás pasando, igual podés.

Y tal vez te anclaste en el imposible y estás esperando la promesa que venga alguien, alguien que venga a pagarme ese impuesto que no puedo, alguien que venga a llevarme a viajar por todas las naciones, alguien que me dé esa paz que estoy necesitando, alguien que venga a enseñarme cómo hacer con mi familia. Alguien de afuera. Y es tu imposible, en lugar de empezar con tu posible.
Empezá con tu posible porque el imposible es solamente tarea de Dios. Y Dios va a tomar tu imposible, porque él te prometió que te iba a dar lo que ningún hombre, hombre y mujer, porque hombre y mujer mienten, Dios no es hombre para que mienta y Dios no es hijo de hombre para arrepentirse de lo que te promete. Por un camino o por otro, pero lo que te prometió, Dios lo va a cumplir.
Trabajá con tu posible para que no enganches con ningún mentiroso ni manipulador. Trabajá con lo que podés. Hoy tengo para Mar del Plata. Pero el resto me viene de Dios. No estoy esperando de la gente. Dios en algún momento tal vez use gente, pero si tiene que usar una piedra, usará una piedra, pero voy a hacer sabia, voy a ser astuta, y voy a ser una mujer sencilla, yo le voy a creer a Dios.

Tal vez en la vida, por lograr el imposible, tomaste atajos y te equivocaste. Tomaste atajos y te fue mal, porque pensaste en alcanzar el imposible en lugar de seguir caminando por lo posible. Esto puedo hacer, aquello todavía es inalcanzable para mí. Y si Dios me dice que todavía no, es no. Si Dios me dice que todavía no, es no.

¿Por qué escucho promesas de personas que me dicen que sí, cuando Dios me dijo, no? ¿Querés un negocito? Tengo una estrategia, no sabés… Mirá, cobramos los impuestos de tal, del barrio, nos quedamos con el 5%, nadie se entera de nada. Acá es un negocito nuestro. Y vos llegás a tener lo que querés. Si Dios te dijo que no, es no. Trabajá con lo que sí podés, no con el imposible que otro te promete, porque los imposibles son solamente tarea de Dios.
Algo grande va a venir. Pero no confío en las promesas, no porque la gente que promete sea mala o me quiera dañar, sino porque sé que lo que quiero es un imposible que le pertenece cumplírmelo a Dios. Y tal vez el otro se mate por cumplirlo, pero no es tarea del otro.
Entonces, cuando vas con ese pensamiento y alguien te promete algo, si lo cumple, bien, porque vino de la mano de Dios, y si no lo cumple, no te frustres, porque la promesa viene de Dios. Y lo imposible no es de la gente. No le pidas más a la gente de lo que la gente te puede dar. Tal vez le estás pidiendo a alguien lo que no te puede dar. Basta. Hacé lo que podés, porque lo imposible es tarea de Dios.

Dios promete y Dios te prometió y si nunca escuchaste una promesa de Dios, porque es la primera vez que estás en este lugar, te felicito por haber venido, seguramente viniste porque ya te engañaron tantos con tantas promesas. Y vas a pedirle a Dios una promesa. No a la gente, vas a confiar en Dios. Dios no te va a fallar, porque dice que cuando Dios promete hace un compromiso consigo mismo. Él dice, por mi mismo, no te voy a fallar. Lo hago por mí, no te voy a fallar. Y si Dios promete, Dios cumple.
Vamos a venir a recibir una promesa, y te vas a llevar esa promesa y no la vas a esperar de la gente. Tal vez venga de la gente, pero no te preocupes, es alguien que mandó Dios. Pero no creas y no le pongas fe a la palabra de la gente sino a la palabra que hoy se te suelte en este lugar, que es palabra de Dios.Si este Mensaje te ha ayudado, envianos tus comentarios haciendo click aqui y compartilo en las Redes Sociales haciendo click debajo

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BERNADO STAMATEAS, NOS ESCRIBIO. Las 4 estaciones de la vida‏

 

Te enviamos nuestro Mensaje de Éxito del día 26/7/2012
Las 4 estaciones de la vida
por Bernardo Stamateas

Lucas 2:36-38 Había también una profetisa, Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años, y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro. Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones. Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. 

La primera es la niñez, la segunda la adolescencia, la tercera la adultez y la cuarta la ancianidad. Jesús se conectaba con los niños, con los adolescentes, con los adultos y ancianos porque él tenía las cuatro edades dentro de él.
Quiero hablarte de qué cosas tenemos que llevar porque la vida es un tren de una sola mano y una vez que avanzamos, ya no se puede volver atrás. Y lo importante es que cada etapa nos llevemos lo que Dios designó. Y si no nos llevamos algo que tendríamos haber llevado de bendición hoy Dios lo va a recrear para que esté con nosotros en el nombre del Señor.
Primera etapa. Es la etapa de la niñez. La niñez fue hecha para que nos llevemos algo a todas las etapas de la vida que es la capacidad de jugar.
Cuando leés en la Biblia cantar, saltar, gritar habla de la parte infantil. El apóstol Pablo está preso en una cárcel y se pusieron a cantar y en la medianoche Dios bajó, les abrió las puertas porque cuando soltás la capacidad de jugar traés a Dios a escena para tu próximo milagro. Tenemos que jugar, reírnos más, ésta es la cosa más importante que nos llevamos de la infancia. Cuando Salomón hizo el templo hizo fiesta catorce días seguidos.

Yo te profetizo que vas a construir cosas grandes para Dios y durante catorce días seguidos va a estar la sonrisa en tu boca. Hay gente que no juega, no sonríe, no ríe. Pero Dios lo va a generar y lo va a dibujar en tu rostro porque vas a construir cosas grandes. Dios va a restaurar la capacidad de divertirnos. La gente más divertida de la Argentina va a ser los hijos de Dios de Presencia de Dios. Reír, jugar.
Había dos nenes, hicieron un castillo en la arena, vino una ola y destruyó el castillito. Los nenes se tomaron de la mano, caminaron unos pasos más, hicieron otro castillito, porque así es el corazón del niño. Cuando la vida te destruye los castillos, te tomás de la mano de otro nene y caminás unos pasos y volvés a empezar otra vez. Dios te va a dar la capacidad que cuando la vida, el viento y las tormentas destruyan lo que más anhelabas no te pongas a llorar, solamente da unos pasos más y digas, vamos a seguir jugando porque todavía el juego no se ha terminado.
Había un nene que estaba dibujando y la maestra le dice, ¿qué estás dibujando? Estoy dibujando a Dios. Y la maestra lo mira y le dice, no puede ser porque a Dios nadie nunca le vio la cara y nadie sabe cómo es Dios. El nene la mira y le dice, en unos minutos todo el mundo va a saber cómo es.
Porque esa es la capacidad. Yo te digo algo, vamos a jugar más con la deuda, con los problemas familiares, nos vamos a reír, porque Dios va a activar ese niño interno para que volvamos a divertirnos, porque Dios derrama gozo a los que honramos su nombre.

Había un nene y la mamá le decía, nene, que te tomen para actuar en la obra del colegio. Tenés que actuar, tenés que actuar, porque lo más importante es que actúes en la obra. Y a la tarde el nene llega del colegio con una sonrisa de oreja a oreja y la mamá le dice, ¿y qué pasó, te tomaron para actuar? No mamá, algo mejor, me eligieron para aplaudir y motivar a los que actúan. ¿No es genial mamá?
Porque eso es lo que tienen los niños, tienen una sabiduría extraordinaria. Y Dios nos va a dar la capacidad que cuando no nos elijan para actuar, nos elijan para aplaudir y también lo disfrutemos en el nombre del Señor. Jugar.

El primer milagro que Jesús hizo no fue sanar a un ciego, a un paralítico, fue hacer agua en vino en una fiesta de casamiento para que la gente siga divirtiéndose.
Lo primero que Dios te va a restaurar es la capacidad de alegría y de jugar. La fe en el Señor es una fe divertida, hermosa y Dios la va activar y vamos a ser la gente más divertida de la Argentina. Jugar.
Hay gente que en la infancia no jugó y te falta eso, pero Dios lo va a generar hoy en la estación de la vida donde estás, porque vas a llevar en los próximos años la capacidad de divertirte en el nombre del Señor.

Después que dejamos la estación de la niñez pasamos a la adolescencia.
¿Por qué la adolescencia fue creada por Dios? Para soñar. El adolescente es utópico, es idealista, se rebela. El adolescente tiene proyectos grandes. El adolescente es loco pero tiene un gran problema. La adolescencia que es el súper yo, la voz crítica, la conciencia que lo castiga, está mal, hiciste mal. Por eso, cuando los papás les dan cariño, abrazamos a nuestros hijos, el adolescente lo lee como un súper yo, como una voz crítica. Dicen, a mí no me vas a decir lo que tengo que hacer. Pero te estoy aconsejando. Yo voy a hacer mi vida.
Porque el gran problema de todo adolescente es su súper yo, es esa voz que te hace dudar, te dice, y si hago esto me puede pasar esto y si hago esto me puede pasar esto otro. Y la voz crítica te dice, si te equivocaste te voy a  castigar, voy a lastimarte por eso. Hay gente que no decide por eso. Hay gente que se condena de grande. Dice, cómo le hablás a Dios con los pecados que hiciste. Es esa voz crítica que si no la desarmás, te lleva a juzgar a los demás, a evaluar a los demás. Mirá ese, mira ese otro.

A veces hay gente que saca esa voz crítica y la pone en los demás, se sienten perseguidos. El paranoico es eso, el paranoico dice, me van a lastimar, me van a robar, me van a engañar, me van a maltratar, porque agarró esa voz interna. ¿Qué le pasa al depresivo? También tiene esa voz interna que dice, nadie te quiere, no servís para nada, no lo vas a lograr. Esa voz es la que no nos deja soñar y Dios tiene que desactivar esa voz crítica para que empecemos a soñar, para que soñemos cosas grandes.
¿Cuántos son músicos? Son raros los músicos porque hablan raro, caminan raro, porque son creativos y el creativo es un soñador que logró desactivar la voz crítica. No le importa la vergüenza, lo que dirán,  lo que va a pasar, lo que no va a pasar y se atreven a soñar.
Lo segundo que Dios va a restaurar es la capacidad de soñar cosas grandes maravillosas.
Yo soy un gran soñador y sueño que de Presencia de Dios se va a levantar el próximo dueño de América TV y nos van a llamar a Alejandra y a mí. Van a decir, pastor, venga que las luces ya están puestas para que hagan el programa y no le tengamos que pedir permiso a ningún productor más. Yo sueño que se van a levantar los que van a comprar Telefé, Canal 13, Canal 9. Yo sueño que de acá se van a levantar los grandes millonarios, las familias más bendecidas, las mujeres más extraordinarias, las familias más gloriosas. Yo voy a soñar.
Es esa voz la que te dice que vas a soñar. Si no podés, no servís, todo lo hacés mal, nadie te quiere. Es esa voz la que te hace mirar el cuerpo y lastimarte internamente. Pero esa alarma la vamos a desactivar y nos vamos a animar a soñar cosas grandes. Yo oro para que un espíritu de locura divina caiga sobre nosotros y la gente más soñadora, más extraordinaria esté acá en Presencia de Dios. Jugar, soñar.

Entramos a la media vida entre los treinta y cinco y los sesenta y cinco, adultez. Es la etapa más larga, la etapa donde mirás para adentro y te das cuenta que hay cosas que no lograste, que no te animaste, el proyecto, que no estudiaste, que la carrera que te quedó por la mitad, qué lograste y qué no lograste, porque te das cuenta del tiempo. Porque en la adolescencia el tiempo no existe, es todo eterno, todo hermoso, pero cuando entrás en la tercera estación te das cuenta que el tiempo pasa porque empezás a ver a la gente envejecer, empezás a ver que la gente se muere.
Empezás a ver que en tu agenda solamente tenés los teléfonos de los doctores, que el tiempo está avanzando y te das cuenta qué lograste, qué no lograste. Si tu papá vive está más viejito y hay una conciencia, una interioridad, una búsqueda interna. Después empezás a ver el cuerpo y te das cuenta que ha cambiado el pelo, se empieza a caer, los párpados se empiezan a caer, los dientes también caen, la panza se empieza a caer. Y empiezan las enfermedades.
Decís, a mí nunca me pasó esto, a mí nunca me salió sangre, a mí nunca me dolió el cuerpo. Estás en la etapa de la mitad de la vida. A las mujeres les viene la menopausia, tienen calor, frío, calor y a los varones nos baja la testosterona, tenemos diferentes voces. Es una etapa para crecer porque esa etapa fue hecha para conquistar. Jugar, vamos a jugar, a soñar. Después viene la etapa de la conquista. De qué te sirve quedarte con los sueños, ahora vas a prosperar, ahora vas a avanzar, ahora lo vas a lograr, ahora tenés fuerzas internas para ir para adelante. Y en esa etapa hay que crecer, aprender, enriquecer el mundo interno.

Salomón dejó de ser adolescente y cuando entró en la tercera estación de su vida le pidió a Dios sabiduría. Y Dios le dijo, te voy a bendecir porque pediste inteligentemente. Porque lo que necesitamos es crecer, es que la gente nos vea y no nos reconozca. Es que crecí, invertí tiempo para prepararme.
Por eso tenés que agarrar tu agenda y decirle que Dios la ministre para que haya tiempo para conocer más a Dios, para aprender, para enriquecer tu mundo interno, para que no seas el mismo. Porque todo lo que nos vamos a llevar a la eternidad son las experiencias que guardemos en nuestro espíritu, nada más. Por eso la tercera etapa es la etapa de la conquista. Jugar, soñar, conquistar.

Después de los sesenta y cinco, después que estamos conquistando viene la ancianidad, la vejez. Y la vejez es la etapa de la trascendencia. No es que cuando uno es niño juega y cuando es adolescente no juega más, no, le suma el juego al sueño. Y cuando uno entra en la media vida juega, sueña y conquista. Y cuando uno entra en la ancianidad juega, sueña, conquista y trasciende. Pero el Espíritu Santo me dijo que no necesitamos llegar a viejos para guardar estas cuatro cosas, las podemos usar ahora, no importa la edad cronológica. Podemos jugar podemos soñar, podemos conquistar y podemos trascender. Y eso es lo que te hace una persona completa.
Por eso el apóstol Pablo le decía, Señor, completame. Yo nunca entendí eso. ¿Qué quiere decir completame? Dame esos cuatro recursos para que me sienta completo, pueda jugar, pueda soñar, pueda conquistar y pueda trascender. Y una de las mentiras más grandes de la vejez es que vejez es igual a enfermedad.

Y dice un médico muy importante que el 40% de los medicamentos del mundo los consumen los viejos, porque la cultura enseña que cuando llegues a viejo vas a quedar internado en un geriátrico. Nadie te va a querer, vas a necesitar los medicamentos. Y eso es una profecía auto cumplida porque decís, cuando entre en esa etapa voy a quedar mal y cuando lo creés se te empieza a complicar.
El sesenta y cinco por ciento de los ancianos en el mundo se valen por sus propios medios. Sólo el 2% está en un geriátrico. Entonces, llegar a viejo ya es una bendición, porque tenés dos opciones en la vida o te morís de joven o llegás a viejo. Queremos la segunda. O te morís joven o llegás a viejo.

Me decía una enfermera en el año nuevo, Bernardo, estamos viendo gente de veinte, treinta años con ACV, con infartos, con muertes súbitas, chicos jóvenes que se están muriendo. O sea que llegar a viejo ya es una bendición. Tenés que saber de que el cuerpo se va apagando, pero los dones del Espíritu y la gloria del Señor van creciendo.
Darío nos predicó que cuando el cuerpo se va desgastando, la gloria que Dios te ha dado adentro sigue creciendo en el nombre del Señor. Beethoven se quedó sordo pero seguía haciendo música. Porque aunque tu cuerpo se va desgastando por fuera, los dones por dentro siguen funcionando en el nombre del Señor. ¿Hay soñadores locos que ya apagaron esas voces críticas? ¿Hay gente conquistadora que va a ir detrás de su sueño?
Cuarto es la trascendencia. Están en el templo y viene María, la mamá de Jesús con José y Jesús. Lo traen a presentar al templo y aparece Simeón. Tenía ochenta años y toma el bebito y bendice. Dice, gracias, Señor, acá está el salvador. No bendice al bebé, porque el bebé era la bendición y bendice al Padre y le dice, Dios acá está el salvador.

En eso viene la viejita Ana, que quiere decir llena de gracia. Era profetiza. Hacía años que no había una profetiza, pero Dios levantó una mujer. Mujer, Dios te va a levantar como una voz profética en medio de la nada para que celebres cosas grandes. Cuando la viejita vio al bebé empezó a hablarle a todo el mundo que el salvador ya había nacido. Preparate porque en tu templo, en tu casa, en tu trabajo, se vienen noticias que nunca jamás imaginaste que ibas a oír, que ibas a ver y que ibas a tocar, mas Dios las ha preparado para los que le amamos.
Había estado casada siete años y ochenta y cuatro viuda. Ochenta y cuatro viuda más siete de casados son noventa y uno. Se casó a los quince años, tenía ciento cinco o seis años. Y dice la Biblia que estaba en el templo del Señor día y noche. Porque tenés que ser una persona que no se pierda nada de Dios, que estés conectado de día y de noche, porque Dios te va a bendecir de día y te va a bendecir de noche, te va a bendecir lunes y te va a bendecir martes, miércoles, jueves y enero, marzo y 2012 pero no te tenés que perder nada.

La viejita no estaba llorando, no me quiere nadie, no, la viejita estaba en el templo diciendo, Dios tiene todavía cosas grandes para mí. Porque Dios no mira la edad, mira la disponibilidad. Cuando trajeron a Jesús la viejita se alegró. Y acá va lo que leí que me impactó tanto. Dice Ana, hija de Fenuel, de la tribu de Aser y eso me impactó. Yo me detuve en eso y el Espíritu Santo me dijo porqué está el papá y está la tribu, porque ellos sembraron algo en ella para que ella lo pudiera cosechar.
Hay alguien en tu familia que sembró algo en vos y que hoy estás cosechando gracias a la semilla que ellos sembraron. Y cuando me vino eso, me vinieron muchas cosas. Me acordé que cuando mi papá vino de Grecia, vino con dos libras esterlinas. Era todo su capital y un día fue a una reunión en la iglesia griega y ofrendó todo lo que tenía. Y cuando me vino ese recuerdo, el Señor me dijo, Bernardo, nunca te ha faltado nada. Has vendido los libros, te invitaron las empresas, por la semilla que tu papá una vez sembró a tu favor y que estás cosechando. Hay alguien que sembró cosas por tu vida.

Le pregunte a Alejandra qué sembraron sus papás. Cuando mi papá tuvo una herencia, él se la regaló a los hermanos. No la tomó y esa es la semilla que mi papá sembró y que hoy estoy cosechando. Por eso nunca nos ha faltado nada. Nunca en todos estos años tuvimos una sola deuda, porque nuestros papás sembraron una semilla y nosotros disfrutamos de la cosecha. Alguien sembró en tu vida para que estés donde hoy estás. Y lo tenés que identificar.
Puse en Internet bendiciones generacionales y no me aparecía nada sino maldición. Y el Señor me dijo, Bernardo, decile a mi pueblo que identifique qué cosas tu papá, tu mamá, tu abuelo sembraron en tu vida. Mi mamá me contó que vivió la segunda guerra mundial. Cuando Italia y Alemania invadieron Grecia, invadieron el pueblo donde ella estaba.

Y me decía que vio a la gente morir, como los nazis mataban gente, explotar con granadas y cuando me contaba su historia el Espíritu Santo me dijo, ella venció la guerra, por eso estás cosechando fortaleza, Bernardo. No te matan las balas, no te detiene nada, porque tu mamá pasó la guerra para darte la victoria. Alguien sembró algo en tu vida que hoy estás disfrutando.
Me contaba mi mamá que sus papás eran cinco. Él trabajaba limpiando en una maderera y todos los domingos iban a la iglesia y viajaban con uno de los pastores de la iglesia griega con los que me crié. Y mi abuelo pagaba sus cinco pasajes y le pagaba al pastor porque viajaban todos en el mismo colectivo.

Era una manera de honrarlo y al tercer domingo el pastor, que era comerciante, tenía mucho dinero, le dijo, no me pague más el pasaje. Para mí es un honor. No me lo pague más, me lo paga y me está obligando a que el otro domingo yo pague cinco pasajes y pierdo. Porque usted paga uno pero yo tengo que pagar cinco. Y cuando escuché eso me indigné y dije, habrá gente tan miserable. Y el Espíritu Santo me dijo, tu abuelo sembró un pasaje y vos estás cosechando  porque Presencia de Dios trae miles de gente gratis a este lugar. Alguien sembró en tu lugar, a tu favor.
Pablo le dice a Timoteo, que era el más querido, Timoteo, tu abuela Loida, que quiere decir victoriosa, te sembró fe. No sos quien sos solo por tu orgullo, tu abuela te sembró fe. Abuelos, ustedes son la imagen del envejecimiento delante de los niños. Dejen de llorar, de quejarse y sean como las Loidas que siembren fe, porque vas a sembrar una semilla a tus nietos y ellos van a ser los próximos Timoteos de este país. Dios va a levantar abuelos llenos de la presencia de Dios.
Alguien sembró algo a tu favor. Identificá, tu mamá sembró algo, tu papá, algo bueno sembraron tu abuela, tu tío, alguien, tu hijo. Alguien sembró algo y vos lo estás cosechando. Identificá tu cosecha.

Pablo le dijo a Timoteo, tu abuela te sembró fe, tu mamá te sembró fe. Pero Timoteo no tenía papá, había muerto y le dijo, tu abuela te sembró una semilla y tu mamá también, tenés doble cosecha. Y Pablo le dijo a Timoteo, yo soy tu papá espiritual. Quiere decir que lo que tu papá físico no te puedo dar, te lo doy yo como papá espiritual. Timoteo tenía tres cosechas para recibir y yo te digo algo, lo que no te dieron tus papás físicos, un papá, una mamá espiritual te va a sembrar algo espiritual, porque vas a cosechar por tres, vas a cosechar lo que otros sembraron a tu favor.
Yo recorrí muchos países del mundo. Y recordé que cuando tenía doce años iba al puerto con mi papá a los barcos a dar folletos. Y yo iba porque me daban las cajitas de fósforos, que las coleccionaba. Y el Señor me mostró, me dijo, esa fue una semilla que hiciste, por eso te abrí las naciones de la tierra. Pueden ir con Alejandra a cualquier país para hablar, porque abriste caminos. Todo lo que siembres en alguien, eso va a ser una puerta abierta a tu destino y a tu mañana. Alguien sembró en tu vida.

Estaba Ana y tenía como cien años y sabía que el papá le sembró algo y la tribu. Gente que no es tu parentesco directo te sembraron algo. Y ella ahora salió y le hablaba a la gente, empezó a sembrar en otros. Eso se llama “trascender”, se llama, no alcanza con que yo disfrute la cosecha de lo que sembraron, sino que salga a sembrarle a alguien una semilla.
¿Te animarías a trascender? ¿Te gustaría que hoy identifiquemos a los que nos sembraron y darle gracias a Dios y también que salgamos con un puñado de semillas y sembrarle a alguien y bendecir a alguien con un abrazo, una oración, una palabra?

Gastón me decía que un matrimonio estaba en el hospital con el tratamiento de su hijo. Ellos iban a las habitaciones orándole a la gente. Estaban sembrando. Eso se llama trascender. No es necesario esperar a la vejez física, lo podemos hacer ahora, tomar semillas y sembrar en alguien.
Te voy  decir algo que me mostró el Señor. Ana le empezó a hablar a la gente de ese bebé, Jesús. Y Jesús cosechó multitudes. Cuando las multitudes lo seguían a Jesús, no fue por Jesús, fue porque estaba cosechando la semilla que la viejita le había sembrado cuando era un bebé. Y si Jesús necesitó que los pastores, los magos, Simeón, Ana le siembren algo para él cosechar, cuanto más la gente que está esperando que vayamos con algo, un abrazo, una oración, sembrarle una palabra y ganarlos del reino de las tinieblas y traerlos para el reino de Jesucristo. ¿Estás de acuerdo en que le vaciemos el infierno en Argentina al diablo y llenemos el cielo en el nombre del Señor y podamos trascender? Alguien sembró en vos. ¿Vas a sembrar en alguien? ¿Cuántas cosas estás cosechando? Alguien sembró una palabra.
Cuando empecé a dar clases, a predicar, le decía, Alejandra, ¿cómo estuve? Ella me decía, bárbaro. Yo decía, no, me parece que estuve mal. No, me decía ella, estuviste increíble. Y ella sembró en mí. Y yo sé que donde voy Dios obra, porque alguien sembró en mí y ahora tengo que sembrar en alguien.

¿Vas a orar, bendice mi trabajo o vas a orar que mi trabajo bendiga tu reino? ¿Vas a orar, dame plata, Señor o vas a orar, dame plata que bendiga tu reino? ¿Vas a orar, bendice mi casa o que mi casa bendiga tu reino? ¿Vas a orar, dame el coche nuevo o vas a orar, que mi coche bendiga tu reino, Señor? Yo quiero ser un sembrador, quiero trascender. Apocalipsis dice que cuando los muertos se vayan, sus obras continuarán con ellos. Eso es trascender. Cuando nos agarran con Alejandra, dicen, pastora, hace cinco meses me drogaba. Yo conocí al Señor acá. Eso es una alegría. Son la corona nuestra. Son nuestra cosecha. Y la gente es cambiada.

¿Te animás a sembrar? Estaba el pastor Osteen y fueron a comer. Y la mesera lo trató mal. Y el pastor dice, no le voy a dejar propina a esta mujer que me trata mal. Y el Espíritu Santo le dijo, le vas a dejar la mejor propina que diste en toda tu vida. No, decía él, me trató mal. Le vas a dar la mejor propina. Y cuando viene la mujer, le dejó una propina más grande que el plato que habían comido. Y la mujer se sorprendió.
Al otro día le mandó un correo. Pastores, yo era cristiana, maltratada, apartada. Me engañaron, abusaron y lo traté mal. Sé que le traje mal la comida, está muy mal, pero cuando vi la propina que me dio dije, este es un varón de Dios. Y a partir de ahora toda mi familia, todos nos vamos a congregar con usted. Ustedes son gente de Dios. El Espíritu Santo le habló y le dijo, ves lo que hiciste. Le cambiaste la cosecha a la mujer, porque el diablo le había sembrado problemas y le cambiaste la semilla, le cambiaste la cosecha.

¿No será que a la gente en el mundo el diablo les está sembrando basura y tendremos que ir los hijos de Dios a cambiarles la cosecha? ¿Será que ha llegado nuestra hora de decir, ahora vamos a sembrar nosotros? Porque Jesús dijo, si le sembrás algo bueno al que te siembra algo bueno, ¿dónde está tu recompensa? Pero si al que te hace algo malo le sembrás una semilla de bendición, le cambiás la cosecha. Ahí hubo victoria. ¿Qué te parece si en esta semana le cambiamos la cosecha a más de uno con un abrazo, una oración, una palabra?
Jugar, soñar, conquistar, trascender. Voy a orar para que esas cuatro cosas las tengamos ahora y tengamos vidas plenas. Les hablo a los adolescentes y a los jóvenes. Ojalá me hubiesen soltado esta palabra a tu edad, pero hoy Dios me da la posibilidad de sembrar en tu vida. Yo sé que se van a levantar los próximos Timoteos, las líderes, las pastoras, las millonarias, la gente extraordinaria, porque te estoy sembrando algo grande de parte de Señor.

Me dijo mi papá, a ver, ¿quién es la persona más importante de toda la Biblia? Yo le dije, no sé. El hombre más importante de toda la Biblia fue José, el esposo de María. Pero si de José nunca habla la Biblia. Me dice, cuánto Dios tuvo que haber confiado en ese hombre para entregarle el bebé, a su hijo amado para que lo cuide y lo crié. ¿No es ese hombre más importante? ¿Le dejarías a tu hija, un bebé, a alguien en quién no confías totalmente para que lo cuide y lo críe?
José cargaba con el bebito fruto del Espíritu Santo. Cargaba con todos los comentarios del pueblo que le decían, sí, del Espíritu Santo, con toda la humillación durante su vida. Pero José no habló nunca. Dios le habla en sueños, nada más. Pero él fue el hombre más importante. ¿Podrá Dios confiarte algo que él ama? ¿Podrá Dios poner algo en tu mano? Querido adolescente, niño, querido adulto, querido anciano, ¿podrá Dios confiarte algo que él ama y podrás cuidarlo y hacerlo crecer y llevarlo como una semilla para que la gente sea bendecida?
El hombre más importante de la Biblia es José. Yo oro para que Dios levante a los Josés que le digan, Señor, lo que me has dado lo voy a sembrar, porque hoy estoy cosechando de lo que me han sembrado, pero voy a salir a sembrarle a otros y a cambiarles la cosecha, porque en el 2012 el infierno que está sobre Argentina se va a vaciar y el cielo que está sobre Argentina se va a llenar con tu poder.

Jugar, soñar, conquistar, trascender. Yo declaro en el nombre de Jesús que semillas del cielo vienen sobre tus manos para que disfrutes de la cosecha que otros te han sembrado y salgas a sembrar a las nuevas gentes. Yo declaro, Presencia, que hoy nos levantamos para que Argentina sepa que ha nacido un salvador. Su nombre es Jesús de Nazaret.
Hay gente afuera que está en la agenda de Dios. Tienen tu nombre,  están esperando que les siembres algo, como alguien sembró en tu vida una oración, un abrazo, una palabra, un regalo. Evangelizar no es una técnica, es amar a la gente. Por eso, en estos veinte años hemos recorrido cada centímetro de la Argentina, porque los pastores hemos sembrado sin parar, porque Dios nos llamó a trascender, porque lo único que nos vamos a llevar al cielo es lo que hayamos hecho, nada más.

Cuando Alejandro Magno murió, dijo, entiérrenme con las palmas hacia arriba para mostrarle al mundo que no me llevo nada aunque he conquistado todo. No nos vamos a llevar nada sino la cosecha que alguien hizo en nosotros y que hemos hecho en los demás.Si este Mensaje te ha ayudado, envianos tus comentarios haciendo click aqui y compartilo en las Redes Sociales haciendo click debajo

 

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ALEJANDRA STAMATEAS‏

Mensaje de Éxito del día 23/7/2012
¿Estás más gorda o es idea mía?
por Alejandra Stamateas

¿Estás más gorda o me parece a mí? Porque cuando te lo dicen, te lo dicen como que les da gusto, porque qué bueno que la otra esté gorda. Porque cuando la otra está gorda, no me hago problema por mi gordura. Y si la otra está gorda, me siento flaca. Entonces, cuando te dice, me parece que estás más gorda, ¿es cosa mía o estás más gordita?
Y te están como preguntando algo íntimo. ¿Qué pasó? ¿Te descontrolaste con la comida? ¿Anduviste comiendo, picoteando por ahí? ¿Algún problemita interno que estás más gordita? ¿No tenés control de tu vida que estás excedida de peso? Ese estás más gorda quiere decir mucho. No es solamente estás más gorda o me parece a mí.
Y vamos a ver cómo nos afecta la mirada de los demás. Vamos a Génesis 2:25. En ese tiempo, el hombre y la mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza.
Génesis 3:6-11,21, La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: –¿Dónde estás? El hombre contestó: –Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. –¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? –le preguntó Dios–. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió.
En la hoja que les entregamos van a ver la figura. El hombre tiene la figura de un hombre y la mujer la figura de una mujer, parte de adelante y parte de atrás. Lo que van a hacer es marcar en esa figura que supuestamente representa la tuya, todas las partes de tu cuerpo que no te gustan. Háganlo con sinceridad, eso les va a quedar para ustedes. No lo van a entregar.
Todo lo que no marcaste es lo que te gusta de tu cuerpo. Eso es lo bueno que tenés, lo que te gusta. Y eso es muy importante, porque  a veces hacemos el foco en lo que no nos gusta, pero no hacemos el foco en que hay aspectos en nuestro cuerpo que sí nos gustan.

Hay parte de nuestro cuerpo que sí nos gustan y tenemos que tener la habilidad, cada vez que nos miramos frente al espejo, de poner el foco en lo que sí nos gusta y no en lo que no nos gusta. Porque donde ponga el foco es cómo voy a vivir mi día. Si me levanta a la mañana y siempre miro eso que no me gusta, me amargo el día. Pero digo, voy a mirar hoy lo que sí me gusta, eso te alegra la vida.

Vamos a hablar de lo que no nos gusta. La imagen que tenemos de nuestro cuerpo siempre es falsa. La imagen que tenemos de nuestro cuerpo siempre es una imagen falsa. Porque miro mi cuerpo a través de las experiencias que tuve con mi cuerpo. Miro a mi cuerpo a través del amor o del odio que le tengo y vivo mi cuerpo o veo mi cuerpo de acuerdo a la voz de los demás, a lo que los demás me dijeron y me dicen acerca de mi cuerpo.

Les voy a mostrar algunos objetos, a ver si los recuerdan: un sifón, un chupetín Topolín que venía con sorpresa, un Toddy, una red para sujetar los ruleros, una tabla de lavar, un jabón Federal, un chocolate Jack con sorpresa.

Acá tenemos todos estos recuerdos. Cuando te voy mostrando cada uno de estos objetos, te trae un recuerdo. Muchas de ustedes pensaron en una abuela, en una tía, en una mamá, en una casa donde estaban estos objetos, en una experiencia. Y para vos cada uno de estos objetos te va a traer una emoción, puede ser buena o mala, positiva o negativa, te puede gustar o no te puede gusta recordar esto.

Tal vez te acordás del sifón y el día que tu papá se lo tiró a tu mamá, entonces para vos el sifón tiene un mal recuerdo. Tal vez te acordás de la tabla de lavar y pensás en tu mamá, cómo se sacrificaba por ustedes y todo lo que logró y lo que les pudo dar a ustedes, lavando acá la ropa, esforzándose con las várices y demás, y te trae un lindo recuerdo, porque ves el sacrificio que hizo tu madre, o tu abuela.

Tal vez el chocolate, o el chupetín te trae el recuerdo de algún momento cuando tus padres te regalaban algo, que te lo traían una vez por semana, o que era el dinero o las monedas que había juntado para ir al kiosco a comprarte esa golosina. O sea, todo nos trae emociones o positivas o negativas.

Pero el sifón, la tabla de lavar, es una tabla de lavar, no es buena ni es mala, el sifón no es ni lindo ni feo, es un sifón. El chocolate es un chocolate, el chupetín es un chupetín, los que les ponemos las emociones somos nosotros. Y así pasa con nuestro cuerpo. Cuando miramos nuestro cuerpo le ponemos tantas emociones, le ponemos tanta información que nos dan los demás con respecto a nuestro cuerpo que entonces la imagen que tenemos del cuerpo es emocional y siempre es falsa. La imagen nunca es la real.

Vamos a analizar un poco esto de la imagen afectiva. Siempre voy a ver mi cuerpo con los lentes deformantes. ¿Cómo me veo? De acuerdo a todo lo que proviene de mi cuerpo, me miro al espejo y cuando me miro, no miro solamente mi cuerpo físico, sino que también miro mi cara y cuando veo reflejada mi cara, veo un montón de cosas.

Cuando veo reflejada mi cara también estoy haciendo una observación de mi cuerpo, si es lindo o si es feo, si me pone contenta o no me pone contenta, los olores de mi cuerpo, los dolores que tiene mi cuerpo, mi voz, todo eso es mío y van formando mi imagen del cuerpo.

También todo lo que hablo acerca del cuerpo, todo lo que hablo acerca de mi vida, el lenguaje, lo que me digo, eso tiene que ver con mi historia. Mi cuerpo tiene una historia. He pasado por situaciones.

Tal vez de chica fuiste abusada, violada, te pegaban y tenés el recuerdo de que alguien quería trabajar tu interior para que fueras obediente, o para que fueras una persona disciplinada y lo que hacían era maltratar tu cuerpo y tu cuerpo sufrió todo ese dolor.

Esa es la historia de tu cuerpo, abortos, embarazos, operaciones, todo tu cuerpo tiene la historia de tu vida. Y también está compuesta esa imagen por todo lo que proviene del otro. Se dice que cuando nacemos, nuestros padres nos ponen un disfraz, el que les parece a ellos que tiene que ir con nosotros.

Por ejemplo, hay una mamá que el bebé recién nacido llora a cada rato y ella dice que eso es porque es muy activo. Por eso es llorón, porque tiene mucha energía. Y para otra mamá el bebé llora de la misma manera, la misma cantidad de veces, pero dice, no, es tranquilito, no me hace problemas. En realidad los dos están llorando la misma cantidad de veces, pero una mamá le pone un disfraz de tranquilo y otra mamá le pone el disfraz de que tiene energía y tiene fuerza.

Por eso nuestros padres nos pusieron el disfraz que les parecía a ellos. Esta es tranquila, esta es inteligente, la otra es vaga, o el otro va a ser bandido. Cada padre pone a sus hijos un disfraz que lamentablemente a lo largo de la vida después lo vamos llevando a todos lados. Y también dentro de lo que el otro habla sobre nuestro cuerpo están las conversaciones familiares, cuando nos sentamos a la mesa a comer.

¿Qué escuchabas sobre el cuerpo tuyo y de los demás? ¿Qué se habla en las mesas familiares? Hoy estoy comiendo de más, mañana tengo que hacer ejercicio, uy, estoy muy gorda, mirá la panza que tengo, uy, viste la gorda aquella. ¿Qué cosas se hablan en la mesa sobre el cuerpo? Porque siempre salen temas que tienen que ver con el cuerpo. Y no nos damos cuenta muchas veces que hay otros que están recibiendo su imagen del cuerpo por las palabras que decimos.

Por eso tenemos que evaluar las palabras que hablamos, especialmente cuando estamos con nuestros hijos e hijas. Porque lo que van a escuchar de vos, si todo el día te denigrás físicamente, si todo el día te estás denigrando, si todo el día estás pensando qué vas a comer y qué no vas a comer, que lo que comiste hoy, mañana tenés que hacer ejercicio, o tenés que hacer una dieta o voy a engordar en el verano y entonces hablás todo el tiempo de comida y de cuerpo, eso es lo que reciben nuestros hijos y lo que recibimos nosotros también como imagen de nuestro cuerpo.

Entonces, muy importantes las conversaciones familiares en la mesa. Y el condimento principal siempre es el otro. El otro es el que va a ir formando también parte de mi imagen. Porque todos somos sensibles a los elogios y a las críticas, todos. Por más que digas, no, porque yo tengo una estima alta, todos somos sensibles a los elogios, a las cosas lindas que nos digan, y a las críticas que nos hagan.

Ahora, si me siento feliz con la persona que soy, la opinión de los otros no me va a desestabilizar. Si me siento feliz con mi cuerpo, con mi vida, el otro me puede decir algo, va a afectar en parte mi vida, porque todos somos susceptibles a la crítica o al elogio, pero no me va a desestabilizar. Pero si no estoy contenta con mi cuerpo, o no estoy conforme con mi vida, no me acepto como soy, no me quiero, la opinión del otro se va a volver fundamental, se va a volver esencial, tanto para levantar mi estima como para bajar mi estima.

Por eso hay mujeres que todo el tiempo están preguntándome, ¿me queda bien? ¿Te gusta? ¿Estoy bien? ¿Qué uso? ¿Qué me pongo? No me siento cómoda. O cuando alguien les dice algo explotan inmediatamente porque se sienten juzgadas. Entonces dicen, no, pero me parece y reaccionás a la mirada del otro de acuerdo a la seguridad que haya en tu vida. Si sos una persona más o menos conforme con tu cuerpo, la escuchás pero no te desestabiliza. Pero si estás inconforme, eso va a marcar tu día.

Un día alguien te dice algo lindo, vas a estar feliz. Un día alguien te dice algo que no es muy lindo, o te critica, y te va a amargar el día. Cuanto más decepcionado estoy de mí, más necesito la mirada del otro, que el otro me diga quién soy, que el otro me diga cómo soy, si soy linda, si soy fea, si soy alegre o si soy triste, si soy alta o si soy flaca, etc., etc. ¿De qué depende? De que estés tranquilo con vos.

¿Cómo puede ser que a una mujer no le repercuta tanto la opinión del otro y a otra sí? ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué le podés decir a una mujer, eh, qué gordita estás y no le pasa nada, y a otra mujer le decís, qué gordita estás y le destruyó la vida? ¿Cuál es la diferencia? ¿De qué depende? De la manera en cómo fui amado, de la manera en cómo fui amado en mi niñez, en mi infancia. De las personas que me cuidaron, los padres, o la persona que estaba encargada de cuidarte, cómo te educó, cómo te crió, cómo te amó, cómo te quiso, de la manera en que fuiste amada.

Por eso la mayoría de las mujeres tenemos problemas con nuestro cuerpo, porque lamentablemente no recibimos el amor que queríamos o que necesitábamos recibir, especialmente de los padres. Muchos padres muy críticos con el cuerpo de una mujer, muchos padres que nunca supieron respetar a una hija mujer, muchas mamás que dijeron, y bueno, yo también tuve que sufrir, así que sufrí también y te mostraron que el cuerpo era para sufrirlo.

O sea, el que cuidó de vos, esa persona te rebajó, o te hizo ver que eras una persona capaz. Esa persona te mostró perfeccionismo, por eso ahora vas detrás de lo perfecto, porque en el fondo sabías que no le podías fallar. ¿Cómo le ibas a fallar a tu mamá, que era la mujer perfecta? ¿Cómo le ibas a fallar a tu papá, que era el hombre perfecto? Entonces, hay una regla de perfección dentro de vos. Y por lo tanto, tu cuerpo tiene que ser perfecto, porque si no vas a fallarle a ellos. Y nadie quiere en la infancia fallarles a los padres.

¿Qué pasaba cuando en tu infancia te equivocabas? ¿Te retaban mucho porque te equivocabas? Eso también afecta el cuerpo, porque vas a ir buscando la perfección. Vas a sentir que todo el mundo todo el tiempo te está juzgando y no sólo que te está juzgando sino que te ponés en juzgador, en juez de otros. Porque el modelo es la perfección. Porque no tuvieron paciencia con tus errores, porque tus padres son los que te tenían que criar y no tuvieron paciencia con tus equivocaciones. Querían el hijo perfecto o la hija perfecta. Y no te tuvieron paciencia. Y te juzgaron en lugar de alentarte, en lugar de decirte, no importa lo que pasó, vamos a salir juntos adelante de esta. Y eso es lo que Dios hace con nuestra vida.

¿Dónde comenzó esto? En la historia que leímos recién. Todo comienza en el Génesis, en el principio. Comenzó con Adán y Eva en el Edén. Dice que cuando estaban en el paraíso, Adán y Eva estaban desnudos, pero sin embargo no se avergonzaban. Estar desnudos era lo común, no era ni bueno ni malo. Era así, estar desnudos. O sea, ellos se miraban y no se avergonzaban de sus cuerpos, por eso la Biblia lo aclara. Dios les dice, miren, del árbol del bien y del mal no quiero que coman. Y ellos desobedecen a Dios. A partir de ese momento aparece la vergüenza.

Y te voy a definir qué quiere decir vergüenza. Es la sensación de ser juzgado por otro. Cuando yo siento vergüenza, siento que estoy siendo juzgado por otro. ¿Cuántos se sintieron juzgados por alguien? Ellos descubrieron esto cuando comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. A partir de ese momento tuvieron conciencia de qué era bueno y qué era malo.

Y tener esa conciencia te hace pensar internamente, ¿esto que estoy haciendo es bueno o es malo? Así como estamos desnudos, ¿está bien o está mal? Y empezaron a tener esa conciencia, que era lo que Dios les quería evitar. Dios quería evitar que coman de ese árbol, porque si no a partir de ese momento aparecía la vida moral. Y ellos en el paraíso estaban viviendo fenomenales. Pero a partir de ese momento se iban a volver locos, qué era bueno, qué era malo, qué estaba bien, qué no estaba bien, lo hacemos, no lo hacemos, todo el tiempo y Dios les quería evitar eso.

Pero para ellos fue más fuerte esto, ellos querían, desobedecieron y entonces aparece el mirar al otro. Y ya miro al otro y lo juzgo, me miro a mi mismo y empiezo a juzgarme. Hay cosas que no están tan bien. ¿Qué es la vergüenza? Es la sensación de estar expuestos y ser evaluados. Ya ellos estaban expuestos en su cuerpo y ahora se evaluaban entre sí. Es la brecha entre lo que somos y lo que se espera de nosotros.

Esa es la vergüenza, esa distancia que hay entre lo que soy y lo que el otro espera de mí. Vergüenza es la sensación de sentirnos mal por ser como somos en comparación con alguien perfecto. La sensación de sentirnos mal por ser como somos porque hay un modelo que no sé dónde está, pero que es perfecto y no puedo llegar a ser como ese modelo. La vergüenza siempre es visual. Veo al otro que el otro siento que me juzga y ahora juzgo al otro.

Les voy a hablar de tres cosas que trajo la vergüenza cuando Adán y Eva desobedecieron.

Primero, abrieron los ojos. Se empezaron a criticar ellos mismos. Empezaron a criticarse ellos mismos porque cada uno tenía un criterio personal acerca de lo que estaba bien o lo que estaba mal en el cuerpo del otro. Es lo que hace la sociedad hoy. Aparece esto de juzgar. Eso trae la vergüenza.

Segundo, la vergüenza nos hace escondernos de los otros y de Dios. Sentir la mirada del otro que te evalúa, te aleja. Por eso dejás de ver amistades, no vas a ciertos lugares, no querés que te inviten a una fiesta, no querés ir al cine con alguien, porque sentís que el otro te va a evaluar, que el otro te va a mirar. Entonces, empezás a taparte el cuerpo para que nadie te lo vea, porque sentís la mirada del otro y escapás. Te empezás a aislar. Si sos una persona obesa, estás en la casa metida todo el tiempo. Entonces, estás chateando todo el día, en la computadora, porque así nadie te puede ver, porque te empezás a aislar.

Y lo que a ellos les pasó, Adán y Eva, es que se escondieron hasta de Dios. Yo me imagino cuando Dios paseaba por el huerto con ellos, porque no había nada más lindo que esa relación, Dios paseando con ellos por el paraíso. Dice que cuando ellos se vieron desnudos, se escondieron y en lugar de correr hacia Dios, corrieron para el otro lado.

Y eso es lo que nos pasa cuando nos sentimos mal con nosotros, corremos de Dios. Empezamos a decir, Dios, ¿por qué no me ayudás con este problema que tengo en el cuerpo? Parece que te olvidaste de mí, parece que esto lo tengo que arreglar sola. No te estás dando cuenta que estoy sufriendo. Porque uno corre, se aleja de Dios, no quiere saber nada con Dios. Y dice, me tengo que arreglar sola en esta situación. Y entonces el gran problema, empezamos a odiar lo que somos y cuando uno odia lo que es, está odiando la creación de Dios. Y cuando odiás lo que Dios creó, te alejás de Dios, corrés de Dios.

Y por último, la vergüenza nos hace cubrir mal nuestra desnudez. ¿Qué hicieron ellos? Empezaron a coser hojas de higuera para taparse. ¿Y qué son esas hojas de higuera? Cosas con las que tratamos de tapar lo que no nos gusta. Dietas locas que nos terminan matando, cirugías compulsivas que no buscan la belleza, buscan la perfección, que es distinto, es inalcanzable. Porque no está mal buscar la belleza, no está mal resaltar tus atributos, no está mal decir, esto lo tengo que arreglar, porque me gusta la belleza. Lo que está mal es buscar la perfección, porque la perfección no existe. Entonces comenzamos a cubrirnos con cosas que no nos sirven para nada. Y buscamos denigrarnos a través de esa cobertura. Pero Dios nunca se da por vencido con nosotros, eso es lo bueno.

Cuando uno lee esta historia y a través de los comentarios, estuve buscando un montón de comentarios para preparar este tema. Uno puede ver el juicio que cae sobre Eva, la culpable de todo. Habla de que Dios los cubre y les pone vestidos y el vestido era desde el cuello. Y la mujer que usa malla está en pecado. Cuánta tontería alrededor de algo tan hermoso como lo que te voy a enseñar, que tal vez no lo escuchaste nunca, pero necesito que tomes esto para tu vida y para enseñárselo a tus hijos.

Dios entra en escena en el paraíso, porque cuando te escondés, Dios siempre te va a ir a buscar. Cuando te escondés de Dios, Dios va a hacer lo que tenga que hacer, pero va a ir a buscarte al lugar de tu vergüenza. Eso que te trae vergüenza, no te preocupes, Dios te va a ir a buscar para hacer algo nuevo sobre tu vida, porque Dios nunca se rinde con nosotros.

Dios les dice, muchachos, vamos a la segunda parte del plan. Dios no viene diciéndoles, qué desastre que son, arruinaron todo. Vamos a la segunda parte del plan. Muchachos, vamos, hay que hacer algo. Entonces, lo primero que hace Dios es transformarse en el mejor diseñador de modas y en el primer productor de modas. Ahí está el origen de Oscar de la Renta, de Valentino, de Dolce y Gabana, de Vera Wang, de Carolina Herrera, de todos. ¿Quién fue el primero? Dios. ¿Y por qué digo que fue el primer diseñador de ropa y productor de moda? Porque dijo, vengan muchachos. Los trajo a Adán y Eva que estaban tapándose, y les dijo, ¿quién les hizo esa ropa? Vengan.

Y dice que les fabricó una ropa de pieles, pero no se las dio y les dijo, vístanse. Dijo, vengan, yo los voy a vestir. Por eso fue el primer productor de modas. Esto a vos, Eva, te va bien. Esto a vos, Adán, te va bien. ¿Por qué? Porque Adán y Eva se habían hecho ropa para vivir dentro del paraíso, pero ahora como no iban a estar en el paraíso, esa ropa no les servía. Necesitaban y ahí vemos el amor de Dios.

Dios dijo, ustedes se equivocaron en algo, ahora sienten vergüenza por haber sufrido las consecuencias de haberse equivocado. Pero yo no los abandono. Les voy a hacer ropas, porque ustedes van a estar en un lugar y les voy a vestir para que cuando salgan a ese lugar, sepan cómo defenderse, porque ahora voy a vestir toda su vergüenza. Porque cuando Dios viene a nuestra vida no viene para ser un juez malo, sino para decirnos, ¿qué te pasó? Vamos adelante con la segunda parte del plan. Yo te voy a vestir, no te voy a cubrir, te voy a vestir tu desnudez, toda tu vergüenza, todo el dolor que tenés, te lo voy a vestir porque tenemos un proyecto juntos y vamos a seguir adelante.

El amor de Dios siempre viste nuestra desnudez, no la cubre. No es que la tapa. Dios no tapa tus errores, no. Dios no tapa, que nadie se entere, que nadie lo sepa. Dios te viste, te pone algo hermoso para que sepas que sos digna, que sos digno, que él no viene a juzgarte, que él no viene a traerte vergüenza. Dios nunca viene a traerte vergüenza. Dios viene a decirte, vamos por la segunda parte del plan, yo los voy a acompañar, voy a seguir caminando con ustedes, pero ahora necesitan otros recursos, ya no están más en el paraíso. Están fuera del paraíso, ¿por un error? Sí, pero ahora vienen otras cosas nuevas.

Yo leí un autor que me gustó y que decía, es como pasar de la niñez a la adolescencia. La niñez es todo lindo, pero cuando venís a la adolescencia, ya ves qué es bueno, qué es malo, y eso es lo que les pasó. Ellos tuvieron conciencia. Cuando sos adolescente y empezás a verte y empezás a mirar y empezás a sentir que otro te juzga. Eso les pasó a Adán y Eva. Pero ahí estaba Dios.

Porque Dios nunca se da por vencido con nosotros. ¿Te fue mal? ¿Te equivocaste? ¿Te golpearon y castigaron tu cuerpo? ¿No te dieron el amor que necesitabas? Dios no se da por vencido, y él va a vestir toda tu vergüenza. Él va a cubrir todas tus desnudeces. Todo lo que sentís que es débil, todo lo que sentís que es pobre, todo lo que sentís que no vale de tu vida, todo aquel amor que te faltó, él te va a vestir y te va a vestir con una ropa justa para vos.

Porque él no te va a dar la ropa y ¡hacelo vos! Matate vos por hacer esto, tené vos conducta, tené más control de tu cuerpo, hacé algo. Él te va a decir, vení, yo te voy a vestir. Yo te voy a decir qué te queda bien, te voy a decir qué te podés poner, te voy a decir qué te va a proteger, te voy a decir qué te queda lindo, porque la ropa que él te pone tiene que ver con el sueño que él te dio. Hay un sueño, hay un diseño único para cada uno de nosotros, porque tiene que ver con el sueño que Dios nos dio.

Dios siempre te va a dar un mensaje de aceptación. Y eso es lo que quiero que te quede, porque si tenés hijos, los tenés que educar de esta manera. Porque si  estás en medio de una sociedad, tenés que aceptar a los demás, porque después de esto, de la vergüenza, aparece la discriminación. Por eso tenemos tantas peleas y tantas luchas, porque me creo que puedo juzgar al otro. Y porque el otro cree que me puede juzgar a mí, porque hay bien o hay mal.

Y esa fue la gran desesperación en ese momento, me imagino, de Dios, ¿para qué comieron si en el paraíso estaban bien? Pero si lo hicieron, sigamos adelante con el plan, sigamos adelante con el proyecto. Ahora son adolescentes, ahora son adultos, ahora van a sufrir dolor por un montón de cosas que yo quería evitárselas porque estaban bien. Les había preparado algo distinto para ustedes, pero no importa, ahora los voy a vestir de tal manera que se sientan seguros.

Dios quiere que te sientas segura con tu cuerpo. Yo sé que no es fácil, porque remamos contra la corriente, porque hay dolores en nuestro cuerpo, porque nuestro cuerpo tiene una historia. Porque el otro muchas veces nos dice cosas y no se da cuenta como nos puede afectar, porque nuestros padres nos dijeron cosas y no se dieron cuenta cómo nos afectaron y luchamos contra la corriente. Pero Dios siempre te va a dar aceptación.

Y dice que una persona se sana en su cuerpo, acepta su cuerpo, cuando primero es aceptado, cuando recibe la aceptación del otro. Dejá de huir de la gente, dejá de huir de Dios, dejá de huir de todo el mundo, porque Dios ya te aceptó. Sos acepto en él, estás aceptada, estás aceptado, el amor de Dios es tan inmenso. Él no se rinde con tu vida. Aunque quieras huir, aunque quieras abandonarlo, él va a decir, yo tengo un proyecto con tu vida, te voy a vestir y vamos a salir juntos.

Cuando caminás con Dios y Dios te ve, ve la ropa que te puso, ve con qué te cubrió y dice, a esta mujer la cubrí de justicia, a esta mujer la cubrí de gloria, a este hombre lo cubrí de fuerza, a este otro hombre lo cubrí de gozo, a esta otra mujer, de alegría. Y él ve ese vestido que te puso y quiere que camines por la vida. La vida es tu pasarela. Porque el gran diseñador ya te vistió y quiere que camines luciendo ese vestido, porque ese vestido es el que cubre toda tu vergüenza, el que cubre que te sientas mal con vos. Y él te dice, yo te vestí, te adorné, caminá con eso y sé feliz. Así que cuando camines, acordate que estás vestida por Dios. Varón, cuando camines, acordate que estás vestido por Dios y cuando te ves, ves la ropa que él te dio.

Yo leí la historia de muchos diseñadores de moda, pero cuando descubrí esto, me gustaron más los diseñadores de moda. Porque los diseñadores de moda saben qué tenés que ponerte para cubrir aquella parte del cuerpo que no te gusta. Te dice, mirá, no te conviene este color, te conviene tal otro, o te voy a hacer un vestido que te haga más delgada acá, que no se te noten tanto las piernas, hacen eso. Cubren lo que no nos gusta.

Y Dios, que es el gran diseñador, hizo eso con toda nuestra vida. Nos vistió para cubrir nuestra vergüenza. Así que no tenés que avergonzarte de nada. Disfrutá de tu cuerpo, porque está vestido por Dios. Estás vestida por el más grande diseñador.

Christian Dior dijo, las mujeres no llevan lo que les gusta, les gusta lo que llevan. Y Dios te dice, que te guste el cuerpo que llevás, estás vestida por mí, el diseño te lo hice yo, dice Dios.

Hoy vas a venir para que oremos, sabiendo que la imagen de tu cuerpo es falsa. Está llena de un montón de cosas, de lo que el otro te dijo, de las experiencias de toda tu vida, del amor o del odio que le tenés, pero vas a venir acá, para que Dios te muestra las ropas que él te diseñó, que son únicas y exclusivas para vos.

No quieras la ropa de otro, son únicas y exclusivas, porque tienen que ver con tu sueño. ¿Que busquemos lo hermoso? Claro que sí y tenés que hacer todo lo que sea para cuidar tu cuerpo físico. Y tenés que verlo lindo y fuerte y ágil, pero no busques la perfección, porque ya no estás en el paraíso.

Ahora tenés que remar contra la corriente, así que buscá vestirte con lo que Dios quiere que te vistas, porque la ropa que Dios te pone es la que te ayuda a lograr el sueño. Es la que te ayuda a salir adelante en medio de las crisis y de las dificultades. Buscá la ropa que Dios te puso.

Vamos a decretar que nuestro cuerpo está vestido por Dios. Somos aceptados y vamos a dejar atrás todos esos mandatos, mandamientos u opiniones, juicios, que los demás nos hicieron, equivocados ellos también, justamente porque se les abrieron los ojos y la vergüenza apareció en su vida y en la vida de los demás. El que te critica es que tiene mucha vergüenza de su propio cuerpo, por eso necesita criticarte a vos. Es como todo en la vida, si critico a alguien es porque lo estoy teniendo y no sé cómo resolverlo. Lo tengo que ver en el otro. Y eso es lo que le pasa al que te critica.

Pero lo importante es cómo estés parado vos, parada vos, si estás mirándote en el espejo de Dios, y diciendo, uh, mirá, esto no me gusta mucho, uy, esto que hice en la vida, mmm, me da vergüenza, los recuerdo y me da una vergüenza bárbara. Dios, sé que eso lo vestiste, sé que lo vestiste con gloria, con gracia, con justicia, con poder, con gozo. Una ropa le pusiste y cuando la gente me vea pasar por el desfile de mi vida, no va a ver mi vergüenza, va a verme vestida.Si este Mensaje te ha ayudado, envianos tus comentarios haciendo click aqui y compartilo en las Redes Sociales haciendo click debajo